Conoce la trama para una estafa de novela

martes, 29 de noviembre de 2016 · 07:03
La Vanguardia / Andrés Guerra
Cuando el príncipe árabe Saad Bin Abdulaziz se instaló en Barcelona, en 1976, escogió el hotel Princesa Sofía como domicilio. Venía a tratarse de la vista en la, quizá, mejor clínica de Europa –la Barraquer– y mientras durase su estancia, ocuparía con su séquito dos plantas enteras del hotel. Con cargo diplomático en Madrid como agregado de la embajada de Arabia Saudí, medio hermano del rey Fahd e hijo del hijo del rey Abdulaziz, era de los que encendían los habanos con billetes de cien dólares.
 
Durante su etapa catalana, Saad Bin Abdulaziz compró dos mansiones en la Avda. Pearson de Barcelona así como seis fincas rústicas en el término municipal de Santa María de Oló, cerca de Vic. Dos de ellas, circundantes de los conocidos como castillos de Rocafort y Rocabruna, conforman una fina extensísima (833 ha), donde se dedicará la cría de caballos de pura raza. Hasta cien caballos llegó a poseer allí.

El príncipe se hace íntimo amigo de A. G. F., subdirector del hotel. Tanto, que en mayo de 1989, le concede poderes ante notario para vender, según su criterio, las seis fincas rústicas. Saad Bin Abdulaziz está enfermo y decide trasladarse a Houston para tratarse de cáncer. En 1991 eleva el nivel de confianza otorgada a A. G. F. y le autoriza a vender también sus dos mansiones en la Avda Pearson. El malogrado príncipe fallece en julio de 1993, ya en Arabia, y es enterrado en La Meca. Los poderes otorgados a su amigo español quedan entonces extinguidos. Sin embargo, A. G. F. tiene otros planes: en diciembre de ese año, abre una cuenta en el Santander bajo el nombre "Cuentas pagos SAR Príncipe” y se asigna una visa platino a su nombre.

La operación príncipe
Tres años después vende la mansión sita en el 7 de Avda. Pearson por algo más de 75 millones de pesetas (a Rafael Martínez, quien fuese marido y socio de Rosa Clará) y en 1997 la que ocupa los números 58-60, por 140 millones, al futbolista Iván de la Peña. En los años siguientes no hace nada. Pero en 2001 pone en marcha la maquinaria para vender todo lo demás, fincas y mobiliario y caballos, que adquirirá la misma sociedad.
 
Ni los compradores (ni el notario que rubricó las compras) sabían que el dueño legítimo había muerto ni los herederos del príncipe y A. G. F. y su esposa dispusieron libremente de todo el dinero obtenido con la suculenta operación inmobiliaria, ejecutada en dos fases, principalmente retirada de efectivo en cajeros (67 reintegros por valor de casi dos millones de euros), la compra de una casa en Sant Andreu de Llavaneres y dos coches.

La fiscal firmó su escrito de acusación en febrero de 2014 y el juicio debería haber comenzado en febrero de este año, pero los siete demandantes (seis herederos y una viuda) no comparecieron por videoconferencia tal y como deseaba la fiscalía española. El Ministerio de Justicia saudí respondió a la comisión rogatoria española que por motivos de seguridad no podía facilitar las direcciones de los testigos. Ahora, por fin, ese último fleco ha quedado resuelto.
 
Al menos uno de los siete sí será llamado como testigo en la vista que comenzó el 23 de este mes en la sección 5 de la Audiencia Provincial, se prolongará hasta el próximo 14 de diciembre y en la que A. G. F. y su esposa deberán responder por los delitos de estafa y receptación y devolver 6.702.967 euros a siete árabes de sangre real.

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