El material de las semillas que produce Monsanto ha sido alterado con modernas técnicas de ingeniería genética.

martes, 24 de mayo de 2016 · 00:00
Agencias /Madrid y Washington
 
Monsanto, por la que la empresa Bayer presentó una oferta de compra valorada en 55.000 millones de dólares, es una de las compañías más controvertidas en el universo corporativo global. 
 
Pocas empresas han sido objeto de tantas manifestaciones y eventos de protesta en diferentes rincones del planeta como este conglomerado agroquímico estadounidense. Es el mayor productor de semillas transgénicas del planeta, por delante de DuPont, y vende el popular herbicida Roundup. En los primeros seis meses de su ejercicio fiscal tuvo ingresos de 6.750 millones de dólares que le aportaron un beneficio de 3.500 millones de dólares, señala El País.

Los principales mercados de Monsanto son Estados Unidos, Brasil, Argentina y Canadá, además de India, donde se concentra el grueso de las plantaciones genéticamente modificadas en todo el mundo. Por darle dimensión, la gran mayoría del maíz y de la soya que se consume en Norteamérica es transgénica. También el algodón, convertido ya en un monocultivo. 
 
Los otros grandes productores de semillas alteradas genéticamente son por cifra de negocio DuPont, Syngenta, Bayer, Dow Chemical y BASF. Es un negocio que está ahora en proceso de consolidación.

Su enorme tamaño y la combinación de productos destinado a un sector como la agricultura (y por tanto, la alimentación mundial) hacen que Monsanto sea una compañía más odiada incluso que las grandes petroleras, hasta el punto de generar movilizaciones de protesta como la que hace tres años tomaron las calles de medio centenar de países en todo el mundo. 
 
Este rechazo lo generan las tres letras clave: OGM. Son las siglas que identifican a los organismos genéticamente modificados. Estos productos empezaron a comercializarse hace dos décadas.

El material genético de las semillas que produce la multinacional Monsanto ha sido alterado con técnica de ingeniería genética para hacerlos más resistentes a las plagas y las sequías. Se consigue así con la tecnología hacer algo que a la naturaleza llevaría miles de años completar. 
 
El temor es que el consumo de estos productos provoque desde reacciones alérgicas, problemas gastrointestinales hasta cáncer. Pero la misma semana en la que se conoció la propuesta de Bayer se publicó un informe que rechaza que los OGM sean peligrosos para la salud humana y animal.

Monsanto se defiende, además, en este debate destacando los beneficios de estas semillas para los agricultores porque con ellas pueden elevar el rendimiento de sus plantaciones, haciéndolas más resistentes.

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