Hace 50 años se practicaba el primer trasplante de corazón

“Por favor detenga estas operaciones. Un hombre nunca debería reemplazar un corazón humano, ya que el hombre no puede reemplazar a Dios”, le decían.
viernes, 1 de diciembre de 2017 · 00:06

AFP / Ciudad del Cabo


  En la madrugada del 3 de diciembre de 1967, el cirujano Christiaan Barnard realizó con éxito el primer trasplante de corazón en Sudáfrica. La hazaña le valió el reconocimiento de sus pares pero también el odio de quienes le reprocharon actuar como si fuera Dios. 


“No habíamos imaginado ni un solo segundo que este logro fuera a generar tanta indignación pública”, contó a la AFP Dene Friedmann, en el mismo quirófano con azulejos de color verde agua donde hace 50 años asistió a la pionera operación. 


“El profesor Barnard recibió cartas muy críticas, cartas horribles que lo calificaban de carnicero”, recordó la enfermera, hoy septuagenaria. “Buitre, sádico, anormal”, eran algunos de los insultos que llegaban de todos los rincones del mundo. 


“Por favor detenga estas operaciones. Un hombre nunca debería reemplazar un corazón humano, ya que el hombre no puede reemplazar a Dios”, dijo en una carta un italiano. 


En tanto, en una misiva llegada de Australia un hombre le anunciaba al doctor Barnard que había pedido a la Policía de Ciudad del Cabo que lo arrestara lo antes posible. Por aquel entonces, la revista francesa Paris Match también recogió la polémica titulando. 


“La batalla del corazón. ¿Tienen los cirujanos este derecho?”. En el imaginario colectivo, el corazón no es un órgano como los demás y su carga simbólica es mucho mayor. “En aquella época había muchas cuestiones éticas que resolver”, explicó la enfermera. 


La comunidad científica celebró esta proeza técnica y también muchos ciudadanos de a pie que se sumaron a las felicitaciones. “Un logro más importante que la exploración espacial”. “Se escucha este latido de corazón en el mundo entero”, era otro de los comentarios. 


Pecho vacío


En el primer piso del hospital de Groote Schuur en Ciudad del Cabo, durante una noche que ya anunciaba la llegada del verano austral, Louis Washkansky iba a recibir el corazón de una joven de 25 años. 


En el quirófano, Dene Friedmann se inclinó sobre el paciente anestesiado. “Vi su pecho vacío, sin corazón (...) Fue aterrador”, recordó. En una sala anexa el doctor Barnard ordenó apagar el ventilador de la donante, Denise Darvall, que yacía con muerte cerebral tras un accidente de tráfico. 


En 12 minutos, el corazón dejó de latir y fue llevado hasta donde se encontraba Washkansky, de 53 años. Para Barnard era muy importante que el corazón de Denise Darvall hubiera dejado de latir. “Era el primer trasplante de corazón y él no quería que uno pudiera reprocharle que hubiera tomado un corazón todavía con latidos”, contó. 


“Había mucho nerviosismo. Todos nos preguntábamos si el corazón iba a latir una vez trasplantado”, recordó la enfermera. 


El órgano fue colocado en el pecho abierto de Louis Washkansky. “El corazón permanecía inerte, sin signos de vida”, contó Christiaan Barnard tras la operación. “Esperamos un tiempo -que me parecieron horas- hasta que comenzó a distenderse lentamente. Y de pronto  hubo una contracción del orificio de la aurícula, seguida rápidamente de los ventrículos (...) poco a poco, comenzó a latir”. 


El cirujano sudafricano de 45 años ganó la carrera a los estadounidenses, que también estaban en proceso de lograr esta hazaña. Y en parte fue debido a que la definición jurídico-médica de la muerte es distinta en ambas orillas del Atlántico. 

 Un corazón blanco 


En Sudáfrica, un paciente se considera muerto cuando dos médicos experimentados lo declaran como tal. En Estados Unidos, en cambio, el corazón debe dejar de latir de manera efectiva, lo que reduce las posibilidades de éxito de un trasplante. 


Christiaan Barnard hubiera podido incluso realizar la operación unas semanas antes, ya que había donante mestizo compatible, pero esa operación era imposible en el contexto del apartheid. 


Hubiera sido interpretado como un nuevo “acto demoníaco del régimen sudafricano racista”. Hubiera sido inconcebible dar a un blanco el corazón de una persona de color.

El “hombre con el corazón de chica”

El 2 de diciembre de 1967, Ann Washkansky no podía ni imaginarse que el espantoso accidente de tráfico del que fue testigo en una calle de Ciudad del Cabo otorgaría fama mundial a su propio marido, hospitalizado. 


Una joven empleada de banco, Denise Darvall, fue violentamente atropellada por un automóvil en una gran arteria de la segunda ciudad de Sudáfrica.  Cuando llegaron los servicios de emergencia, los daños del traumatismo craneal eran ya irreparables. Pero su corazón todavía latía. Ann Washkansky fue  testigo del accidente por casualidad. 


“No podía imaginarme, naturalmente, el vínculo que este accidente iba a tener con mi marido”. 


En el hospital Groote Schuur de Ciudad del Cabo, a Louis Washkansky solo le quedaban unas semanas de vida. En insuficiencia cardíaca terminal, este hombre de 53 años aceptó sin dudarlo la propuesta apenas creíble de Christiaan Barnard: trasplantarle un nuevo corazón. 


Hacía años que se realizaban trasplantes de hígado y de riñón, pero nadie se había atrevido a intentarlo con este órgano. “Si ya no hay esperanzas para mi hija,  intenten salvar a este hombre”, consintió el padre de Denis.

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