El encanto del singani en tres escenas de Steven Soderbergh

En su reciente visita, el dueño de la marca Singani 63 filmó un documental sobre la elaboración de la bebida en Tarija. Habló también de cine, de retos y sabores. a En su reciente visita, el dueño de la marca Singani 63 filmó un documental sobre la elaboración de la bebida en Tarija. Habló también de cine, de retos y sabores.
domingo, 12 de marzo de 2017 · 00:00
Liliana Carrillo V. / Tarija

Traducido al lenguaje fílmico, el encanto del singani es para el cineasta estadounidense Steven Soderbergh una película en tres escenas que van del plano general al de detalle: "El primer acto es el bouquet que permite distinguirlo con los ojos cerrados; el segundo, el sabor que implica sorpresa; y el tercero, su efecto único y chispeante”, dice. Y tan convencido está,  que  ha creado la marca Singani 63 para vender la bebida  en EEUU y pronto en Bolivia. "La trama apenas comienza”.

 Ha cambiado su polera habitual de días de trabajo  por una camisa tarijeña que luce coquetos bordados de cajas y erkes. "Fue solicitud obligatoria con la que estuve de acuerdo”, explica entre risas y no es que ría mucho.    Toma muy en serio su trabajo, advierten quienes lo conocen, y ahora su trabajo es, paralelamente al cine, el negocio del Singani 63. Ése,  el que lo trajo estos días por tercera vez a Bolivia.

"La marca Singani 63 es  ciertamente un negocio. Si yo hubiera sospechado cuan   grande era el reto de  llevar una marca a EEUU  probablemente hubiera dicho ‘no tengo tiempo’, pero la calidad obliga. Al mirar atrás no me arrepiento. Los últimos días han sido un buen ejemplo,  estoy feliz y complacido de haber entrado al mundo del singani”, confiesa.

  Llegó al país el pasado lunes  acompañado de seis críticos internacionales, cuatro ejecutivos y técnicos de su empresa y dos destacados bar tenders de su país. Superando el congestionamiento por los festejos alteños, ese día la comitiva  viajó a Tarija donde durante tres días  filmó  un documental sobre el proceso de elaboración del Singani 63 en los viñedos y la destilería de Casa Real.

 En ese proceso, Soderbergh madrugó para cosechar uva, participó en reuniones comerciales, filmó durante horas, disfrutó de un chanchito a la cruz por gentileza de sus anfitriones, la familia Granier, y conoció nuevos cocteles con singani y en sesiones de cata. Y, cuentan los que lo acompañaron,  siempre llevó las botas gastadas que  atesora desde 2010. Ahora, en la entrevista que concede a tres medios bolivianos en el hotel Los Parrales, las luce a juego con calcetines de rayas  rosadas, verdes, celestes, negras. 

"Son mis botas de la suerte; las   compré para la filmación de Haywire (2011) que era la primera película que hacía  después de que me habían despedido.  Ya les he cambiado la suela tres veces. ¿Las medias? No entiendo porque deben ser aburridas”, comenta. Y su imagen seria  contradice la calidez de sus palabras; más aún, su prohibición expresa de fotografías; sólo se publican las que él aprueba.

Y si en algo confía es en su exigente criterio "El singani es el mejor destilado que yo he probado” dice  y recuerda que hace 10 años, durante la filmación de El Che en España, su colega boliviano Rodrigo Bellot le presentó al destilado boliviano de vino de uva moscatel de Alejandría. 

"El encanto del singani es una pieza en tres actos. En el primero está el bouquet, que entra por la nariz. El aroma floral y frutal  de la bebida  es tan marcadamente distinto que  permitirá distinguirlo aunque sea a ciegas. No puedes decir eso de otros destilados como el vodka”, define.  
El segundo acto es el sabor y se divide en dos escenas. "La primera es compleja, sientes una parte floral, pero también tienes otros elementos  vivos, libres e inesperados. La segunda,  es una sorpresa que llega con suavidad. Como bebedor de vodka estoy acostumbrado a la quemazón,  pero  con el singani eso no pasa”. 

El tercer acto es el efecto. "Es único y chispeante. No  emborracha, deja una sensación cálida”.  

La primera experiencia fue tan intensa para Soderbergh que averiguó más del singani: su origen e historia. Los siguientes cinco meses de filmación se surtió  de la bebida  boliviana en España, Puerto Rico y México -donde continuó la filmación- y entonces nació la idea de exportarla.

