De compras en el centro comercial más 'exquisito' de Kim Jong-Un

martes, 9 de mayo de 2017 · 07:17
elmundo.es / Pyongyang /Javier Espinosa
Ri Sol Hui se explaya en las propiedades que atribuye a la gama de cremas para el cutis que comercializa en su estante. Según ella, hay muchas que se fabrican con extractos de ginseng, otras en base al té verde y alguna más con derivados de algas marinas.

A tenor de su relato si en el pasado la marca más popular era Fragancia, la línea de productos fabricados en la factoría de Sinuiju, en la frontera norteña con China, ahora la favorita de las norcoreanas es la firma Mirae. "Las dos cremas más populares son la de uso nocturno de Mirae, que vale el equivalente a siete dólares, y la que blanquea la piel, a ocho dólares el envase. Vendemos unos cinco o seis frascos cada día", asevera.

El giro en las preferencias de las consumidoras de Corea del Norte podría parecer insustancial si no fuera porque en este país todo -hasta los cosméticos- tiene un vínculo con el liderazgo.
Las cremas de la factoría de Sinuiji se convirtieron en un elemento recurrente de la retórica oficial después de que Kim Jong Il visitara el enclave y recomendara a sus subalternos que las incorporaran al material que se suministraba a las mujeres soldado para evitar que "se les agrietara el rostro y las manos".

"Eran tiempos duros para el país que sufría la Ardua Marcha -el subterfugio que se usa en Corea del Norte para referirse la hambruna que mató a cientos de miles- y nadie se preocupaba por las estrías en la cara de los soldados, pero gracias al ardiente cariño del presidente, las militares recibieron suministros de cosméticos", escribió recientemente la publicación oficial Korea Today en su habitual tono panegírico al recordar ese episodio.

Con el cambio en la cúpula del país, Mirae (Futuro) se erigió en un vocablo asociado a la nueva etapa que pretende promover Kim Jong-un y de ahí su reciente popularidad.

"¿La más cara que tenemos? La crema antienvejecimiento de Mirae. Cuesta 12000 wons (al cambio oficial serían cerca de 120 dólares)", añade Ri Sol Hui.

Como si esta conversación se estuviera desarrollando en cualquier capital europea, la dependienta aclara que en Corea del Norte el cuidado del físico tampoco es ya un cuestión exclusiva de féminas y se extiende a los hombres aunque estos se limitan en su mayoría "a lociones para después del afeitado".

La elegante sección de cosméticos del Centro Comercial Mirae -el mismo nombre de las cremas- es tan sólo un reflejo del estilo que impera en las tres plantas de lo que Pyongyang se ha esforzado por exhibir como uno de los establecimientos más exquisitos de la capital, incidiendo en el mensaje de que la carestía de los 90 queda ya muy atrás.

El propio dirigente norcoreano, Kim Jong-Un, visitó el lugar en marzo del año pasado junto a su esposa, Ri Sol Ju, quien parece estar convirtiéndose en un referente de la moda local para la incipiente clase media que está surgiendo al socaire de las tímidas medidas aperturistas promovidas por su esposo, según el Instituto de Investigación de Estrategias de Futuro KDB.

Ri "ha sido fotografíada con vestidos de estilo occidental, incluidas faldas cortas y bolsos de mano que semejaban ser de marcas (extranjeras) de alta gama", aseguró este think tank surcoreano recientemente. De hecho, durante el publicitado recorrido del líder por estas instalaciones -que dijo son un "modelo en el sector comercial del país"-, su consorte vestía un elegante atuendo azul claro que contrastaba con el tono absolutamente negro que dominaba la indumentaria del resto de los acompañantes.

El recinto se ha convertido en el escaparate más visible del nuevo estatus que Kim Jong-un pretende otorgar a la capital y ha sido ampliamente publicitado en los medios oficiales y en vídeos como el que asegura que se trata de "una exhibición de productos norcoreanos bien conocidos fabricados gracias a la tecnología y la ciencia orientada" por la ideología Juche, la misma que dictó el primero de los tres Kim y que en este país se promueve como si fuera una religión.

La estrella azul
"El 90% de los productos que vendemos aquí son norcoreanos", repite Ri Ok, la encargada de la sección de tecnología. El producto estrella de su departamento es lo que parece una copia literal del ordenador MacBook que se comercializa bajo el nombre de Estrella Azul y cuesta 72.000 won (720 dólares al cambio legal). "Tenemos tres marcas propias de ordenadores y cinco de otros productos electrónicos. Estrella Azul es el favorito porque es más rápido que los ordenadores de Apple. Lo comercializamos desde 2016 y vendemos cinco o seis cada mes. Usan Windows y nuestro sistema local, Estrella Roja, que es mucho mejor", agrega la empleada del lugar.

