Tailandia: Maha Vajiralongkorn, el polémico sucesor del rey Bhumibol

viernes, 14 de octubre de 2016 · 07:16
El Mundo /
Pese a las leyes de Lesa Majestad, en Tailandia son vox populi las historias, documentadas con vídeos y fotografías que terminan apareciendo efímeramente en las redes sociales, que cuestionan la idoneidad del príncipe Vajiralongkorn, próximo rey Rama X, para suceder a su reverenciado padre, el fallecido rey Bhumibol, un dignatario ascendido casi a la categoría de deidad por una población que le ha venerado por su rectitud, su habilidad para mantener el país a salvo de la inestabilidad regional incluso en las turbulentas décadas de los 70 y 80 y su pragmatismo político. Poco que ver con la imagen que se ha labrado su único hijo varón a lo largo de su vida.

Nacido en julio de 1952 en el Palacio de Dusit (Bangkok), Vajiralongkorn estudió bachillerato en colegios privados como Millfield School, Somerset (Reino Unido) y The King's School de Sidney, en Australia, para cursar estudios universitarios de Arte en Bangkok. En Canberra recibió instrucción militar, un ámbito en el que ha servido como oficial de carrera. En 1978, asumió la dirección del cuerpo de protección del rey. Entrenó con los ejércitos norteamericano, británico y australiano, y a diferencia de sus predecesores en Palacio destacó en la carrera militar interviniendo en operaciones sobre el terreno: en los años 70, lideró las campañas contra las fuerzas irregulares comunistas del norte y noreste de Tailandia (actuales reductos de la izquierda del país) y también se desempeñó en la frontera de Camboya durante la égida de los jemeres rojos.

General del Ejército Real tailandés y cualificado como piloto de guerra, su destacado papel en operaciones armadas en un país que se supo mantener al margen de las turbulencias geopolítica de los años 60 y 70 es considerado, por algunos, una de las razones por las que carece de simpatía entre sus súbditos, además de las filtraciones sobre su tumultuosa vida personal y los rumores sobre su carácter arrogante, pendenciero y violento.

El heredero del trono tailandés sólo ha acaparado titulares en la prensa rosa, y siempre fuera de su país gracias a las draconianas leyes que vigilan cualquier atisbo de crítica hacia la monarquía y que, en la práctica, son aplicadas a cualquier sospechoso de disentir con el pensamiento único instaurado por la Junta Militaren el poder desde hace dos años. Incluso su madre, la reina Sirikit, declaró en una ocasión durante una rueda de prensa en Texas que "mi hijo el príncipe heredero es un poco don juan. Es un buen estudiante, buen chico, pero las mujeres le encuentran interesante y él las encuentra aún más interesantes. Si la gente de Tailandia no aprueba su comportamiento, entonces tendrá que cambiarlo o abandonar la familia real", según citaba el autor de El rey nunca sonríe, Paul M. Handley.

Su relajada vida privada es un secreto a voces entre los tailandeses: se cuenta que en sus años de juventud, su afición a invitar a muchachas de clase alta a Palacio llevó a muchos miembros del círculo del poder tailandés a enviar a sus hijas a estudiar al extranjero. Todo esto alimenta la extendida creencia de que un rey inmoral implicaría el final del país: según una profecía de principios de la era Chakri, la monarquía tailandesa acabará con el noveno monarca, lo cual siembra dudas sobre Rama X entre los supersticiosos tailandeses.

El primogénito real ha tenido tres esposas: con la primera, Soamsavali Kitiyakara, una prima por parte de madre, se casó en 1977 y con ella tuvo a su primogénita, la princesa Bajrakitiyabha, hoy un rostro habitual de la casa real tailandesa y acompañante oficiosa de su padre en buena parte de sus compromisos. Un año después del nacimiento de su hija, ya había comenzado a tener descendencia con su nueva pareja, la arrebatadora aspirante a actriz Yuvadhida Polpraserth, con quien terminaría casándose en 1994.
 