Bellot lo contactó con Casa Real y desde aquel 2013, cuando nació la marca Singani 63 -en referencia al año del nacimiento del cineasta- hasta ahora ya exporta 14.000 botellas del elixir y la demanda sigue creciendo.   "Es un producto excepcional del que en EEUU nadie ha escuchado, o sea, es una oportunidad de descubrimiento. Pero también tiene  un legado de más de 500 años y a la gente le gusta la historia que viene con la bebida. Es una mezcla de exótico con misterioso -define el cineasta- Hemos hecho una solicitud formal al Gobierno de EEUU para que nos dé una categoría específica para el singani, como lo hicieron con el pisco y con la cachaza, para que cuando alguien me pregunte cómo es el singani yo le diga es igual a nada: es singani”.

 El destilado tarijeño también  ha acercado al oscarizado cineasta de Hollywood a Bolivia.
 
"Cuando yo estuve en este país filmando El Che, con una piscina de singani,  no  estaba inmerso en toda la cultura boliviana sino en un momento específico. Con Singani 63 empezó una relación con la familia Granier y otros bolivianos. Mediante el lente del singani,  la gente de Bolivia se sigue comunicando  desde hace 500 años”, expone.

Ahora que Soderbergh lanzará Singani 63 en Santa Cruz, para que la marca se distribuya en todo el país, espera seguir afianzando lazos. "Leer está bien pero es como tener sólo dos dimensiones de una realidad, otra cosa es estar acá, te enriquece”.

Esa visión enriquecida es la que el artista lleva a los negocios. "Creo que mi trabajo cada momento, cada día, es separar lo ordinario de lo excepcional. En una película, cada diálogo, cada ángulo de cámara, trata de recuperar lo que se pierde por cotidiano. Singani 63 es una personificación de esta meta”, recalca. 

Conocer a quienes elaboran el singani en Casa Real reafirmó esa convicción en Soderbergh.
 
"Estas personas también buscan lo excepcional, cada día se  preguntan cómo ser mejores.  
 
Siento ahora que el singani es un poco de la escencia de lo que soy.  Con él no busco un resultado financiero sino saber que he hecho lo necesario para algo excepcional. No sé en qué lugar estoy en esta trama; pero sé que apenas comienza”.
 
El "exjubilado del cine”: Busco el gran  film que aún no he hecho
 
"Cada día es una búsqueda en pos de la gran película que no he logrado hacer todavía. Cada proyecto me da esa oportunidad; pero claro, no confíes en lo que dice un artista de su trabajo”, dice Steven Soderbergh,  ganador del Oscar a mejor director por Traffic (2000) y autor de exitosos filmes como Sexo mentiras y videos (1989), Erin Brockovich (2000) y El Che (2008), entre una veintena.

Pese a su éxito, durante un tiempo decidió "jubilarse” del cine cansado como estaba de una industria estática que busca imponer criterios comerciales sobre los creativos. Para su regreso confabularon dos hechos:

 "Surgieron nuevas formas de distribuir películas -más independientes- que me permitirían a mí tener más control sobre la creatividad y me llegó un guión interesante. La autodistribución  obedece a que la industria necesita otro tipo de películas a las de Hollywood y a que la tecnología abarata costos”, resume.

  El  guion clave le llegó con el encargo de que le buscara un director "y decidí que yo era el mejor”. El resultado, que Soderbergh define como un experimento, es la comedia Logan Lucky que acaba de estrenarse en EEUU.


Pero aún busca la gran pélicula, que él define como la "unificación  de varios elementos que hacen que una historia sea familar y continúe sorprendiendo”. Pero a partir de una premisa: "No hay historias nuevas, todas  tienen que ver con la tradición. La idea básica es un conflicto que ponga a los personajes ante el dilema de qué es lo correcto. Y es que la mayor parte del sufrimiento tiene que ver con ese dilema”, dice.

Para sus maestros pocos como Alain Resnais con su filme Hiroshima mon amour (1959). "Es una película maestra que creó un nuevo lenguaje. Yo nunca hice algo así -reconoce Soderbergh- Pero aprendes, te paras sobre los hombros de gigantes como Resnais y tienes esperanza de que tus brazos crezcan”. Estoy consciente de que en esto hay una paradoja. Esa búsqueda de la película que no he logrado hacer todavía es intensa pero si la hiciera, ¿para qué me levantaría cada día?. Cada proyecto me da una oportunidad de lograr esta meta”.

El muchacho que creció  en Lousiana sin conexión con gente de cine o de arte supo desde los 13 años que quería hacer películas toda su vida. "No había plan B y nunca pensé en las adversidades, sólo en lo que me hacía feliz, el cine”, asegura  .
 
 
 
 
 
 


23
1

Otras Noticias

Cargando más noticias
Cargar mas noticias