El chicle: el único 'alimento' que no se come

lunes, 22 de mayo de 2017 · 07:20
elmundo.es / Isabel Vilches
El chicle es el único alimento que no se come, no aporta nutrientes y sólo se masca por placer. Una degustación inocua siempre y cuando el producto no lleve azúcar sino un edulcorante natural menos calórico y dañino para los dientes.

Se rumia, porque no se traga, como se haría con cualquier comestible. "Cada persona tiene sus hábitos y movimientos únicos. Lo ideal sería mascarlo por los dos lados, para no cargar uno en exceso, pero siempre tenemos uno favorito", explica Bruno Baracco, vocal del Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de Madrid. Quien mastica con la boca abierta también lo hará con el chicle.

Esta masticación por pasatiempo resulta ser provechosa si se realiza con cierto producto y a determinada hora (y sin hacer globos, por educación). "Mascar chicle sí es beneficioso, siempre que no contenga azúcar y, en su lugar, se utilice xilitol, un edulcorante natural procedente de la madera del abedul", comenta el odontólogo. "Este ingrediente no genera ácido y por tanto no fomenta la aparición de caries y disminuye las bacterias en la boca (sobre todo los estreptococos), que causan el inicio del deterioro del esmalte", argumenta.

Lo ideal es que la goma de mascar se consuma justo después de la comida, a modo de postre. "Así evitamos un dulce, como punto y final a un almuerzo, y comenzamos a producir saliva. Una saliva que, de forma natural, no se generaría en cantidad suficiente hasta pasada media hora después de terminar de comer. Si nos adelantamos esos 30 minutos, nos beneficiamos de sus propiedades: calcio y fosfatos naturales y aumentamos el PH y se reduce así la acidez", revela el especialista.

"La saliva consigue neutralizar los ácidos de los restos de alimentos que se quedan en la boca", añade el dentista. De manera natural, según Baracco, la boca genera de un litro a litro y medio de saliva diaria, cantidad que disminuye a unos 0,3 mililitros por minuto en reposo. Al mascar un chicle, en los primeros cinco minutos, la cifra aumenta hasta los cinco mililitros, para luego estabilizarse en dos mililitros cada minuto. Números que sólo se alcanzan, como recuerda Baracco, si se está bien hidratado.

Como tiempo de mascado, el experto sugiere sacarle partido a la golosina durante media hora. Más no sería necesario. Además, el odontólogo aclara que se trata de una buena medida de urgencia, ya que el chicle jamás sustituye a un cepillo de dientes de manera habitual, "porque no cumplen la misma función".

Legado maya
Estas propiedades no son un descubrimiento actual. Según recoge la arqueóloga y antropóloga Jennifer Matthews en su libro Chicle: The Chewing Gum of the Americas, From the Ancient Maya to William Wrigley (Ed. University Of Arizona Press), los mayas utilizaban la goma de mascar procedente de la resina del árbol chicozapote hace unos 2.000 años. De ahí su nombre, sicte, que significaba savia, sangrado. Dulce y aromático, lo rumiaban para limpiarse los dientes e inhibir la sensación de hambre durante los rituales de ayuno.

En la actualidad, la receta es química. La mayoría de los chicles, y siguiendo la información de OrbitPro, el Programa de Salud Bucodental de la marca Wrigley, como patrón, emplea los mismos ingredientes. Están elaborados principalmente con goma base, para conseguir textura y elasticidad, una sustancia insoluble y no nutritiva que consigue que el chicle se pueda masticar durante horas sin que sufra cambios significativos. Para que se mantenga suave, la fórmula incorpora suavizantes, como la glicerina u otros productos de aceite vegetal. Incluyen también edulcorantes. Con el fin de evitar el azúcar, la mayoría de las marcas utiliza sorbitol, manitol, xilitol o alguna combinación entre éstos, que aportan dulzor sin añadir calorías. Y, para aportar sabor, se añade el aroma elegido. Casi siempre mentolado o frutal.

Peligro por asfixia
Los niños sólo conocen la masticación nutritiva. No conciben masticar (por ocio) y no ingerir. De ahí que las primeras veces que prueben un chicle -siempre sin azúcar como los adultos- deben estar vigilados por un mayor. Si se lo tragaran, no habría problema, como explica la odontopediatra María Carrillo: "No se pegaría a las tripas. Eso es un mito. Si el niño se tragase más de tres al día como mucho le podría provocar estreñimiento... El problema sería que el menor aspirase el chicle y se atragantase".

En cuanto a la edad adecuada para probar esta golosina, no existe una concreta. Pero los expertos coinciden en que los tres años y medio o cuatro, cuando el menor ya tiene todos los dientes de leche, sería quizás la apropiada, aunque siempre con control parental. "Los primeros días, el niño sólo deberá masticar unos minutos el chicle. Quince a lo sumo", aclara la odontóloga y profesora de esta especialidad en la Universidad Rey Juan Carlos (Madrid). Y vigilar también que no mastique con la boca abierta para que no trague mucho aire que le produzca gases.

Para gustos, los colores. Y para un aliento más fresco, sabores de menta, eucalipto o hierbabuena, siempre sin azúcar. Si no se toma en exceso, mata el mal sabor de boca y disfraza la sensación de hambre a corto plazo. "El problema que puede aparecer es que, si hacemos un consumo exagerado, y estamos todo el día, ñaca que te ñaca, gastamos demasiada saliva y jugos gástricos y las digestiones pueden ser más laboriosas y pesadas", alerta el dietista-nutricionista Luis Alfonso Monge.

¿Por qué o no consumir chicle?
A FAVOR: El aseo de emergencia
EN EL BOLSO Porque salva de un apuro:disminuye la ansiedad de picar entre horas, disfraza el mal aliento y evita la aparición de caries.

SIN REMORDIMIENTO Si es sin azúcar no fomenta la aparición de caries y no engorda. Una gragea(de 1,4 gr y 2,2 cm) aporta sólo unas 2 kcal.
NO SE PEGAN a los dientes... La mayoría de las marcas son aptas para personas con prótesis. Tranquilidad:tampoco se adhieren a las paredes del estómago si un niño se lo traga.
BONITA SONRISA y sin complejos. Como mascar chicle en público hace fijar la vista en la boca, quienes se atreven están a gusto con sus dientes.

VICIO ALPINO A los suizos les gusta más: consumen 222 unidades al año, mientras que en España sólo 79. Esta golosina está presente en el 48% de los hogares.
EN CONTRA: Una guarrada indestructible
SINGAPUR SE RINDIÓ Desde hace 25 años, está prohibido mascar chicle, así como su fabricación, importación y venta, porque sus habitantes lo pegaban en las puertas y paredes del transporte público e impedían su funcionamiento.

UN LUSTRO Hay que tener en cuenta que en la boca dura unos minutos, pero no se descompone de forma natural hasta pasados cinco años.
GASTO DE LIMPIEZA Es siete veces más caro que su precio en tienda. El Ayuntamiento de Logroño se gastó 0,35 euros en cada chicle que arrancó de sus aceras en 2016. Se debe tirar en el contenedor gris (orgánico).

MEJOR NO COMPARTIR Aunque no se sea escrupuloso. En cada gragea se adhieren hasta 10.000 bacterias que pasan de una boca a otra.
GASES Sí propicia, igual que una bebida carbonatada.

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