Brigitte Trogneux, ex profesora, abuela y primera dama

lunes, 15 de mayo de 2017 · 07:14
ABC.ES /
Emmanuel Macron desea restaurar el estatuto oficial de la primera dama de Francia, discretamente malparado tras dos presidencias muy tocadas por las peripecias sentimentales de sus predecesores, Nicolas Sarkozy y François Hollande.

Yvonne de Gaulle, la esposa del general, fue una figura tutelar de Francia, como su esposo, el patriarca fundador de la V República. Claude Pompidou ofició de gran señora durante la corta presidencia de su esposo. Anne-Aymone Giscard d’Estaing ayudó a su esposo a intentar modernizar el puesto oficial de primera dama. Danielle Mitterrand ejerció de conciencia crítica de su esposo. Bernadette Chirac ejerció de primera dama extendiendo sus responsabilidades a la consejería política.

Nicolas Sarkozy llegó al Elíseo acompañado de Cécilia Ciganer Albéniz (Attias, tras su tercer matrimonio). Pero las tribulaciones amorosas de la pareja devaluaron las primeras aspiraciones de Cécilia como primera dama, enamorada de un consejero de su esposo en el terreno de la comunicación. Tras una corta aventura con una periodista política, Sarkozy volvió a contraer matrimonio con Carla Bruni, una primera dama de mucho trapío.

François Hollande llegó al Elíseo acompañado de su amante, Valérie Trierweiler, a la que pronto traicionó con una actriz, Julie Gayet, instalada a quinientos metros del palacio presidencial, calificada de «first girlfriend» de Francia en la Casa Blanca de Obama.

Emmanuel Macron desea restaurar para su esposa Brigitte el estatuto oficial de primera dama, confirmando tareas y responsabilidades propias del rango. Brigitte Macron (Trogneux, de soltera; ex Auzière, apellido de su esposo y sus tres hijos), tendrá un despacho propio, en el ala izquierda de la planta baja del Elíseo, frecuentada por sucesivas generaciones de periodistas que han cubierto la presidencia de la República.

Papel humanitario
La primera dama de Francia, antigua profesora de literatura, trabajará en terrenos propios, de carácter previsiblemente humanitario y cultural. Durante su victoriosa campaña electoral, Emmanuel Macron repitió en varias ocasiones que el trabajo de primera dama de Francia requería una «dedicación plena», mucho más allá de la mera función ornamental que pudieron tener algunas predecesoras (Carla Bruni).

Ese trabajo práctico no estará reñido, sin duda, con la tarea menos rigurosa pero igualmente simbólica, esencial, de servir de «modelo» de las grandes marcas de la alta costura francesa, que ya prestan o regalan muchas prendas de Brigitte Macron, desde hace meses.

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