Conoce las zonas prohibidas del retrato del Che

miércoles, 18 de octubre de 2017 · 07:05
elmundo.es/ Raúl Rivero
Lunes. Una foto en el puerto
El fotógrafo Alberto Korda levantó el foco hacia la tribuna y le tiró un flashazo a Ernesto Che Guevara que asistía a un acto político en el puerto de La Habana. Era la mañana del 5 marzo de 1960 y la foto del guerrillero argentino, muerto en Bolivia siete años después, se convirtió en una presencia universal y, a juicio de los expertos del Instituto de Arte de Maryland, «la más famosa fotografía e icono gráfico del mundo en el siglo XX».

Korda (La Habana, 1928-Francia, 2001), que comenzó su carrera detrás de las cámaras fotografiando modelos y la terminó con una excelente colección de paisajes submarinos, no sabía la trascendencia que alcanzaría la imagen que tomó esa mañana. Lo supo después cuando la tuvo que ver en camisetas, vidrieras, libros, revistas, periódicos y pantallas de todo el planeta y se sintió obligado a protestar para que no le sirviera a los comerciantes para vender vodka o cerveza.

El caso es que la foto ha sido el centro del despliegue de la figura de Ernesto Guevara como emblema de la lucha guerrillera en América Latina, aunque fracasara en el intento de organizar un foco armado en Bolivia y fuera apresado por el ejército de ese país y eliminado por órdenes del alto mando militar.

Su muerte en esa aventura ha hecho del argentino un mito. Y esa mitología ha recibido el aporte abundante y variado de intelectuales y artistas que la han venerado con libros, canciones, poemas, ensayos, obituarios, películas, documentales y cualquier expresión que pueda elevarlo como líder revolucionario o sacralizarlo.

En Cuba, donde Guevara se dio a conocer como uno de los comandantes más cercanos a Fidel Castro, su nombre también aparece en la cumbre del santuario comunista con el añadido de que, cada mañana, los niños que asisten a las clases de la educación primaria deben hacer una especie de saludo militar y gritar: «Seremos como el Che».

Ciertas zonas del pensamiento y la experiencia de Guevara están prohibidas en la Isla. Se conoce de algunas cosas que no han aparecido nunca en ningún medio oficial y es peligroso comentarlas, pero a nivel de la calle y los patios familiares se sabe y se habla en susurros que el 28 de enero de 1957, pocos días después de llegar con Castro a la Sierra Maestra, le hizo llegar una carta a su esposa de entonces, la peruana Hilda Gadea, en que incluía esta línea: «Aquí, en la selva cubana, vivo y sediento de sangre».

Circula, además, una nota de Guevara escrita al poco tiempo del mensaje a la señora Gadea sobre el episodio de la muerte del campesino Eutimio Guerra, acusado de traicionar al grupo rebelde. El Che escribe: «Acabé el problema con una pistola calibre 32, en el lado derecho de su cerebro...Sus pertenencias ahora son mías».

Los cubanos también saben que en los primero meses de 1959, Guevara fue nombrado jefe de la fortaleza militar de San Carlos de la Cabaña, un sitio donde fusilaron a decenas de cubanos. La cifra no es exacta, pero si algunos aseguran que mataron a 200, otras fuentes dicen que fueron más de 2.000.

José Villauso, un abogado que trabajó en el mecanismo que dirigió los procesos de La Cabaña, relató que Guevara dirigía la llamada Comisión Depuradora. «Se fusilaba de lunes a viernes, las ejecuciones se llevaban a cabo de madrugada, poco después de dictar sentencia y declarar sin lugar (de oficio) la apelación. La noche más siniestra que recuerdo se ejecutó a siete hombres».
Unos meses antes de morir, en abril de 1967, Guevara señaló al odio como factor de lucha, un odio que pueda ir más allá de las limitaciones naturales y convertir al ser humano «en una efectiva, violenta, selectiva, máquina de matar».

Los padres cubanos quieren que sus hijos sean como pueden ser en una sociedad donde en vez de educar se adoctrina. Es difícil creer que alguien pueda aspirar a que su hijo sea una máquina. Mucho menos una máquina de matar.

Viernes. Museo de la lengua viva
Si uno está en Hispanoamérica y lo quiere saber todo sobre el idioma que habla tiene que llegarse a Buenos Aires y sacar una entrada para el edificio que está pegado a la Biblioteca Nacional. Ahí funciona el Museo del Libro y de la Lengua, el único de Sudamérica porque en San Pablo, Brasil, hay otro, pero dedicado al portugués.Una reseña sobre el museo explica que al entrar en el recinto se escucha un relato del nacimiento del español y detalles sobre sus raíces. Luego te piden apreciar paneles y presentaciones multimedia que reflejan la influencia de los medios así como la fusión con las lenguas nativas y la integración regional.

La institución, que trabaja bajo el control de la Biblioteca Nacional, está instalado en un edificio construido en el sitio donde estaba la mansión Álzaga Unzué, que fue residencia de la pareja Juan Domingo Perón y Eva Duarte

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