Los hombres que no amaban los juguetes sexuales

martes, 19 de abril de 2016 · 07:35

El Mundo / Ana Sierra

Horas de seducción le habrá costado a más de una mujer conseguir que su pareja, varón, aceptase compartir cama con su querido aparato vibratorio. Posiblemente él no lo imaginó cuando le habló de hacer un trío. O quizá sí, pues cada vez son menos los hombres que se sienten desbancados por juguetes eróticos y sexuales. Ahora no solo se informan, los buscan y los compran para sus parejas, sino que muchos ya los sienten como aliados y los desean también para deleitarse con sus placeres. Van adquiriendo mayor protagonismo en las tiendas eróticas y disfrutan sorprendiendo a sus parejas con las últimas novedades.

Por supuesto que las diferencias individuales son determinantes para que accedamos a introducir en la cama, y en ocasiones en nuestros cuerpos, diversos juguetitos diseñados para potenciar el placer. Tanto hombres como mujeres podemos desear o rechazar la juguetería erótica, independientemente de nuestra orientación sexual, género y resto de diversidades. Sin embargo, podemos encontrar factores comunes, culturales y educacionales entre otros, que han contribuido a que invitemos a estos curiosos artilugios a nuestra vida sexual.

Históricamente, son los hombres heterosexuales los que menos han deseado el contacto con estos artilugios. Igualmente, una educación más tradicional, basada en los preceptos patriarcales donde el hombre es el macho, generador absoluto de placer a la hembra, suponiendo que se llegase a plantear el placer y disfrute femenino como posible, no predice que vaya a haber un buen entendimiento entre la máquina y el hombre.

Algunas cuestiones religiosas, como el concepto de pecado, la falta de autoestima y determinados mitos, como la asociación de tamaño del pene al placer, sin duda dificultan el acercamiento o reconciliación, con la juguetería sexual.

Pero nunca es tarde para cambiar si se desea. Quizá pronto se descubra comprando un estimulador de clítoris, un lubricante de cerezas con efecto calor o un estimulador prostático.

Ergonómicos versus realistas

Aceptar como compañera de equipo la juguetería sexual facilitaría que se acercara a una juguetería erótica y se plantease comprar algunos productos, como un vibrador o un dildo, siendo éste un juguete sexual generalmente con forma fálica, aunque no necesariamente realista, destinado a la penetración.

La 'boutique' erótica y centro de sexología Con Mucho Gusto!, bajo el lema 'No regales flores, regala vibradores', anima a su público a cambiar su relación con la juguetería erótica. Sobre todo al masculino pues el femenino ya lleva años animado. Su porcentaje de clientela actualmente es de 75% mujeres y 25% hombres. Mientras que, hace un par de años, el 95% eran mujeres, aseguran.

"Algunos vienen preguntando por consoladores y decimos que de eso no tenemos, que para consolar están los abrazos y los amigos, y les ofrecemos vibradores y dildos", explican. "Cuando le das un vibrador a un chico que ha venido por primera vez suele retirar la mano, como un reflejo inconsciente al recibir un pene humano. Pronto rectifican y lo agarran", me comentan con simpatía.

En general, los chicos suelen pedir juguetes grandes y realistas aunque, "los que ya han hablado del tema con sus parejas, no es el primer juguete y lo ven como un juego, no buscan estos, sino los más estéticos y de diseño". Eso sí, por lo general, buscan vibradores que estimulen la vagina, lo hagan o no en el clítoris. Las mujeres en cambio, piensan más en la estimulación del clítoris y tienden a fijarse en masajeadores o vibradores ergonómicos, cuya parte insertable en la vagina, de tenerla, no supere los 12cm", según Con Mucho Gusto!

El divulgador sexual, Oscar Ferrani, experto y pionero en juguetería erótica, afirma que los dildos pequeños y ergonómicos son más solicitados que los realistas, sobre todo los que tienen una curvatura de 45 grados, para estimular el punto G. Y por supuesto, lo estimuladores de clítoris siguen siendo los más deseados aunque les siguen, cada vez más cerca, los estimuladores del punto P o prostáticos.

¡Qué me meta qué y por dónde!

Puede que esta fuera su frase si alguien le propusiera utilizar un juguetito de estimulación anal. Lo mismo incluso exclamó algo similar cuando un dedo intrépido osó acercarse demasiado, y con claras intenciones, a su trasero. O quizá le pareció buena idea y se lanzó a la aventura. Eso sí, siempre juguetes con tope, como los plugs anales y otros, ideados para la misión sin perderles el rastro, evitándose así, hacerle una visita a su médico de urgencias.

No sería extraño que su idea masculina de no utilizar ese orificio nada más que de salida, se haya visto modificada con el paso de los años. Según parece, a medida que cumpla años, existe mayor probabilidad de comprar un estimulador anal o prostático. Oscar Ferrani matiza que, aunque la heterosexualización del ano masculino parece estar en auge desde hace ya unos años, son los de mayor edad los que más se animan a descubrir el placer anal.

Los más jóvenes aún tienen muy presente el fantasma de la homosexualidad, asociando ese placer a la orientación homosexual y su habitual estigmatización social. Esto les hace rechazar su ano heterosexual como fuente de placer.

Igualmente, la boutique erótica Con Mucho Gusto! nos descubre que, en ocasiones, pasan por su tienda padres ehijos, en distintos momentos. Los primeros son más modernos y atrevidos comprando y muestran mayor interés por su placer y apertura sexual que los segundos, que lo llevan con ocultismo, pensando que sus padres no verían con buenos ojos que comprasen juguetería.

Ferrani lo atribuye a que, a determinada edad, no solo nos hemos quitado telarañas sobre miedos sexuales y nos importa menos el qué dirán, sino a una cuestión puramente fisiológica. "Las erecciones comienzan a ser menos turgentes y poderosas y la búsqueda de nuevas formas de placer se la plantean más necesaria", comenta. Por otro lado, "es probable que la experiencia les haya hecho aprender que la sexualidad es mucho más que erección y coito". Por el contrario, los más jóvenes suelen ser más coitocéntricos y genitales.

Introduzca un prostático en su... vida

Todo esto ha contribuido a que la venta de vibradores prostáticos se haya incrementado espectacularmente en los últimos dos años, sobre todo en parejas heterosexuales. "Son juguetes que superan los 150 euros, sería un riesgo sacarlos al mercado si no hubiese demanda", comenta la boutique erótica.

Aunque los compran sobre todo mujeres heterosexuales para sus parejas, cada vez se animan más ellos y muchos lo usan en solitario, aun teniendo pareja, manteniéndolo en secreto en algún caso. Además, bastantes buscan modelos con manos libres para tenerlos colocados mientras practican el coito.

Por otro lado, cada vez es más frecuente el uso de arneses con dildo o vibrador acoplable para la práctica del 'pegging', la cual permite que una mujer penetre a golpe de pelvis.

Pero no todo es penetración y también se ha aumentado la clientela masculina que compra antifaces, lubricantes, plumeros, juegos de mesa, esposas y otros aliados. Quizá Grey tenga algo que ver con esto.

Ya sea por curiosidad, placer, diversión o para salir de la rutina, pues cualquier excusa será buena, bienvenidos sean los hombres que aman a los juguetes.

 

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