Carmen Maceín, la galerista por la que peleaban Picasso, Dalí y Miró

lunes, 2 de octubre de 2017 · 06:59

elmundo.es/
En un rincón del corazón blanco de la Kasbah de Tánger, en un riad que un día fue la mansión del médico de Barbara Hutton, frente a la antigua casa del modisto Yves Saint Laurent, vive una señora que iba para farmacéutica pero que se convirtió en la musa y galerista de los artistas españoles más importantes del siglo pasado. Una carta de Camilo José Cela presenta, a su manera, a la protagonista de esta historia: "Carmina Maceín, con su aire de señorita gilipollas, es capaz de llevarle el pulso a un gladiador del circo de Roma".

Y su mejor gladiador con pincel fue su tío Pablo. Así es como llamaba a Picasso. "Le conocí siendo una niña durante los veranos en Sitges y nuestras familias eran muy amigas", recuerda Carmina a LOC. Su fama y prestigió se alzó cuando convenció al pintor malagueño de representar a España en la feria de arte de Nueva York en 1961. Picasso estaba exiliado en Francia por sus ideas republicanas y ella hizo de intermediaria del Gobierno de Franco."Se negaba a exponer como venganza después de que no le dejaran entrar en España para ir al funeral de su hermana. Entonces le dije que él era español le gustara o no, y que nuestro país necesitaba que lo representara el mejor de nuestros artistas", cuenta.

Hoy Carmina vive literalmente en un museo cerrado al público. Cuatro galerías con cuadros, litografías, cerámicas y tapices del tío Pablo, Miró o Dalí envuelven su casa con vistas al mediterráneo. "En el 91 esto se convirtió en el Museo Internacional de Arte Contemporáneo de Tánger. Pero ahora no lo quiere abrir, es una pena porque lo que hay aquí es un tesoro que no debería estar oculto", dice su "guardaespaldas", como Carmina llama al hijo de Fatma, la mujer que lleva cuidando de ella desde que llegó hace 30 años a la perla del Estrecho. Se enamoró de esta ciudad cuando unas amigas la obligaron a salir de su casa de Madrid y pegarse un viaje tras divorciarse por una infidelidad de su marido.

En la capital había conquistado a la alta sociedad y a los intelectuales en los años 70 con su galería Skira, en la calle Ortega y Gasset. Por allí pasaron los mejores artistas de la época. "Se rifaban por exponer en Skira. Yo no les cobraba, pero a cambio pedía que me regalaran algunas de sus obras", explica Maceín. De aquella época guarda cientos de anécdotas y fotos. Con el Rey Juan Carlos, Felipe González, Rafael Alberti, Paul Bowles, Henry Moore... "Me admiraban", presume. "Dalí era uno de mis mejores amigos. Un día me regaló un perro y yo le compré un conejo".

Carmina no quiere decir su edad por "pura coquetería". Durante el recorrido por su riad enseña cartas y borradores de Picasso firmados por transparencia al agua, un tapiz de Miró colgado en la pared, un cristo de oro de Dalí, el suelo del patio de Rosselló, cartas de Cela y un ejemplar único lleno de tachones de su libro Gavilla de fábulas sin amor.

Hace bastante tiempo que tiene puesta su casa en venta por dos millones de euros, pero no encuentra ningún comprador. "Estoy cansada, soy ya muy mayor y quiero volver a mi casa, a Madrid", dice. "Me han ofrecido llevar las obras a Miami. Es algo que tengo que solucionar antes de irme".

Carmina se despide posando ante el objetivo de la cámara. Lo hace al lado de una figura de cartón de una persona a la que recuerda con mucho cariño. El tío Pablo.


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