Cayetana de Alba, la abuela noble que enseñó a bailar flamenco a Tana Rivera

sábado, 21 de octubre de 2017 · 08:59

elmundo.es/
La duquesa de Alba, entusiasmada con su nieta más querida, a la que llamaron Cayetana como ella, contaba maravillas de la niña, entre admirada y divertida por la personalidad que demostró desde bien pequeña. "Cuando va en el Ave a Sevilla o vuelve a Madrid, anda por lo vagones junto a los que llevan el carrito de comida y le pregunta a la gente que si quiere más pan. Y es que dice que a ella le gusta trabajar en el tren, es única".

Cayetana siempre sintió debilidad por esta nieta nacida de su única hija. Los duques de Alba que sólo habían tenido varones, cinco, cuando nació Eugeniaya habían perdido la esperanza de ver una niña correteando por los jardines de Liria.

Cayetanita revivió aquella ilusión y después de la separación de Francisco Rivera y Eugenia Martínez de Irujo, la presencia de la niña en el palacio de Liria fue constante y el contacto con la abuela más estrecho que el de la duquesa con cualquiera de sus otros nietos. Eugenia y su hija viven en un piso contiguo a Liria y comunicado con el palacio. "Tana mueve los brazos bailando flamenco como los movía yo cuando empecé a bailar", explicaba orgullosa su abuela.

Pero Tana vive su tiempo, mantiene contactos y opiniones a través de las redes sociales, le encanta Justin Bieber y compartió uno de sus conciertos en Madrid con Andreita Janeiro, donde hicieron cierta amistad. Y escuchó a Manu Carrasco con Froilán Marichalar este verano, en el escenario de Starlite en Marbella.

Hace años, también se marcó con unas amigas el Waka-waka de Shakira en el mismo escenario madrileño donde actuaba la cantante. Algo de eso le viene de su abuela. La duquesa Cayetana bailó un día sevillanas con las reclusas de la prisión de Alcalá de Guadaíra, (todavía no estaba ingresada Isabel Pantoja), y por sus palacios desfilaron gitanos, artistas, echadoras de cartas y hasta Yves Saint Laurent, a quien la duquesa organizó en 1959 un desfile en Liria que dejó impactadas a las rancias marquesas de la capital.

Esa rara habilidad de la aristócrata de alternar con todas las clases sociales y políticas sin olvidar nunca su historia y su linaje, parece que ha sido heredada por su hija Eugenia y por su nieta Cayetana. Como su abuela, a Tana le gusta el campo, el mar, siente pasión por Andalucía, Sevilla, la Semana Santa, los toros y el flamenco, aunque esos genes le vienen igualmente por vía paterna.

Asiste con su madre a algunos desfiles de la pasarela madrileña, le gusta vestir elegante para las grandes ocasiones, como en la boda de su padre, donde ejerció de madrina, pero también disfruta luciendo la ropa, pulseras y collares que compra en los mercadillos de Ibiza, como hacía su abuela con quien compartió siempre parte de las vacaciones ibicencas de la duquesa.

Dice Eugenia que su hija tiene mucha personalidad y es muy sociable. Está acostumbrada a llamar la atención. Y en sus cuentas de internet confiesa que su conversión a personaje de la prensa del corazón al cumplir su mayoría de edad, que ha despertado tanta expectación, forma parte de la vida y que es lógico que la gente tenga curiosidad por ella, al ser nieta de un personaje muy grande. Cuentan en la familia que es discreta, a veces retraída, que tiene sentido del humor y es cariñosa, más que su abuela, educada en disimular emociones. Tana Rivera pertenece al siglo XXI y se nota.

Falta por ver cómo va a gestionar esta notoriedad repentina y que en alguna ocasión acabó exasperando a su abuela, agobiada por el acoso de la prensa. Aquel histórico corte de mangas de la duquesa a los paparazzo hizo historia.

 

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