¿Sabías por qué los chinos te vigilan en sus bazares?

lunes, 25 de abril de 2016 · 07:35

El Mundo / Pelayo Álvarez

Fagocitaron a las tiendas de Todo a 100 y Todo a un Euro. Fliparon a tu madre y abuela por parecerse a los mercadillos de los sábados. Están en tu barrio, en tu manzana, debajo de tu casa. Todos parecen iguales, pero no hay dos con los mismos productos. Dentro de ellos, hay toda una orgía de artículos textiles de decoración, ferretería y papelería, una bacanal de las baratijas, una explosión de kitsch y vintage a la oriental. Los bazares chinos tienen sus puertas siempre abiertas para nosotros, pero los misterios que estos templos de la distribución guardan aún son muchos. Exploramos sus mitos, sus códigos y sus tópicos en un artículo bueno, bonito y también barato.

1. Copias por doquier

Si los chinos son los principales fabricantes de ropa, productos tecnológicos y otro sinfín de cosas y lo copian todo, todo y todo, ¿por qué copian tan mal? ¿Por qué lo mismo te juntan a Bob Esponja con Spiderman y las Tortujas Ninja en una mochila de marca Adidax y con símbolo de Nike? ¿Tan difícil era estar atento a los detalles para la réplica? ¿Por qué juegan a ser Dios mezclando a los Power Rangers con los Teletubbies? En estos pequeños almacenes las licencias se funden en abrazos nunca vistos, los blisters muestran criaturas imposibles y los copycats parecen sacados de la Isla del Doctor Moreau. En el blog Costreando son ávidos cazadores de estas especies.

2. Siempre es Navidad, Halloween y Carnaval

Cuando uno entra en un bazar chino se pierde la noción del espacio-tiempo y se entra en un universo en el que los mundos paralelos se tocan. ¿Dónde estoy? ¿Es Hawai? ¿Sevilla? ¿Zombieland? ¿En qué época del año me encuentro? ¿Ya es Navidad? ¿Estamos en Halloween? Ya es primavera en El Corte Inglés, pero allí siempre lo es.Y verano, otoño e invierno.

3. El vigilante

Te hace un marcaje al hombre en toda regla. No hay Cristiano Ronaldo que le dé esquinazo ni quiebro que le despiste. Es una inquietante figura de mirada petrificante que te sigue a una distancia prudencial y de vez en cuando asoma la cabeza entre los lineales. Una y otra vez. No sea que te vayas a llevar ese legendario cenicero de plástico de la dinastía Nisu sin pagarlo.

4. Los locales no acaban nunca

Has entrado más de 100 veces a coger pilas, pero siempre parece haber un pasillo nuevo. ¿Han tirado un tabique?¿Existe un fallo en Matrix? ¿Hay una Tardus dentro de la sección de lencería para señoras mayores? Lo más probable es que se hayan hecho con el local que tenían justo al lado y ni te hayas dado cuenta.

5. Viven allí

Están acostumbrados a trabajar interminables jornadas en China y a hacer la mayor parte de su vida en su lugar de trabajo. Así que no es raro que en España hagan lo mismo. Abren muy pronto y cierran tarde, ocasionando que los pequeños comercios no puedan competir con ellos por horario. Comen, meriendan, cenan y crían a sus pequeños allí. ¿Pero duermen en los propios locales? ¿Tienen colchones en las trastiendas? Pese a que en su país de origen puede ser habitual, aquí no lo es mucho. En el caso de la tienda de chinos de mi edificio el mito casi se cumple. Además del local a pie de calle, tienen un 'piso franco' en el segundo.

6. Pueden encontrar cualquier cosa

Desatascador, apósito, pelapatatas, alpargatas, palangana, pisapapeles, amperímetro, cornucopia. Pregúntales, pregúntales. Ponles a prueba. Usa la palabra más rara del mundo o pide el utensilio olvidado en la España profunda. Son el Google de las herramientas y en pocos segundos te lo habrán encontrado. Si lo que buscas no está en la tienda, seguro que está en el almacén, esos lugares inaccesibles aún más misteriosos donde esconden a Doraemon, que abre su bolsillo mágico.

7. Son baratos

Puedes entrar con un billete de 5 euros y salir con la cesta llena. Con uno de 10 ya tienes para hacerte un outfit nuevo al completo. Si tu presupuesto es de 20, podrás llevarte a casa la última tecnología: el pelapatatas eléctrico, la maquinilla para afeitarte los pelos de la nariz, la bola de discoteca para el salón o el colchón inflable con forma de beso. Y si le caes bien al chino tendero, lo mismo hasta te regala un paquete de chicles o unos caramelos de menta.

8. Ven programas raros

¿Por qué nunca tienen puesto Humor Amarillo? Los chinos son amantes de sus propios contenidos audiovisuales y no ven otra cosa. Algunos ni levantan la vista de la pantalla para atenderte de lo ensimismados que están con ellos. Culebrones, películas fantásticas o concursos muy raros son trending topic en sus bazares. Pero por probabilidad, si en España hay gente a la que le encanta el anime, el cine de acción de Hong Kong o las películas de Zhang Yimou ¿no habrá algún chino indie que pase sus jornadas laborales viendo capítulos de Juego de Tronos, Walking Dead, Cuéntame o Los vigilantes de la Playa?

9. Siempre sonríen

Hasta que Piqué se encontró con George Bush en las Azores los comerciantes mandarines tenían el récord de hacer el mayor número de asentimientos en el más breve lapso de tiempo.Cada pequeño movimiento de cabeza se suele acompañar de una risotada.Y es que cuando uno entra en uno de sus bazares se siente como un humorista o sale pensando que quizás tenga la bragueta bajada o algo en la cara. No importa lo que digas, porque ellos siempre lo repetirán riendo. Como esa novia del instituto que estaba loca por ti. Ellos se lo pasan bien y tú te sentirás como Dani Rovira. Todos contentos.

 

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