La novelesca vida de una espía de la KGB en Uruguay

“María Luisa” de Las Heras, en el París de la posguerra, sedujo al pianista y escritor uruguayo Felisberto Hernández. Fue reclutada por el servicio secreto.
domingo, 9 de abril de 2017 · 00:00
Infobae / Uruguay 

 La tapadera de esta Mata Hari española -nacionalizada uruguaya- resultó tan efectiva que no fue sino en 1991, ya muerta la espía y "muerta” también la URSS, que se conoció su secreto. 

Podemos imaginar la sorpresa de los muchos amigos que "María Luisa” de Las Heras cultivó en el ambiente intelectual y político del Montevideo de la década del 50-60, cuando Vasili Mitrokhin, un burócrata de la KGB, vendió a los ingleses archivos robados del servicio secreto ruso, y así se enteraron de que esa respetable señora española, nacionalizada uruguaya y dedicada al comercio de antigüedades, era en realidad una espía a las órdenes de Moscú, estalinista acérrima y mujer de armas llevar.

En su larga foja de servicios al Kremlin figuran actividades de policía soviética durante la Guerra Civil Española -incluyendo el horrendo episodio del secuestro y ejecución del sindicalista Andreu Nin-, la supervisión de los operativos para asesinar a León Trotsky en México, el lanzamiento en paracaídas tras las líneas enemigas durante la Segunda Guerra Mundial, las transmisiones clandestinas por radio, el entrenamiento de otros espías.

Y lo que interesa especialmente aquí: más de 15 años de residencia en la capital uruguaya dedicados a montar y brindar soporte operativo a la red de espías que la KGB desplegó en el continente americano.

"Era amiga de mi madre y muchas veces nos cuidaba a mi hermana y a mí. La gallega, como la llamábamos, evidentemente era una señora sin escrúpulos. Nos cuidaba… ¡ella, la que planificó el asesinato de Trotski! La recuerdo como una señora muy correcta. Buena, pero no muy simpática”, dice Víctor Ramos, hijo del historiador y ensayista Jorge Abelardo Ramos. Su madre, Faby Carvallo, estaba muy vinculada a la intelectualidad uruguaya, el mismo ambiente en el cual se movía "María Luisa”.

Su desembarco en Montevideo constituye en sí mismo una brillante operación de espionaje que supera la trama de cualquier ficción. En el París de la posguerra, "María Luisa” sedujo al pianista y escritor uruguayo Felisberto Hernández. 

No fue casualidad. Era el "blanco” asignado por sus jefes del servicio secreto soviético que la habían reclutado, como a muchos otros militantes comunistas españoles, durante la Guerra Civil (1936-1939). El ya consagrado autor se enamoró de quien creía era una diseñadora de alta costura. Se casaron en 1949 y se instalaron en Montevideo.

Felisberto Hernández murió en 1964 sin saber el papel que involuntariamente había jugado en el entramado del espionaje soviético en Sudamérica, al abrirle a "María Luisa” no sólo las puertas del Uruguay sino también las de los círculos intelectuales del país, donde, entre otros, trabó amistades y otro tipo de relaciones.

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