La española que desplumó a Ronaldo y reina en el póker mundial

jueves, 6 de abril de 2017 · 07:22

elmundo.es / Sara Polo

 

¿Saben aquello dese pilla antes a un mentiroso que a un cojo? Pues esta historia va de algo así.

 

-¿Sabes jugar al póker?

 

-Ni idea.

 

-¿Te gustaría entrevistar a la campeona del mundo española de póker?

 

-Claro.

 

Una semana más tarde, el sol brilla en la Gran Vía, camino del Hotel de las Letras. La redactora, armada con su mejor sonrisa y con unas cuantas horas de estudio a sus espaldas (Dios bendiga internet) acude al encuentro con Leo Margets con un farol bajo el brazo: «Ante todo, que no lo note». Luces, cámara, mirada... Confesión.

 

-Te iba a mentir, pero me ibas a pillar. No sé absolutamente nada de póker.

 

Aún no ha empezado nuestra partida y ya me he retirado. Mal empezamos. Leo Margets es un puro nervio, habla muy deprisa, empieza una frase y acaba con otra, gesticula muchísimo, se ríe todo el rato. Pero cuando se sienta a la mesa -ya sea a la de juego o a la de café, como en este caso- y te mira, sabes que lo sabe. No en vano, con 25 añitos esta barcelonesa se plantó en Las Vegas y se comió a cientos de tíos mucho más experimentados que ella para convertirse en la Última mujer en pie en el Campeonato del mundo de Póker. Y sólo llevaba dos años jugando.

 

Aquella primera noche nacieron dos historias de amor: chica conoce a chico; chica quiere una copa post cena; chico rechaza copa porque ha quedado para jugar al póker; chica dice: «Pues me uno»; chica consigue al chico y se convierte en campeona del mundo de póker. «Tengo el gen de la flipadez: yo me creo capaz de todo», dice Leo Margets. Con su historial no queda más remedio que rendirse a la evidencia: puede, y pudo.

 

De enfrentarse a uno mismo y ganarse va el libro que presenta estos días, ¡juega bien tus cartas! En la vida y en los negocios (Editorial Penguin Random House), un glosario de habilidades aprendidas en la mesa y aplicables al día a día. También una carta de presentación de la última aventura de Leo, The Mindset Factory, una consultora de coaching empresarial que fundó junto a la ex jugadora de baloncesto Mar Rovira.

 

Disciplina, concentración, autoconocimiento... ¿Qué entrena el póker que no entrene el deporte de élite?

 

La aversión al riesgo. Desde que somos pequeños nos educan para entender que la opción segura es siempre la mejor, pero eso nos hace perder oportunidades. Buscamos la recompensa inmediata en lugar de mirar a la larga. Desapégate del resultado, evalúa una decisión y, si estás convencido, no dejes de tomarla aunque una vez te salga mal. No siempre evitar el riesgo es lo más seguro; a veces es, precisamente, lo más arriesgado.

 

Sabe bien de lo que habla. El destino de Leo estaba escrito desde la cuna. Hija de Juan Margets, director de operaciones de la Federación Internacional de Tenis desde hace 30 años y hasta el pasado septiembre, toda su familia está vinculada, en la cancha o en los despachos, a este deporte. También ella orientaba su carrera profesional a estos menesteres hasta que el póker se cruzó en su vida. No fue un acto de rebelión, un matar al padre, pero sí le «pesaba el apellido». «Tenía la sensación de tener que demostrar el doble, que estaba ahí por mí misma y no por mi familia. El tenis me gustaba, sí, pero no lo vibraba», reconoce. Y en medio de aquella crisis vocacional aparecieron las cartas.

 

En dos años de la nada al Campeonato del mundo. ¿Fue un golpe de suerte?

 

Todo el que llega a profesional ha tenido su momento de buen timing. El azar juega un rol muy importante, pero hay que saber maximizarlo y jugar bien. Yo dedicaba todo mi tiempo a estudiar y a prepararme y tuve un buen timing. No se puede decir que yo fuera la mejor jugadora del mundo y se materializara en Las Vegas, pero sí supe aprovechar esa buena racha para llevar la vida que me apetecía.

 

Jugaste y ganaste, pero no siempre es así. ¿Es más difícil saber ganar o perder?

 

Saber ganar, sin duda.

 

Leo tiene una mirada que intimida: firme, segura y directa a los ojos. No cuesta imaginar la frustración de todos esos tiarrones a los que eliminó en aquel World Series una completa desconocida, menuda, delgadita, de apariencia frágil. Odia que le pregunten por su condición de mujer «en un mundo de hombres», que es un planteamiento sexista, pero...

 

Pero tu mayor logro ha sido convertirte en la 'Última mujer en pie' en Las Vegas. Eso es machista ya, 'per se'.

 

Absolutamente.A mí me ha beneficiado muchísimo que en EEUU sean así de machistas, y den una copa a la última tía eliminada en un torneo en el que hombres y mujeres compiten en igualdad de condiciones. Es como si le dieran el premio al último pelirrojo en pie o al último que lleva camisa roja. No tiene ningún sentido y no hace ningún favor ni al juego ni a las mujeres. Me dieron la copa y ni siquiera sabía que existía. No estaba contenta, estaba de mal humor porque me habían eliminado y quedaban 26 tíos a los que quería ganar.