El príncipe vivía abiertamente con Polpraserth para indignación de su esposa Soamsavali, quien rechazó durante años el divorcio que le planteó el príncipe hasta que, en 1993, éste logró forzar el final del matrimonio culpando a su todavía esposa de haberle sido infiel con un mariscal de campo del Ejército tailandés. Incapaz de rebatir los cargos -podría haber sido acusada de Lesa Majestad- finalmente el divorcio fue aprobado en 1991, tres años antes de que Vajiralongkorn contrajese matrimonio con la actriz emergente, que para entonces ya le había dado cinco hijos. En 1996, la pareja firmó su divorcio y la princesa Yuvadhida abandonó Tailandia con sus hijos rumbo a Gran Bretaña, donde se estableció.

En 2001, el príncipe contrajo por tercera vez matrimonio, esta vez con una bellísima joven de humildes orígenes empleada en palacio, Srirasmi Suwadee, quien daría a luz al más joven vástago, el príncipe Dipangkorn, segundo en la línea de ascensión al trono después de su padre. Su unión incomodó al entorno del príncipe, como se demostró con la filtración de un vídeo que aún hoy circula por Internet en el cual se puede ver la celebración de cumpleaños de la mascota de la familia, el caniche Fufú: en las imágenes, tomadas de noche en un jardín de palacio, puede verse a Srirasmi ataviada exclusivamente con un minúsculo tanga sirviendo, de rodillas, un trozo de pastel de cumpleaños al perro, en brazos del príncipe. Las imágenes son consideradas el mejor ejemplo de la vida decadente de la familia.

Extravagancias como ésa son sólo la punta de un iceberg de dimensiones extraordinarias. Gracias a los telegramas diplomáticos filtrados por Wikileaks, pudo saberse que el caniche Fufú, capricho de su segunda hija convertido en la mascota favorita de Vajiralongkorn y Srirasmi, fue ascendido al rango militar de mariscal de campo: se le permitía participar en las comidas oficiales de Palacio, hasta el punto de que el perro solía beber de las copas de agua de los invitados y comer de sus platos con total normalidad para contenido escándalo de los convidados, según se contaba en uno de aquellos telegramas.

Funeral de Fufú
En febrero de 2015, Fufú falleció con 17 años: su funeral, por el rito budista, implicó cuatro días de ritos religiosos y un cortejo oficial que acompañó los restos del caniche, transportados en una carroza dorada adornada por flores. Las imágenes trascendieron en las redes sociales, pero la perspectiva de la Ley de Lesa Majestad minimizó los comentarios irónicos al respecto, y con razón: a finales de 2015, un joven fue detenido por hacer permitirse bromear sobre la mascota del rey Bhumibol y sobre la corrupción de la Junta Militar en Facebook: podría ser condenado a 37 años de prisión, en lo que parece el primer caso de aplicación de la controvertida ley por aludir a una mascota del monarca, como admitió atónito el abogado del acusado, Anon Numpa, al diario New York Times.

El artículo fue censurado en Tailandia, una práctica común. En 2002, sufrió la misma suerte una edición de Far Eastern Economic Review donde un artículo insinuaba que Vajiralongkorn mantenía negocios con el entonces primer ministro,Thaksin Shinawatra, depuesto en un golpe de Estado, como le ocurriría posteriormente a su hermana.
 
El Gobierno alegó amenazas a la seguridad nacional para anular los visados de los corresponsales de la revista, pero eso sólo alimentó el rumor de la alianza entre Thaksin y Vajiralongkorn, que según otro cable filtrado por Wikileaks (08SINGAPORE1019_a) respondía a las necesidades económicas del príncipe: según el antiguo diplomático de Singapur Bilahari Kausikan, entonces número dos del Ministerio de Exteriores de la república insular, Vajiralongkorn tenía el hábito de apostar y el ex primer ministro le 'ayudaba' a financiar su afición, según aparece en el telegrama fechado el 18 de septiembre de 2008 y disponible online.

