Una colombiana educa a niñas de Angola sobre la regla

miércoles, 13 de julio de 2016 · 07:00
El Mundo / Carla Pina
La etapa de la pubertad es una de las más complicadas. El cuerpo de las niñas sufre numerosas transformaciones. Una de ellas es la llegada de la menstruación, un cambio que muchas menores viven como un luto impuesto.
 
Este paso se complica si la mujer no tiene acceso a los productos de higiene personal. Es decir, si la ecuación asocia mujer y pobreza. Este vínculo es el responsable de que en los países subdesarrollados un gran porcentaje de niñas abandone el colegio cuando le llega el periodo y a otras les hace ausentarse de la escuela una semana al mes, lo que supone la pérdida de cerca del 25% del año escolar.

La diseñadora industrial de origen colombiano, Diana Sierra, se dio cuenta de esta problemática cuando en el año 2011 cursaba una maestría en Uganda de la mano de Naciones Unidas y calculó que el 40% de las niñas del área rural de dicho país desaparecían de las aulas. "Las chicas utilizaban pedacitos de trapos", dice Sierra. Una solución que no evitaba que se mancharan sus prendas de ropa, con la vergüenza que ello genera.

Ante esta situación doblemente triste para Diana por su condición de mujer y diseñadora se le ocurrió una solución: hackear las compresas. Su primer prototipo lo construyó con la tela de una sombrilla, ya que es impermeable, y una cortina para la parte permeable. Esta compresa era de color negro y se sujetaba a la ropa interior mediante unos corchetes.
 
Una vez diseñada fueron las propias niñas las que dieron su veredicto: no les gustaba el color, por lo que en futuras versiones los modelos serían azules. La diseñadora asegura que lo que ella pretende con este feedback constante es ofrecerles productos que las dignifiquen y con ese propósito fundó en 2014, junto con un compañero, Pablo Freund, la empresa social Be Girl.
 
"Asumimos que las personas con recursos bajos tienen aspiraciones bajas; pero eso no es así. Que las personas para las que trabajamos dispongan de una renta limitada no significa que deban tener productos limitados", explica Sierra, una profesional convencida de que el diseño debe servir para mejorar la vida de las personas.

Tras el éxito de su producto piloto, Diana se dio cuenta de una nueva problemática: muchas de las chicas ni siquiera tenían ropa interior. Así que realizaron una braguita con una franja elástica que se estira según va creciendo la niña y que dispone de un bolsillo interno que rellenan con productos absorbentes de origen local.
 
Por ejemplo, en Tanzania utilizan algodón, en Ruanda emplean papel higiénico y en las Islas Salomón lo rellenan con esponja marina. Las propias peculiaridades de estas prendas hace que tengan una duración de 2 años por lo que se añade una nueva ventaja: son reutilizables y, por tanto, protegen el medio ambiente. "Una persona utiliza una media de 150/160 compresas o tampones cada año", especifica Sierra. Por lo que si dicha cifra se multiplica por todas las mujeres del planeta resulta un número con muchos ceros.

Al mismo tiempo que dieron solución a la parte práctica del problema emprendieron su programa teórico sobre educación sexual y salud reproductiva para combatir el gran desconocimiento que tenían las mujeres en los países poco desarrollados.
 
Sierra ilustra la situación con varios casos: "En la zona del Amazonas, las niñas creen que si se bañan con delfines cuando tienen el período pueden quedar embarazadas. En otras zonas, las menores piensan que la regla es un castigo porque han hecho algo malo". Y es que, en muchos países en vías de desarrollo el ciclo menstrual sigue siendo un estigma del que las mujeres se avergüenzan, un tema tabú.
 
A juicio de Sierra, estos falsos mitos sobre este proceso natural solo se pueden combatir con información y con la garantía del acceso adecuado de todas las mujeres a los productos de higiene íntima. Esa accesibilidad es lo que busca con su empresa, ya que los productos se pueden adquirir en su página web que es, además, una plataforma de 'crowdfunding'.
 
"Por cada prenda de ropa que se compra, se manda otra igual a un país subdesarrollado", explica la mitad de Be Girl. Con este sistema, su revolucionaria compresa ha llegado ya a más de 12 países y a cientos de chicas que ahora se sienten orgullosas de ser mujeres.

Comentarios

Cargando más noticias
Cargar mas noticias