Campesinos peruanos trabajan para renovar el Q’eswachaka

Un puente inca resiste la modernidad

Dos tejedores se balancean sin ningún arnés de seguridad.
sábado, 21 de diciembre de 2013 · 18:14
Diana León  / Lima
Cada mes de junio, desde hace unos 600 años, 1.000 campesinos del sur de Perú se reúnen durante tres días para trabajar en la renovación del puente colgante Q’eswachaka, declarado patrimonio inmaterial de la humanidad por la Unesco.
El puente Q’eswachaka sobre el río Apurímac, en la región de Cusco, está tejido íntegramente con fibras vegetales, según la tradición inca, y es el único de este tipo en el mundo.
La directora de Patrimonio Inmaterial del Ministerio de Cultura, Soledad Mujica, que hasta inicios del siglo XX muchos puentes similares al Q’eswachaka seguían en uso, pero después se dejaron de renovar por la construcción de otros con materiales actuales.
"No hubiéramos podido tener la red de caminos incas (Qhapaq Ñan) que hemos tenido ni la articulación social, cultural y económica que tuvo el incanato si no hubiéramos tenido una red de caminos como de los que tenemos vestigios”, manifestó Mujica.
Para los campesinos de las cuatro comunidades que trabajan en el armado del puente, el Q’eswachaka tiene un carácter sagrado, por lo que le piden permiso a los apus (divinidades) y a la Pachamama mediante una ceremonia ritual, donde un sacerdote andino reza en quechua y ofrece hojas de coca, un feto de llama, maíces de colores, algodón, azúcar, vino, cigarros y campanas.
El antropólogo Miguel Hernández dijo que nunca ha habido un accidente en la elaboración de este puente de 28 metros de longitud, donde dos tejedores, llamados en quechua chakaruwaq, se balancean por los aires sin ningún arnés de seguridad.
 
Otro elemento que acentúa el riesgo de esta labor es que para esa época el caudal del río ha bajado, por lo que hay una gran cantidad de piedras en el fondo del cañón.
El arduo esfuerzo físico, que involucra a toda la comunidad, comienza semanas antes del armado del puente, cuando se recoge de las alturas un tipo de paja llamado q’oya que servirá para la base y las barandas de la estructura.
"Los hombres, mujeres y niños se sientan en las acequias para chancarlas con piedra, mojarlas en el agua y empezar a tejer”, señaló Mujica.
Las soguillas dejan marcas en la piel de los tejedores por su aspereza, cualidad que a la vez garantiza la resistencia del puente, el cual, según cuenta Mujica, puede sostener "a 15 llamas y a un pastor” acorde a los lugareños. (EFE).

 

 


   

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