"Mientras Thaksin intenta reformar la estructura política del Gobierno, ha cometido un error buscando la amistad del príncipe pagándole sus deudas de juego. Kausikan dijo que el príncipe heredero es "muy errático y fácilmente influible", escribía el diplomático norteamericano Daniel Shields en dicho cable.

Los casos de censura de medios de comunicación donde se publicaban críticas al príncipe son abundante: en 2010, The Economist sufría las iras del círculo tailandés del poder describiendo al príncipe como "ampliamente detestado y temido" e "impredecible hasta el punto de la excentricidad". Asia Sentinel también enfrentó las iras de la élite local a raíz de un artículo que cuestionaba su capacidad para gobernar.
 
El pasado verano, unas fotos comprometidas de Vajiralongkorn siendo recibido por oficiales tailandeses tras bajar de un avión acompañado de una mujer y con su nuevo caniche en brazos circularon brevemente para alarma de Bangkok: el príncipe vestía un minúsculo short que dejaba a la vista sus numerosos tatuajes, unos vaqueros y sandalias. El titular que acompañaba las imágenes en el diario sensacionalista alemán Bild era "¿El príncipe de Tailandia no puede permitirse una camiseta?"

La princesa, favorita
Es una idea aceptada que Vajiralongkorn fue siempre apoyado en la sucesión por su madre pero no con el mismo entusiasmo por su padre, quien habría mantenido relaciones complicadas con su único vástago precisamente por su vida disoluta, muy alejada de la rectitud que ha caracterizado a Bhumibol a lo largo de su reinado. La favorita del rey Rama IX (y posiblemente de parte del círculo de poder que rodea a la monarquía) sería Sirindhon, afable y comprometida como su padre, cuyo rostro empapela buena parte del país -en algunas regiones, es mucho más visible que el de su hermano, al nivel de sus progenitores- y esas diferencias alimentan precisamente las quinielas sucesorias.

Desde hace dos años, Vajiralongkorn parece luchar para no perder su categoría de heredero: ha multiplicado su asistencia a actos oficiales en sustitución de sus ancianos padres, pese a que no siempre le ha resultado una tarea agradable. En 1987, el príncipe realizó una visita de Estado a Japón destinada a acallar las dudas sobre su preparación para suceder a Bhumibol: solicitó que su amante de entonces, Yuvathida Polpraserth, le acompañara en calidad de "esposa", a lo que Japón se negó por razones de protocolo (su legítima mujer, la princesa Soamsavali, rechazaba concederle el divorcio).
 
A partir de entonces, todo salió mal: en uno de los actos, el príncipe rechazó sentarse en la butaca asignada por considerarla inapropiada; en otro, criticó haberse visto obligado a agacharse para tomar el cordón que desvelaba una placa conmemorativa. Finalmente, abandonó Japón tres días antes de lo previsto dejando tras de sí una crisis diplomática que requirió la intervención del monarca.

El príncipe se cobró su venganza en 1996, según el crítico periodista Andrew Marshall, quien escribe en su blog: "Cuando el primer ministro nipón, Ryutaro Hashimoto, llegó al aeropuerto Don Mueang para una cumbre, su 747 fue bloqueado durante 20 minutos mientras rodaba hacia la alfombra roja por tres cazabombarderos F5, uno de ellos pilotado por el propio príncipe. Fue la revancha pública por la falta de respeto a la que cree que fue sometido durante su infame visita de Estado a Japón, nueve años atrás". Aquel mismo año, expulsó de Tailandia a su ya ex esposa Yuvadhiya y a sus hijos, quedando sin herederos y dejando en evidencia las diferencias en el seno de la familia real, que no veía con buenos ojos a la camarera/actriz que había enamorado a su hijo.

El ostracismo fue también el precio pagado por su última esposa, aunque en esta ocasión, tuvo una lectura política. El pasado diciembre, se anunciaba el divorcio y se despojaba de sus títulos oficiales a la princesa Srirasmi Suwadee tras una oleada de detenciones en el contexto de un escándalo de corrupción en el seno de la policía que afectó a varios de los familiares de la princesa, incluidos sus ancianos padres y tres de sus hermanos, acusados de Lesa Majestad y de corrupción.
 
