La 'voyeur' retrata escenas íntimas de parejas anónimas

jueves, 14 de abril de 2016 · 07:33

El Mundo / Nataly Londoño

A propósito del sentimiento rosa, un día de 1993 la Nobel de Literatura Wislawa Szymborska escribió un poema en el que se planteaba qué le gustaría preguntar a los enamorados. Si el amor, en sí mismo, no fue para ellos más que una casualidad no preparada "para convertirse en su destino", "algo perdido o encontrado". Y cierra: Todo principio / no es más que una continuación, / y el libro de los acontecimientos / se encuentra siempre abierto a la mitad.

Y claro, como todo principio es una continuación, la fotógrafa Natalia Mindru decidió entregarse (ya adulta) a la fotografía, no para ejercer como profesional sino, sobre todo, para alimentar con ella a su alma. Musita que fue su manera de expresar sus "sentimientos, estados de ánimo e influir en las sensaciones de otros". Natalia tiene 34 años y, pese a que nació en Moldavia, desde el 2006 sus días pertenecen a Bucarest, la ciudad por la que transitan ella y sus imágenes.

Para ella, la fotografía es arte, es "la forma de documentar el mundo" como lo ve, y explica que aunque la idea no es nueva, la relación que tiene con su Canon Mark II y Mark III, sin duda, lo es. Su estilo refleja serenidad, frescura y delicadeza: "Me gusta que la gente reciba mis fotos en la forma en que han sido concebidas. Para algunos puede que sean azucaradas, para mí son retratos de enamorados", reconoce.

NATALIA MINDRU

"Tengo una idea simple: que la gente pueda soñar a través de mis ideas". Para lograrlo, se resguarda en dos colores: blanco y negro. ¿La razón?: "Creo que la fotografía en blanco y negro ayuda al espectador a concentrarse en cosas importantes como las emociones". Claro que también hay en color, aunque sean menos: "Las fotos a color las tomo en exteriores, para capturar el contraste del sol".

Así que entre flores, libros, azúcares y gatos nació Amor urbano, una producción de la fundación global de promoción de la fotografía The Ground Truth Project’s Emerging Photographers. Se trata de una oda a los besos robados, a los secretos y a las palabras no dichas entre amantes; una antología de figuraciones en torno al concepto del amor que, en muy poco tiempo, se volvió viral.

"Este proyecto implica mi deseo de evidenciar que, en esta vida llena de locos, todavía existen hermosas historias de amor. Quería mostrar la luz de la vida cotidiana y su esperanza, su fe, su romance, su belleza, su admiración y su abrazo", explica Natalia sobre su trabajo. Sus primeros modelos fueron vecinos de su comunidad. Después, la vida le trajo otros.

Generalmente, los protagonistas de las imágenes son desconocidos para la artista moldava: "La única comunicación previa es un mensaje a través de alguna red social o de un correo electrónico. Así siento que puedo ofrecer una exploración fresca del amor en sus múltiples formas: tierna, a veces lúdicas, otras desordenada... pero siempre representando la atracción natural entre dos personas. No es fácil entrar en la intimidad de la pareja".

Ella prefiere que se relajen y tomen confianza, de esa manera encuentra la espontaneidad que quiere plasmar. "Toda mi fotografía es natural", cuenta. "Dejo que las parejas hagan lo que quieran, lo que suelen hacer. Son parejas reales, no actores. No busco encuadres clásicos y bonitos porque no se trata de la composición de la imagen, o de la técnica, se trata de su historia, de cómo viven de verdad su relación de pareja".

Una vez iniciada la sesión de fotos, hay entre ellos tres (Natalia y los amantes) un vínculo que va formándose con nudos de amistad: hablan, ríen, toman un café o un té, se conocen. Y de esa relación, de esa pequeña amistad cocida en apenas horas, surge un sumario de representaciones donde el estado del corazón hace llorar, estar feliz o enojado, vivir en un oleaje de sentimiento. Y es que, a lo mejor, en eso radica su éxito, opina la artista. "Cualquiera puede sentirse identificado", subraya, todos "se dan cuenta de que hacen y sienten las mismas cosas, de que sueñan de la misma manera".

Y es que todos tenemos el ineludible deseo de estar cerca de quien nos acelera el ritmo de las pulsaciones. Sin embargo, a Natalia le gusta intentar que la relación de pareja vaya más allá. "Los animo a hacer cosas nuevas, a que se empujen en sus límites, a que se fijen una meta y la satisfagan. Todo con el propósito de enmarcar esos instantes a través de mi cámara. A veces hay que descubrirse a uno mismo y al alma gemela desde distintos puntos de vista". En este caso, desde la fotografía.

Para el próximo verano, Natalia Mindru, tiene ya un listado de destinos a visitar. Entre ellos, España, donde espera poder seguir con su Amor Urbano. "La razón por la que quiero fotografiar parejas de diferentes países tal vez radica en encontrar diferencias culturales en las maneras de amar o, por el contrario, demostrar que las personas se aman de la misma manera sin importar el sitio", comenta. Sólo queda esperar el resultado de su experimento.

 

Confidencial

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