Un refugiado sirio en Canadá salva la boda de una vecina

viernes, 30 de septiembre de 2016 · 07:00
La Vanguardia / Gina Tosas
Estar en el momento y lugar adecuado, esa fue la suerte que tuvo una pareja canadiense. Jo Du y Earl Lee se casaban el domingo pasado en Guelph, Ontario (Canadá). Minutos antes de la boda la cremallera del vestido de la novia se rompió de forma desafortunada. Nadie sabía cómo arreglarla y todas las tiendas estaban cerradas. Un desastre.

Una de las damas de honor tuvo la idea de ir a pedir al vecino alguna herramienta que pudiera servir para remendar el estropicio. Y éste respondió que "tenía algo mejor que eso”, explica David Hobson, el vecino, en una entrevista con la cadena CTV News.

El hombre estaba acogiendo a una familia de refugiados sirios y el padre era maestro de sastrería. Hacía solo cuatro días que los ciudadanos de Alepo se habían instalado en Canadá, y todavía no hablaban inglés, pero la comunicación no fue un problema, ya que usaban un traductor en el móvil.

Al poco tiempo de la petición, Ibrahim Halil Dudu llamó a la puerta de la novia, kit de sastre en mano, y se dispuso a coser el vestido con la destreza de un profesional con 28 años de experiencia. "Estaba tan emocionado y feliz –explica Halil Dudu en la misma televisión canadiense–; me gusta ayudar a la gente de Canadá con todo mi corazón”.

Al final, la boda se celebró sin problemas. Y Jo y Earl, ya mujer y marido, afirmaban el día después en televisión que se sentían: "tremendamente agradecidos a él por haber salvado nuestro día; fue un increíble gesto de amabilidad”.

La fotógrafa del evento, Lindsay Coulter, retrató la entrañable anécdota y publicó las instantáneas en Facebook. "Estoy tan orgullosa de vivir en Canadá, un país que ha abierto las puertas a los refugiados innumerables veces. Estoy en deuda de las familias que han acogido a estos extraños en sus hogares, y me siento inspirada por la resistencia del pueblo sirio. Somos verdaderamente bendecidos por su llegada”, escribía Coulter junto a las fotos.

Canadá ha acogido hasta hoy a 30.862 refugiados sirios. De estos, 50 familias viven en Guelph gracias a la promoción de un hombre de negocios de la ciudad, Jim Estill, que es director ejecutivo de una empresa de electrodomésticos.

Halil Dudu y su familia son unos de ellos. Ahora, ya a salvo de las bombas de Alepo, la ciudad que según la ONU sufre hoy la peor catástrofe humanitaria de la guerra en Siria, está buscando trabajo como sastre. Ojalá la historia de su pequeño gesto, que ha dado la vuelta al país, le abra las puertas al mundo laboral.

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