Algunos consideraron que el príncipe Vajiralongkorn trataba de contentar así a la vieja guardia de Palacio, la misma que observa con recelo a su ascenso al trono, que nunca vio con buenos ojos su enlace con Srirasmi. En esta ocasión, Vajiralongkorn mantuvo los títulos de su hijo, el príncipe heredero Dipangkorn, que ahora reside en Alemania y recibe visitas frecuentes de su padre.

Seguramente por ello, algunos de los últimos actos oficiales como el multitudinario homenaje deportivo a su padre Bike for Dad, que contó con la participación del líder de la Junta y hombre fuerte del país tras su asonada militar general Prayuth Chan-o-cha -ataviado con mallas ciclistas y camiseta amarilla, el color del monarca- o la inauguración del Parque Real en Memoria de los Reyes, en Ratchapak, que corrió a manos de Vajiralongkorn y contó con la presencia de los principales agentes de la elite y de la casa real tailandesa fue, para muchos observadores, la confirmación de que el príncipe trabaja activamente para enterrar las rencillas.
 
La detención de su vidente personal, Suriyan Sucharitpolwong Mor Yong (que días después del arresto fue hallado muerto en su celda) y de otros miembros de su entorno acusados de enriquecerse a costa de su amistad con el heredero también se interpreta como una forma de lavar su imagen de las acusaciones de corrupción. Otro de los arrestados en aquella operación, el comandante de la Policía Prakrom Warunprapa, fue encontrado ahorcado en su celda. Su cuerpo fue incinerado en lugar de ser devuelto a la familia. "A veces, los reos mueren en prisión", explicó el ministro de Justicia Paiboon Khumchaya.

Podría ser la forma de Vajiralongkorn de congraciarse con el círculo real, sin el cual le sería imposible gobernar. En un cable diplomático filtrado por Wikileaks y enviado por el embajador estadounidense Eric John en enero de 2010 (10BANGKOK192_a) ya se dejaba constancia de los recelos hacia el príncipe. John citaba conversaciones con el general Prem Tinsulanonda, todopoderoso jefe del Consejo Privado del Rey, con el ex primer ministro Anand Panyarachun y el mariscal de la Fuerza Aérea Siddh Savetsila.
 
"Los tres tuvieron comentarios muy negativos hacia el príncipe heredero Vajiralongkorn. Aunque aseguraban que será rey, tanto Siddhi como Anand insinuaron que el país estaría mejor si se pudiera alcanzar otro arreglo. Siddhi expresó su preferencia hacia la princesa Sirindhorn; Anand sugirió que sólo el rey podría cambiar la sucesión y reconoció las bajas probabilidades de que eso ocurra". "Cuando el embajador le preguntó dónde se encontraba el príncipe, en Tailandia o en Europa, Prem respondió despectivamente: 'Ya sabe cómo es su vida social, cómo es él'.
(Nota: se trataría de una referencia a la costumbre de Vajiralongkorn de pasar tiempo en Munich con su principal amante en lugar de en Tailandia, con su mujer y su hijo)".
 
En el mismo cable, John agregaba que el mariscal de la Fuerza Aérea Siddh lamentó que un ayudante suyo, entonces embajador en Berlín, se viese obligado a volar con frecuencia a Munich para recibir al príncipe y comentó que "en la red hay todo tipo de informaciones sobre sus azafatas amantes".

Hace no tanto tiempo, la sucesión se atisbaba polémica de atender a cables diplomáticos filtrados por Wikileaks como el que firmaba el encargado de negocios de la Embajada de EEUU, James Entwistle, en 2009 donde podía leerse: "Es difícil subestimar el impacto político de la incertidumbre sobre la inevitable crisis de la sucesión que se desencadenará una vez que el rey Bhumibol fallezca". Siete años después de que las enfermedades del rey le confinaran en una habitación de hospital, todo parecía bien atado aunque la inquietud seguirá consumiendo la escena interna tailandesa hasta la coronación del príncipe Vajiralongkorn.


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