“La Edad de la Angustia. De Cómodo a Diocleciano (180-305 d.C.)”

Una exposición desvela nueve clases de prostitutas en Roma

Aún en la decadencia del imperio coexistían trabajadoras sexuales de lujo frecuentadas por militares y legisladores, y meretrices que laboraban en la calle.
viernes, 30 de enero de 2015 · 21:41
Agencias/ Roma
  A propósito de la exposición "La Edad de la Angustia. De Cómodo a Diocleciano (180-305 d.C.)”, de los  Museos Capitolinos, se presentó ayer un estudio sobre el ejercicio de la prostitución en la Roma imperial, en particular durante  el llamado periodo de decadencia de  los emperadores Cómodo (180- 192 d.C.) y Diocleciano (284-305 d.C.).
 El comisario de la exposición, Eugenio La Rocca, explicó que a partir de las obras  en la ambiciosa muestra romana "es posible conocer las costumbres eróticas de los romanos en la que fue la capital del imperio”.
 De acuerdo a La Rocca, las meretrices ejercían su labor en los barrios periféricos de la ciudad eterna. Su colega, Giacomo Ribera, apunta que si bien existían lupanares en las zonas más alejadas del centro, "muchas prostitutas ofrecían sus servicios en la misma escalinata del Capitolio sin mayor control ni rubor”.
Sea como fuere, y lejos de alimentar controversias entre historiadores y académicos, lo cierto es que tal y como señala la revista italiana Oggi, en Roma existían diversas clases de prostitutas frecuentadas por ciudadanos, militares y legisladores.
Éstas eran:
-Delicatae o prostitutas de lujo  a las que únicamente tenían acceso los más poderosos.
-Famosae o mujeres que sin ninguna necesidad, por su posición social,  practicaban sexo por puro placer.
El caso más significativo es el de  Valeria Mesalina, esposa del emperador Claudio.
Cómo sería de libidinosa esta mujer que, aprovechando la ausencia de su esposo, organizó un concurso en palacio con las meretrices de Roma basado en ver quien se podía acostar con más hombres en un solo día.
El "colegio” de prostitutas aceptó el reto y envió a Escila, una auténtica profesional que realizó 25 coitos antes de rendirse. Mesalina prosiguió durante la noche y, tras declarar que no se sentía aún satisfecha después de haber yacido con 70 hombres, continuó hasta el amanecer. El recuento final fue 200, reseña la historia.
Sobre lupanares
Enrique Montero Cartelle, describe en su libro  Prostitutas: El latín erótico  otras clases de trabajadoras sexuales como las  Lupanae,  que ejercían  en los lupanares o casas de cita.
Asimismo  destacaban las Noctilucae, que sólo trabajaban por la noche. Las Copae, que laboraban en la Caupona ( una tienda de bebida rápida y comidas frías ya preparadas) y las Fornicatrices  que practicaban el sexo  bajo los arcos de puentes o edificios.
El término latino "fornix” significa "arco”, de donde proviene fornicar (tener relaciones con una  prostituta).

Además destacaban  las Forariae, que atendían a los viajeros en  los caminos rurales; las   Bustuariae, que lo hacían en inmediaciones de los cementerios y por último las Prostibulae, que se dedicaban a proporcionar placer  en la calle sin ningún control y sin pagar   impuestos.

 

 Golfus de Roma 
Tácito  El  historiador romano escribió que las mujeres que querían ser prostitutas estaban obligadas a registrarse ante la oficina del edil. Una vez inscritas (nombre, edad, lugar de nacimiento  y su "nombre de guerra”) se concedía la licencia (licentia Stupri).
Calígula  El emperador conocido por su vida disipada tenía un lupanar exclusivo para satisfacer su libido.
 Augusto Este emperador romano frecuentaba a Bruna Virae, una conocida prostituta de la colina Palatina famosa por sus favores sexuales.  

 

 

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