 

Puestos a tocar las narices a la entrevistada, pasamos de un tema espinoso a otro: la pasta. Porque en el póker se mueven cantidades obscenas, y muchas veces de dinero ajeno. No, Leo no ha pensado nunca en dedicarse a la banca, para desgracia de todos, pero tampoco acepta jugarse los cuartos de quien no entiende bien el juego. ¿Cuánto es lo máximo que ha ganado y que ha perdido en una mesa? «No me gusta hablar de dinero. [Se acabó la sonrisa, está visiblemente molesta] Pero como todo es público, diré que mi mejor resultado en un torneo ha sido en Las Vegas y gané 350.000 euros. Y lo máximo que he perdido en un día habrán sido unos 20.000 euros. Me estarán escuchando algunas madres y pensarán: 'Ni de coña quiero que mi hijo juegue al póker'. Que yo te cuente esto es una anécdota morbosa, obviamente no es mi día a día y no aporta demasiado a entender de qué va esto».

 

Guste o no a los jugadores, la cartera tiene un papel importante en su vida, incluso a la hora de elegir residencia. Leo volvió hace unos meses a Barcelona después de una expatriación de casi una década en Londres. «Me di cuenta de que prefería dar mucho dinero a Montoro, pero ser feliz».

 

¿Son muchos los exiliados del póker?

 

Todos. Todos los jugadores profesionales se han exiliado: a Reino Unido, a Canadá, a Latinoamérica... La ley española es una barbaridad. No nos permite deducir gastos. Yo voy a varios torneos al año y no puedo desgravar lo que me gasto en vuelos, hoteles, comidas... Cualquier autónomo podría, pero nosotros no.

 

No en todo el mundo pagan impuestos los jugadores. Aquí el Estado se lleva casi el 50% del premio.

 

Tenemos una doble imposición: pagan las salas o los casinos y paga el jugador sobre lo que gana. Además de que, de todos los jugadores, sólo un 5% gana dinero como profesional. En sitios como Reino Unido asumen que, puesto que todo el mundo pierde y las salas ya pagan impuestos, es preferible un sistema de cero tasas para los jugadores. Mientras no se considere el póker como un juego de habilidad y siga en el mismo saco que los juegos de casino, va a ser muy difícil que algo cambie.

 

No es la asfixiante fiscalidad lo que más empuja a los jugadores fuera de nuestras fronteras. Desde que, en mayo de 2011, entrara en vigor la llamada Ley del Juego, se estableció para el universo online una restricción .es: en España sólo se puede jugar entre españoles. Para los profesionales como Leo Margets, esto es poner puertas al campo: «Va contra la propia naturaleza del juego online. Aquí se demuestra que quien legisla no tiene ni idea».

 

Pero tú volviste...

 

Inglaterra está bien porque está cerca, pero a los españoles se nos hace muy duro. Aunque te pases el día en casa apretando botones, es insoportable que se haga de noche a las tres. ¡El clima es infernal! Si España hubiera hecho las cosas bien sería un destino ideal para los jugadores. Es gente que mueve grandes cantidades de dinero, un perfil muy deseable para un país.

 

Con este panorama, una industria que iba viento en popa y que apelaba a la profesionalización de los jugadores, tuvo que dar un quiebro y encomendarse al imaginario popular para atraer a las masas. Ronaldo, Neymar, Nadal... Todos juegan, pero no todos lo viven con la misma pasión. Nuestra entrevistada ha coincidido con algunas estrellas -«Piqué y Neymar, por ejemplo, juegan muy bien»-, pero fue un futbolista en particular quien logró ponerla en un aprieto. «Jugué con Ronaldo, el brasileño, en un torneo en Bahamas. No es técnicamente bueno, pero sí muy impredecible. Las primeras horas me hizo la vida imposible. No me eliminó, pero sí consiguió volverme loca un par de manos», recuerda.

 

Cuando Leo se sienta a la mesa, no ve caras, sólo rivales a batir. Lo mismo da si enfrente tiene a Matt Damon -al que ganó, no era tan fiero como lo pintaban- o a alguien con un disfraz ridículo.

 

Tenéis fama de estrafalarios, con esas gorras, esas gafas... ¿Qué es lo más friki que te has encontrado en una sala?

 

Un tío vestido completamente de buzo. [Carcajada generalizada en la sala] Llevaba escafandra y todo, ¡con la claustrofobia que tengo casi me da un patatús! Y luego hay sutilezas, como el que deja la cartera sobre la mesa para que veas el fajazo de billetes... Enseguida pillas lo que pretende con eso, y puede que con otros le funcione, pero conmigo no.

 

El póker es un juego basado en la estadística y el análisis de las posibilidades del rival. Algo así como la política. No, tampoco ha pensado Leo en dedicarse a las encuestas, para desgracia de todos, pero ya que es de Barcelona...

 

¿Cómo comentaría, en jerga de póker, la partida que están jugando Cataluña y el Gobierno español?

 

Cataluña hizo all in y en España no han querido ver el juego, han decidido no jugar. No es que se hayan retirado, simplemente no han dado pie a que ese juego existiera. Cataluña ha ido all in sin que hubiera apuesta previa.

 

Y ese 'all in' catalán, ¿era un farol?

 

Mmmh... Un poco sí. Era semi farol, en el sentido de que sí tenían outs. [Estupefacción] ¡Me has pedido jerga de póker!

 

Y aprovechando que tienes un segundo hogar en Las Vegas, ¿una buena jugada contra Trump?

 

Esperar a que meta la pata. Es un jugador inexperto que comete muchos errores y es relativamente fácil de jugar, aunque en un momento dado te haga la vida imposible.

 

Si hay una biblia audiovisual del póker, ésa es la película Rounders, que arranca con un consejo que todo jugador lleva grabada a fuego: «Así es el juego: si no distingues al primo en la primera media hora de partida, el primo eres tú».

 

¿Has detectado ya al primo?

 

No estaba en modo póker, pero no me da la sensación de que haya mucho primo en esta sala... ¡Igual, de repente, la prima soy yo!

 

 

 

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