Fauna de la zona de Chernobil se recupera 30 años después

Las poblaciones de animales son mucho más numerosas ahora de lo que eran antes del accidente, de acuerdo a la Universidad británica de Portsmouth.
martes, 12 de abril de 2016 · 00:00
Agencias /Londres y Bogotá
 
Casi 30 años después del accidente nuclear de Chernobil en Ucrania, la fauna prospera en la zona de exclusión abandonada por los humanos y donde ahora abundan de nuevo los alces, ciervos, corzos, jabalíes y lobos, según un estudio internacional.

El estudio muestra que estos mamíferos son al menos tan numerosos dentro del perímetro de 4.200 km2 en torno a la central nuclear, que en las reservas naturales circundantes no contaminadas por la radiactividad.

Esta revelación, cuyos resultados fueron publicados ayer en la revista británica especializada Current Biology, se llevó a cabo mediante observaciones aéreas sobre la extensa zona devastada por el incendio que siguió a la explosión de uno de los reactores nucleares  en abril de 1986.

También muestra que los lobos son siete veces más numerosos que en los parques cercanos a la zona de exclusión.

"Es muy probable que las poblaciones de estos animales en Chernobil sean mucho más numerosas ahora de lo que eran antes del accidente”, consideró Jim Smith, de la Universidad de Portsmouth en el Reino Unido y uno de los coautores del estudio.

"Esto no significa que la radiactividad sea buena para la fauna salvaje, sino que el efecto de actividades humanas como la agricultura, la caza y la explotación forestal es mucho peor”, añadió, citado por el diario colombiano El Espectador.

Los primeros estudios tras el accidente nuclear habían mostrado que la radiación dejó efectos importantes en la zona de exclusión, como por ejemplo una fuerte reducción de las poblaciones de animales.

Esta última observación muestra hasta qué punto es tenaz la naturaleza. 
También podría proporcionar pistas para comprender mejor el potencial impacto a largo plazo de la catástrofe de Fukushima en Japón en 2011.

La catástrofe de Chernobil, que forzó a todos los habitantes a evacuar para siempre la zona, también contaminó buena parte de Europa, pero sobre todo Ucrania, Rusia y Bielorrusia, que entonces eran repúblicas soviéticas.
La zona de exclusión

Ciertamente los seres humanos no deben entrar en esa zona de exclusión sin ir debidamente protegidos para no sufrir los efectos de la radiactividad que aún perdura, aunque ya ha pasado más de un cuarto de siglo desde que se produjo el accidente. 
 
Pero los animales y las plantas habitan libremente la zona. La periodista Mary Mycio fue hasta allí para comprobar su estado y fotografiarlos.

Muchas personas creen que los animales que viven allí van a tener dos cabezas o cuatro ojos o van a emitir una luz fluorescente. Pero nada más lejos de la realidad. La verdad es que, como el hombre no pisa el lugar, la naturaleza se expande sin cortapisas, sin ningún obstáculo, sin la influencia del ser humano. Naturaleza radiactiva, sí, pero también salvaje. 
 
Es extraño. Un invento del ser humano desoló la zona. Pero décadas después, la naturaleza se recupera… precisamente porque el ser humano ha desaparecido. ¿Significa esto que la salvación del planeta pasa por la desaparición del ser humano como especie? Hoy, la zona de exclusión de Chernobil se puede tomar como una metáfora de lo que ocurrirá en el futuro.

Según Mary Mycio y el fotógrafo especializado en naturaleza Sergei Gaschak, que la acompañó, los animales  no sólo están sobreviviendo, sino que sus poblaciones se están recuperando. 
 
Unas 300 mil personas tuvieron que evacuar la zona tras el accidente producido en 1986. Las tierras dedicadas a agricultura y pasto quedaron abandonadas y se convirtieron en humedales y en bosques y los animales han vuelto; por eso la zona de exclusión es un santuario.
 
Verdadero santuario para la naturaleza

Sergei Gaschak lleva fotografiando animales en Chernobil desde 1995. 
Usa modernas cámaras con detectores de movimiento que se disparan automáticamente cuando notan la presencia de uno. 
Hay linces, nutrias, búhos reales, caballos de Przewalski, murciélagos y se han visto huellas de osos pardos.
"Es una experiencia inolvidable porque es posible fotografiar la naturaleza en estado puro, sin la acción del ser humano. Por eso la llamada zona de exclusión es un paraíso para los naturalistas y los ambientalistas”, sostiene Sergei Gaschack.
De cualquier modo nadie puede ocultar la preocupación que supone la radiactividad en el lugar.
"Aún se puede percibir la presencia de vectores de radiactividad. Esto es especialmente notorio en el agua. Pero la naturaleza es muy sabia y se da modos para superar lo que es un inconveniente”.

Confidencial

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