Noticias de Kakania (homenaje a Musil)

“Una de las maneras de disfrutar la obra de Musil es aceptar su corrosiva befa de la idea de Estado-nación, parida por Europa y reproducida en el nuevo mundo”.
domingo, 9 de enero de 2022 · 05:00

Walter I. Vargas

Kakania es por supuesto Viena, capital del imperio austrohúngaro donde nació Robert Musil, rebautizada por él de esa manera en su célebre opus magnum El hombre sin atributos, o sin cualidades, o sin propiedades, variedades a las que han acudido los traductores. Hay que advertir desde ya que en ese nombre no hay voluntad alguna de alusión escatológica, aunque al lector hispanohablante le resulte un poco inevitable -y a los de mal gusto, irresistible- la asociación excrementicia. Y sí más bien el afán de jugar verbalmente con las dos kas que encabezan los apelativos alemanes de su curiosa patria, que no tardaría en desmembrarse por esos años: kaiserlich (imperial) y königlich (real), pero que en realidad tenía el simpático nombre oficial de “Los Reinos y Territorios representados en el Consejo Imperial y los Territorios de la Santa Corona Húngara de San Esteban”.

Eran los años en que los nuevos novelistas centrales y/o fundamentales y/o imprescindibles del siglo XX venían acumulándose uno tras otro de manera ya preocupante. Pues a la trinidad ya superabundantemente canonizada de Joyce y Proust y Kafka, se había agregado por fuerza Thomas Mann, provocando una suerte de tugurización de la genialidad literaria. Los años en que el esnobismo hacía anunciar la importancia de alguna novela por “su dificultad digna del Joyce más abstruso” o asignar tan equívocamente a Hermann Broch el apelativo de “el Joyce austriaco”, aunque éste y el polaco Gombrowicz me parezcan dos “fundamentales” ya un tanto forzados.

Es decir que el lugar ya estaba un tanto abarrotado cuando se comenzó a leer con harto entusiasmo El hombre sin atributos, motivo por el cual el escritor mexicano Juan García Ponce tituló justamente El lugar de Musil a un ya viejo ensayito celebratorio. Era como una ley de compensación química espiritual -cualquiera cosa que esto sea- según la cual, a medida que se popularizaba la obra de algún “fundamental”, se hacía necesario descubrir otro no suficientemente trajinado y por lo tanto motivo de culto un tanto exclusivo.

Yo fui uno de esos cultores de Musil cuando, en los años 80 del siglo pasado, guiado seguramente por alguna cita (muy probablemente de la Rayuela de Cortazar) me enteré de su existencia. Conseguí de segunda mano el segundo tomo de la edición de Seix Barral, lo leí y hasta ahora lo conservo, pero no podía acceder (estudiante sin recursos, desempleo) a las otras dos partes, motivo por el cual visité en largas jornadas la biblioteca central de la UMSA, para leer el primer tomo. Pero prueba de que mucho del esnobismo mencionado había en mi entusiasmo es que no recuerdo si terminé de leerlo, no hablemos del tercero y los trozos póstumos que dejó en esbozo, porque (típico de los autores a los cuales la inmensidad de su proyecto acaba devorándolos) Musil murió en 1942 escribiendo otro intento de final.

Lo que sí me quedó de modo indeleble fue el ritmo y el tono de sátira indeclinable de la escritura musiliana, algo que he podido volver a disfrutar en la edición definitiva en los dos gordos tomos publicados por Austral. Naturalmente, en una nota breve como esta es imposible transmitir ese ánimo humorístico en el desarrollo propio de la novela, pero hay la posibilidad de disfrutar algo en los títulos que encabezan los 161 capítulos. He aquí una pequeña antología:

“Las naciones irredentas y los pensamientos del general Stumm acerca de la palabra ‘redención’ y de sus derivadas”

“También en los estadios de la cultura física encuentra obstáculos la mentalidad civil”

“De la semicordura y de su segunda mitad fructífera; del parecido entre dos épocas, de la amabilidad de la tía Jane y del desorden llamado los nuevos tiempos”

“Un genial caballo de carreras convence a Ulrich de ser un hombre sin atributos”

“Gracias al principio mencionado, la Acción Paralela se hace tangible antes de saberse en qué consiste”.

He señalado a propósito el número preciso de capítulos que conforman el libro porque, aunque son cortos, igualmente la novela resulta larga, muuuuy larga, así que lo mejor es cortar por lo sano y no considerarla tal, como era usual también con estas narraciones “cruciales” (novelas que testimonian el fin de la novela). De hecho, me parece que por ahí se puede encontrar una suerte de “cómo leer a Musil”. Pues como no hay propiamente un desarrollo argumental, hay la posibilidad de leer cada fragmento de manera suelta una vez que se conoce más o menos a los personajes que alternan su aparición.

Por ejemplo, juntemos a ese militar Stumm citado con el hombre sin atributos y armemos una escena hipotética. Musil escribiría así: “Un día el general Stumm invitó a Ulrich a una reunión de la Acción paralela…”. Es decir, se trata de algo que ocurre cualquier día, antes, después o incluso durante cualquier otro acontecimiento, no importa, pues es una inanidad activa, o una actividad inane. Como señaló en su tiempo el escritor comunista Lukacs, en el fondo, detrás de la aparente ocurrencia de ciertos hechos, hay esencialmente un estatismo; solo parece que ocurriera algo así como la historia (motivo por el cual arrinconó a Musil junto con otros muchos en el basurero de escritores decadentes del capitalismo senil e impotente).

¿Y qué de la Historia con mayúscula? Pues ni más ni menos, como corresponde: Musil ha pintado a su manera el absurdo fantasmagórico que precedió al monumental desbarajuste europeo de 1914-1918. Y si ese su tono y estilo parecen un tanto hiperbólicos de la locura humana, conviene leer cómo resume un añejo Atlas Histórico Mundial los dos años previos al famoso asesinato de Sarajevo:

1912. Primera guerra balcánica: los cuatro aliados declaran la guerra a Turquía. Servia, respaldada por Rusia, exige un acceso al Adriático, a lo que se opone Italia, que desea la anexión de Albania y trata de ampliar la triple alianza; Grecia protesta por la ocupación italiana del Dodecaneso; Austria-Hungría rechaza todo engrandecimiento territorial de Italia y Servia, y protege a Bulgaria, cuya presión sobre Servia y Turquía alarma a Rusia.

1913. Intervención de Rumania, Grecia, Montenegro y Turquía a favor de Servia, lo cual agrava definitivamente la situación. La posible intervención de Austria-Hungría a favor de Bulgaria (evitada por Alemania e Italia) conduce a un enfriamiento en las relaciones austro-rumanas (ya enturbiadas por la situación de la minoría rumana de Transilvania).

Esto es: una de las maneras de disfrutar y comprender la empresa narrativa de Musil es aceptar su corrosiva befa de la idea de Estado-nación, parida por la vieja Europa y reproducida en el nuevo mundo, con resultados tan estrafalarios como nuestro estado plurinacional con 36 naciones que nadie conoce, algunas de las cuales se componen de diez miembros, como tuve la ocasión de comprobar hace muchos años cuando visité a los pakawaras (aunque a decir verdad, no sé si está en la lista de 36 que aparecen en la Constitución).

 

Walter I. Vargas / Ensayista y crítico literario

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