Falta de clientes fuerza a Trump cerrar su hotel en el SoHo

lunes, 27 de noviembre de 2017 · 10:00

abc.es/ Javier Ansorena

El año pasado, en medio del ascenso fulgurante de Donald Trump en las elecciones presidenciales, un alto ejecutivo del sector aseguraba en una cena informal en el Upper East Side de Nueva York que el actual presidente era «un don nadie» en la poderosa industria inmobiliaria de la ciudad. «Solo pone su nombre en edificios», explicaba en un intento de rebajar las ínfulas de magnate del ladrillo de Trump. Pese a ello, lo cierto es que ese fue un gran negocio para Trump durante mucho tiempo: otros construían hoteles y apartamentos y él les ponía su nombre, siempre con grandes letras doradas. Buena parte de la empresa era la marca, construida durante décadas con su imagen de ganador en los negocios, amante del lujo desacomplejado, galán impenitente y estrella televisiva. Trump sabe que siempre hay un público que se rinde a esa exclusividad en la frontera con lo hortera.

El problema es que, con su llegada a la Casa Blanca, la marca se ha deteriorado. La espiral eterna de polémica en la que vive instalado el presidente de EE.UU. ha contribuido a la polarización del país y, con ella, la de la percepción de su marca. La víctima más importante se ha producido esta semana. La Trump Organization anunciaba que se desligaba del hotel Trump SoHo, un establecimiento de lujo en uno de los barrios más exclusivos de Nueva York.

La razón es que el negocio va en picado. Todo empezó con Lebron James, la superestrella de la NBA, jugador franquicia de los Cleveland Cavaliers. A comienzos de diciembre del año pasado, sin cumplirse un mes de la victoria electoral de Trump, James anunció que no se hospedaría en el Trump SoHo con el resto de su equipo, que se había alojado desde hacía años en el hotel cuando tocaba jugar contra los New York Knicks o los Brooklyn Nets. Era una decisión de claro signo político, que secundaron muchos otros equipos deportivos profesionales de EE.UU. De las doce franquicias de la NBA que tenía en el Trump SoHo su casa en Nueva York, once lo han abandonado. Lo mismo ha ocurrido con los eventos corporativos de empresas, que cada vez eligen menos el establecimiento para no posicionarse sobre Trump. El restaurante de sushi del hotel, Koi Will, cerró en primavera, a pesar de haber sido un favorito de los famosos desde que abrió en 2012. La desbandada también afecta a turistas y visitantes. La escasez de huéspedes ha tumbado los precios del hotel. En su mejor momento, el precio por noche rondaba los 700 dólares, frente a los 451 de media en la ciudad para los hoteles de lujo. Ayer era fácil encontrar habitación por menos de 350 dólares para muchas noches de las próximas semanas.

Trump quizá también esté interesado en desligarse del hotel por motivos políticos. El presidente desarrolló el hotel con Bayrock Group, una inversora manejada, entre otros, por Felix Sater, un oscuro hombre de negocios vinculado a la mafia y con amplios contactos en Rusia. El presidente de EE.UU., miembros de su familia y varios altos cargos de su campaña electoral están bajo una investigación sobre un presunto complot con Moscú para influir en el resultado de las elecciones.

Sea cual sea el motivo del cierre, la Trump Organization dio muestras de que la salida del hotel es una humillación para el presidente: lo anunció el miércoles, la víspera del día de Acción de Gracias, el festivo más importante del año en EE.UU., con el país pendiente de que el pavo no salga seco del horno.


 

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