Del Congo a una favela de Río, un refugiado lucha por competir

Misenga descubrió el judo cuando era un niño en un campo de refugiados de la RDC, después de haber escapado de Bukavu.
martes, 26 de abril de 2016 · 00:00
AFP /Río de Janeiro

La terrible guerra en la República Democrática del Congo (RDC) la pérdida de su familia, la huida a una favela de Río de Janeiro... Popole Misenga apostó por el judo y su sueño de formar parte del equipo de refugiados en los
Juegos Olímpicos para abrirse una nueva ventana a la vida. 
 
De torso imponente y cortas rastas coronándole el cabello, este deportista de 24 años creció en la RDC, donde murieron millones de personas durante la guerra civil de 1998-2003. 
 
Una infancia terrible que afloró desde su primer entrenamiento en Brasil. "Era muy brutal”, recuerda Geraldo Bernardes, exentrenador de cuatro equipos brasileños de judo en los Juegos Olímpicos y que ahora supervisa a Misenga y otras promesas en la ONG carioca Instituto Reaçao. 
 
En sus primeras prácticas en Río "había un ambiente muy hostil. Lesionó a varios atletas”, rememora el técnico. 
Aunque el judoca congoleño suavizó  su estilo en los tatamis, la rabia de un pasado que le maltrató continúa viva. "Lucho por mi vida”, asegura. 
 
Todos los días toma tres buses en los que demora dos horas para ir a entrenar. Y el mismo calvario para regresar a casa. Misenga descubrió el judo cuando era un niño en un campo de refugiados de la RDC, después de haber tenido que escapar de la región de Bukavu, en el este de país, donde la violencia perdura hasta hoy. 
 
Su madre murió, nunca supo dónde estaba su padre y le separaron de su hermano y sus dos hermanas. Con pocos años tuvo que escapar solo al bosque. Era su primera huida.  
 
Encerrados en celdas 
 
El judo se convirtió entonces en tabla de salvación de Popole Misenga  e incluso llegó a ser campeón nacional.
 
Antes de que su pasión se convirtiera en una forma de esclavitud debido a los métodos espartanos a los que le sometían en su país. 
 
"Eran adiestrados para ganar a cualquier precio”, cuenta Bernardes, mientras Misenga se prepara para otra sesión. 
 
"Cuando no ganaban, eran encerrados en una celda con medias raciones de comida durante varios días. Mi vida era entrenar, entrenar, entrenar... Mi única idea era ganar. Estaba triste y enfadado. Cuando veía a gente en la calle, familias con padre y madre, me ponía triste. No confiaba en nadie”, recuerda Misenga.
 
En 2013, llegó a Río para disputar el Mundial de judo, en la categoría de menos de 90 kilos y, según cuenta, los dirigentes corruptos del equipo congoleño le robaron sus bonos de comida. Fue eliminado en su primer combate. Ya no podía más. Entonces, sin hablar una palabra de portugués, sin dinero, ni contactos, decidió quedarse en el país.

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