Cuando el cuerpo de la mujer es censurado por sistema

lunes, 26 de septiembre de 2016 · 06:46
El Mundo / Diego Bermejo
Una de las grandes acusaciones a las que se enfrentan los administradores de las redes sociales desde su nacimiento por parte de los artistas que cuelgan allí sus trabajos es el de la censura indiscriminada de su trabajo. Para no crear situaciones de discriminación entre estos, las redes han optado por evitar el doble rasero y censurar todas aquellas imágenes que se consideren no aptas para menores de edad.

Con un mínimo de 14 años exigido para poder abrirse una cuenta, Instagram, la red social del momento, ha decidido no hacer excepción alguna con los artistas, por muy famosos que sean, y tratar del mismo modo las imágenes de alto contenido sexual, violento o discriminatorio, que aquellas artísticas en las que, en muchas ocasiones, se pretende criticar este tipo de actitudes a través de publicaciones llamativas que acaban siendo censuradas.

Ese es el caso de una de las fotógrafas más relevantes del momento, Harley Weir, que en los últimos meses no para de acumular distintos casos de censura a su trabajo, a pesar de no hacer otra cosa que mostrar situaciones cotidianas con la mujer como protagonista.

La campaña más controvertida de CK
El primer caso de censura de uno de sus trabajos que Weir denunció públicamente fue el que sufrió tras trabajar en una campaña para la marca de moda Calvin Klein en la que la actriz Klara Kristin mostraba su lencería bajo la falda con un enfoque sugerente. Sin embargo, el National Center on Sexual Exploitation no tardó en pedir la retirada de una imagen que "ensalza y promulga el acoso sexual", abriendo así el debate sobre cuáles deben ser los límites de la creación artística cuando se trata de plasmar contenidos sensibles.

Echar un ojo a las campañas publicitarias en las que se hacen uso de modelos femeninas es, desde siempre, toda una muestra de cómo los tradicionales roles de hombre y mujer siguen manteniendo el papel de poderoso y seductor para el varón, y el de sexy y frágil para la mujer. Sin embargo, y salvo en los pocos casos contados en los que los anunciantes han cruzado la raya del mal gusto, en casi ninguna ocasión somos testigos de protestas airadas de los distintos colectivos afectados y de las retiradas de estas campañas manifiestamente machistas y degradantes, que se sirven de la mujer como de un mero objeto.

El último caso de esta censura que ha vuelto a llenar páginas en distintos medios de comunicación ha vuelto a tener a la fotógrafa Harley Weir como protagonista al subir a Instagram una fotografía que formaba parte de una sesión realizada en la naturaleza con modelos denudas.

Que la naturaleza haga "su magia"
En este caso, y tras bajarle repentinamente la regla a una de las modelos, Weir decidió dejar que la naturaleza "hiciera su magia" y aprovechar una situación real para provocar un contraste llamativo -y parece ser que demasiado provocativo- inmortalizando a Alixx Vernet con el muslo manchado de sangre tumbada sobre la paja de un establo. Una instantánea que decidió subir tras pixelar las zonas sensibles, a expensas de que le pudiera costar la expulsión de esta red social. De hecho, así ha sido, al ser considerada la publicación como "ofensiva e inapropiada".

Una censura agravada con la eliminación del perfil de una artista de renombre que llevó a varios de sus colegas a cargar sus publicaciones contra Instagram, promoviendo el uso del hashtag#BringBackHarleyWeir. Tanto Weir como sus defensores aseguran comprender la dificultad de llevar a cabo las labores de control con millones de publicaciones al día y diferenciar cuándo se trata de un trabajo que pretende mostrar la belleza sin filtros, y cuándo lo único que se busca es provocar a través de material grotesco y molesto.

La presión hizo que, efectivamente, Instagram cediera y devolviera su cuenta a la fotógrafa, junto a una nota de disculpa: "Hemos eliminado esta imagen de forma equivocada y suspendido temporalmente esta cuenta. En cuanto nos hemos dado cuenta del error, la hemos reactivado". Un caso más que aviva el debate sobre el control de los contenidos artísticos en internet.

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