Terry Richardson, la caída del fotógrafo de los escándalos sexuales

lunes, 30 de octubre de 2017 · 13:56

abc.es/

Hasta hace unas semanas, la vida seguía igual para Terry Richardson, fotógrafo de moda tan idolatrado como vilipendiado. Este año ha fotografiado el calendario de Kylie Jenner o la portada de agosto de la edición china de «Vogue». Richardson, conocido por sus imágenes de alto contenido sexual, muchas de ellas jugando con el límite de degradar a las mujeres a las que fotografía, ha sido acusado de abusos sexuales a sus modelos desde hace más de una década. Como otros, Richardson lo negó todo y la mayoría de sus clientes prefirieron hacer la vista gorda. Ha firmado campañas publicitarias, videoclips de estrellas de la música, libros de fotografía… Su visión cruda y explícita del cuerpo de las mujeres y la tensión sexual seguían vendiendo.

El freno se lo ha puesto Harvey Weinstein. El escándalo del «superproductor», al que le han llovido las acusaciones de abusos sexuales después de dos artículos en «The New York Times» y «The New Yorker», ha salpicado mucho más allá de Hollywood. Las revelaciones sobre Weinstein fueron la mecha de una campaña de concienciación generalizada sobre los abusos contra mujeres por parte de hombres en situación de poder. La actriz Alyssa Milano prendió las redes sociales con testimonios de mujeres afectadas con la etiqueta #MeToo («yo también»). El escándalo de Weinstein renovó el escrutinio en otros ámbitos: desde la política (por ejemplo, las acusaciones contra el presidente de EE.UU., Donald Trump), hasta la restauración, con un aluvión de testimonios contra el chef estrella John Besh.

El turno le ha llegado a Richardson esta semana. La poderosa editora Condé Nast anunció en una circular interna, a la que tuvo acceso «The Daily Telegraph», que dejaría de trabajar con el controvertido fotógrafo. «Todas las sesiones que se le hayan encargado o las que ya se hayan realizado pero no se hayan publicado deben ser eliminadas y sustituidas con otro material», aseguraba James Woodhouse, vicepresidente y director de operaciones de la compañía, en un correo electrónico destinado a las ediciones de cada país. La editora publica revistas como «Vanity Fair», «Glamour», «GQ» y, sobre todo, «Vogue», una biblia de la moda en la que las imágenes de Richardson eran habituales.

Pocos días después siguieron su ejemplo la editora Hearst -que incluye revistas como «Harper’s Bazaar», cuyas páginas han acogido muchas veces a Richardson- y el influyente suplemento de estilo de «The Wall Street Journal».

La espantada también ha incluido a las marcas: Bulgari -que ha hecho una campaña con Richardson y la modelo Bella Hadid este año-, Valentino -para la que el fotógrafo realizó una sesión el pasado julio- y Diesel ya han anunciado que han cortado relaciones. No hay duda que muchas otras compañías se subirán al carro.Un portavoz de Richardson dijo que el fotógrafo estaba «decepcionado» tras la decisión de Condé Nast porque «ya ha explicado en el pasado esas historias», en relación a las acusaciones de abusos sexuales. «Es un artista conocido por su obra sexualmente explícita, por lo que muchas de sus interacciones con las personas objeto de su obra son sexuales y explícitas pero todas ellas participaron con consentimiento», agregó.

No es la opinión de las mujeres que le han acusado. Varias modelos, estilistas y asistentes han relatado episodios de abusos sexuales no consentidos durante sesiones de fotografía desde hace años. Richardson exigió que le masturbaran, realizó tocamientos impropios, se desnudaba con frecuencia para ver cómo reaccionaban sus modelos. Richardson siempre se ha escudado en que lo que hace es arte, y que su obra explora la transgresión sexual. Muchos lo han visto como un depredador que se apoya en una cámara fotográfica. Con la ola de concienciación provocada por Weinstein, cada vez más le dan la espalda.

 

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