No duele. No debe

No se puede andar por ahí siendo todo el tiempo, siendo positivo. Que no es lo mismo que optimista. Se puede ser un pesimista optimista.
domingo, 9 de enero de 2022 · 05:00

Óscar García

Persigue tus sueños. Desde toda posibilidad, desde todo lugar. Persíguelos. Cuando los hayas alcanzado, verás que duermes todo el tiempo. No hay falla. Claro, el positivismo a ultranza acarrea esta clase de problemas y mucho, mucho más serios. No se puede andar por ahí siendo todo el tiempo, siendo positivo. Que no es lo mismo que optimista. Se puede ser un pesimista optimista. Ya lo decía Saramago, un pesimista optimista es quien cree que las cosas andan mal y habría que cambiarlas. Para un optimista, las cosas simplemente están bien como están por lo que cualquier cambio significaría una sacudida en su comodidad. Será por eso que a los parásitos que viven de los ingresos de la gente, vale decir, como empleados de la gente, cuyo título amable es el de servidores públicos, no les importa, ni ayer ni hoy ni mañana ni el día del arquero invicto, cambiar nada. Vale decir, nada que no sea a su favor. Esto es, cambiar las reglas para no irse nunca más de sus nuevos privilegios. En eso consiste la polarización forzada entre dos bandos que no son sino lo mismo. Resulta no solo curioso sino más bien una coincidencia razonable, que los 25 puntos del programa de gobierno del partido obrero nacionalsocialista (de ahí viene la palabra nazi) alemán, de 1924, tenga tantos parecidos con los actuales administradores del desastre, en estos y otros atribulados y ricos paisajes. Nada, que no implique la intervención del pensamiento complejo haciendo posible una salida alternativa en la que el Estado deje de ser una succionadora de recursos, económicos, humanos, naturales, tecnológicos y más, nada, es posible.

Una o varias salidas alternativas, terceras opciones, el achicamiento del Estado a su mínima expresión, la desaparición del ejército, un cambio energético posible, la forestación en lugar de los criminales pirómanos, más vegetación y menor población de vacas soltando gases que son más peligrosas que un vice funcionario hablando de ciencia. Menos ciudadanos de la China depredando como marabuntas ríos, lagos, bosques, pueblos, gentes, mesas, sillas, floreros, ceniceros, tractores, almanaques de peluquerías. Todo, depredando y comiendo todo lo que a su paso se encuentre.

Dividir las cosas, el mundo, el pensamiento, en dos partes irreconciliables e imposibles tiene relación, lo dice Riane Eisler con lo que sigue: “Nuestra cultura es característicamente del tipo de si-no-es-esto-tiene-que-ser-aquello, pensamiento dicotomizado, de esto/aquello, que según han advertido los filósofos desde antaño, puede conducir a una interpretación errónea y simplista de la realidad. Y de hecho, los sicólogos actuales han descubierto que es la característica de una etapa del desarrollo cognitivo y emocional sicológicamente inferior o menos evolucionada”.

A todo esto, una necesaria negatividad debiera acompañar a las gentes, los valores del dolor, que son sino otra cosa que la vida misma.

 

Óscar García / Músico y poeta

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