El río que se tragó la tierra en México vuelve a aparecer

lunes, 1 de mayo de 2017 · 07:00

elmundo.es/ Ciudad de México / Javier Brandoli
Los expertos apuntan a una descalcificación del terreno. Iniciamos, en medio de una etapa como la actual de consumo inmediato y masivo de información, una serie en la que echaremos la vista atrás para tratar de cerrar historias que despertaron interés informativo hace más de un año. Éste es nuestro primer 'caso cerrado':

¿Qué ocurrió? El caudal del río Atoyac, en el estado mexicano de Veracruz, desapareció misteriosamente de forma repentina. Hace algo más de un año, entre las montañas de la Sierra de Veracruz, un río entero, el Atoyac, desaparecía de la noche a la mañana sin dejar rastro de su paradero. Lo que antes era agua ahora era sólo rocas sin rastro del líquido elemento y los habitantes de esta rural zona mexicana se preguntaban ¿dónde ha ido a parar el caudal?

Un año después El Mundo ha querido saber qué paso con aquel río que se tragó la tierra. "El agua ha vuelto en parte. Vinieron unos camiones y echaron 10 viajes de piedras de cantera y se tapó el agujero", explica a este periódico Porfirio Villalba, el responsable de Protección Civil de Atoyac. ¿Qué pasó? "Los expertos que vinieron a estudiar el caso nos dijeron que hubo una descalcificación del terreno y se hundió la tierra. Por debajo pasa una corriente subterránea", dice Villalba.

Sin embargo, lo que hizo el hombre es poner un parche ya que el agua sigue colándose entre las rocas y fugándose hacia el subsuelo. "Taponaron con piedra pero se sigue tragando un poco de agua. Si además añadimos que el sistema de riego de una zona agrícola le quita al río su cauce para desviarlo al canal... Es un ecocidio... Totalmente y eso es cada año por un lapso de seis o siete meses", concluye el responsable de protección civil.

Lo cierto es que el 'ecocidio' del Atoyac es real y completo y se produce unos cuantos cientos de kilómetros más al norte, en los estados de Puebla y Tlaxcala, donde la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) acaba de emitir un durísimo informe en el que acusa a un buen número de empresas de contaminar hasta llevar casi a la muerte a un caudal que debería dar servicio a 2,8 millones de personas. Todo ese proceso de destrucción de un río ha sido denunciado a las distintas autoridades que han mirado siempre a otro lado.

"A pesar de que la problemática de la contaminación del Río Atoyac y sus afluentes es del conocimiento de las autoridades recomendadas, y que existe una publicada declaratoria en la que se especifican límites de descarga de contaminantes a este cuerpo de agua más rigurosos, no han llevado a cabo las acciones necesarias para atender el caso por lo que las descargas irregulares de aguas residuales continúan", dice la CNDH.

"La contaminación del agua por sustancias químicas, como los metales pesados y contaminantes orgánicos persistentes, presentes en los aditivos químicos de equipos eléctricos, los productos de limpieza, los textiles y los muebles, pueden acumularse en los organismos de los seres humanos, fauna y flora, causando efectos carcinógenos y otros efectos adversos en los sistemas reproductivo, inmunológico, endócrino y en el desarrollo", detalla el informe.

El Atoyac, que en náhuatl significa "agua que corre", sigue por tanto amenazado de muerte en sus 200 kilómetros de longitud. El que hasta no hace mucho era un río de aguas cristalinas es hoy en muchos puntos un caudal de aguas negras del que ha desaparecido la mayoría de fauna y vegetación autóctona. Quizá por eso decidió esconderse debajo de la tierra, para evitar que el hombre persista con su empeño de destruirlo. Quizá más que una desaparición fortuita, fue una simple huida.




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