El telescopio ALMA marca un antes y un después en la ciencia

Una de las contribuciones más importantes ha sido determinar cómo se forman los discos exoplanetarios y los planetas.
sábado, 21 de mayo de 2016 · 00:00
AFP /Chajnantor, Chile

ALMA, el telescopio más grande del mundo situado en el desierto de Atacama, ha arrojado nueva luz sobre el nacimiento y la muerte de las estrellas, la composición química de la atmósfera y de los nuevos planetas.
 
Y con ello, obviamente espera contribuir a resolver uno de los enigmas que más fascinan al hombre: el origen del universo. 
 
Llegar hasta sus 66 antenas situadas en el llano de Chajnantor -"lugar de despegue” en lengua Kunza- a más de 5.000 metros de altura en el árido desierto de Atacama, norte de Chile, es casi un viaje inciático de aventura. 
 
Antes de subir hasta los "ojos” del Atacama Large Millimeter/subillimeter Array (ALMA) hay que pasar un control médico en el Centro de Operaciones, situado a 2.900 metros de altura, para determinar si uno es apto para acceder a esta planicie de la volcánica cordillera de Los Andes, donde escasea el oxígeno, el corazón se acelera y el paso se ralentiza, sometido a temperaturas ciertamente extremas. 
 
El personal no debe permanecer más de 24 horas seguidas. Más allá de las duras condiciones para el personal científico y técnico, ALMA ha supuesto un antes y un después en la astronomía por su capacidad para captar ondas de luz milimétricas con mucha precisión. 
 
Las fotos de imágenes del polvo que rodea las estrellas, de la Vía Láctea o de Centaurus, son impactantes. "Por primera vez, estamos explorando un rango de frecuencia que hasta ahora nunca antes se había logrado”, dice a la agencia AFP el astrónomo chileno Pablo Cortés.
 
Una de las contribuciones más "espectaculares” que ha dejado por el momento el telescopio más complejo y potente del planeta, es determinar cómo se forman los discos exoplanetarios y los planetas. 
 
"Hace unos meses se veía un disco protoplanetario, donde se estaban formando planetas con anillitos”, dice la astrónoma madrileña Itziar de Gregorio, quien, al igual que el resto de los científicos, pasa una semana entera al mes en el inhóspito clima atacameño, el desierto más seco del mundo, pero con los cielos más límpidos para la observación de los astros.  
 
El resto del trabajo, lo desarrollan en las oficinas en Santiago. 
 
Recientemente, el potente radiotelescopio captó imágenes de un cinturón de cometas alrededor de una estrella ubicada a 129 años luz de la Tierra y que revelarían la existencia de planetas escondidos o desplazados del lejano sistema. También está dando respuestas detalladas sobre cómo mueren las estrellas, qué estructuras tienen las galaxias, incluso aquellas complejas  galaxias superlejanas, explica a la AFP el astrónomo Pablo Cortés.

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