Kim In Ho es uno de los integrantes de la nueva clase -los norcoreanos los llaman donju o "maestros del dinero"- cuya capacidad adquisitiva les permite adquirir una segunda televisión de 170 dólares de otra empresa local. "La compré hace dos días pero he tenido que volver porque no se usarla. Es una televisión digital", aclara mientras escucha las indicaciones de la dependienta.

"Este centro comercial es un claro ejemplo de que las sanciones no nos afectan", opina uno de los funcionarios locales.

Pese al énfasis de los guías locales en remarcar las ventajas de las marcas norcoreanas, Mirae también incluye un extenso catálogo de artículos foráneos con nombres tan conocidos como Sony, Nikon, Panasonic, ropa de deporte Quechua o camisas francesas Daniel Hetcher a 92.000 wons (920 dólares) la unidad.

El tercer piso, dedicado a joyas, gafas y relojes es el mejor reflejo de los gustos que puede albergar la élite norcoreana ya que aquí se exhiben productos como gargantillas de oro traídas de Singapur de más de 1.300 dólares y relojes de pulsera Bering o Tissot, que en ocasiones alcanzan el estratosférico precio de 2.000 dólares, una cantidad difícil de compaginar con el sueldo de un empleado de una factoría norcoreana, que en el caso de la ciudad de Hamhung dijeron cobrar un máximo de 120 dólares al mes.

La mejora de las finanzas particulares de los norcoreanos -al menos de los capitalinos- no sólo se confirma ante la aparición de este tipo de objetos de lujo en el mercado local, el incremento en el número de suscriptores de teléfonos móviles -que ya son más de tres millones- o la proliferación de compañías de taxis en la capital, sino en la puesta en funcionamiento de elementos tan típicos de la economía de mercado como las tarjetas de débito -que no de crédito- o las de fidelidad, que ofrecen descuentos y beneficios a los clientes que más consuman.

"Yo pagué el equivalente a 2,5 dólares para conseguirla y no tienes cuota anual como en el extranjeros", explica un funcionario del partido refiriéndose a la popular tarjeta de débito Narea, cuyo logotipo de pago rojo y azul se puede apreciar en numerosos comercios no sólo de Pyongyang sino de otras ciudades como Wonsan o Hamhung.

El mismo sistema de ventas de Mirae y otros recintos comerciales ha abandonado el viejo estilo socialista que consistía en solicitar la mercancía, pagar y después acudir a un enésimo mostrador para recuperarla tras mostrar el documento de abono, para optar por el pago directo en caja. Según su publicidad, disponen incluso de un servicio de entrega a domicilio para el servicio de compra online vinculado a la plataforma Okryu, que vendría a ser la alternativa local de Amazon o Alibaba.

Pese a la preeminencia mediática que se le ha otorgado, Mirae no es el único gran centro comercial que existe en Pyongyang, que ha asistido en los últimos años a la multiplicación de estos recintos a la par que se recuperaba su exigua economía.

Enclaves como el centro Paraíso, el Departamento Nº 1, Kwangbok o la próxima inauguración de lo que será el mayor complejo de este tipo -un edificio que se construye a orillas del río Taedong- han reforzado la aserción de la mayoría de los expertos, que reconocen que la nación empobrecida y al borde del colapso de los 90 no es ya sino un estereotipo sin fundamento, al menos en Pyongyang. Un giro propulsado en gran parte por las medidas aperturistas como la multiplicación de mercados privados y la política de regulación de sueldos basados en la eficacia y productividad de los empleados, elementos también típicos de la economía de mercado.

"No puedes crear un espacio para la economía de mercado sin que poco a poco se apodere de todo. Es un proceso muy lento, el estado sigue decidiendo dónde se gasta el dinero y los fondos que se dedican al desarrollo del programa nuclear y de misiles son los que faltan para acelerar el progreso de la infraestructura del país y por tanto de su economía. Pero el hecho, es que Kim Jong-un ha cambiado ya el sistema aunque nadie lo quiere reconocer", opina Frank Rudiger, un economista especializado en Corea del Norte que viajado decenas de veces a este país.

Los analistas también inciden en que este desarrollo está generando -como ya ocurrió en China- una creciente diferencia de clases. Incluso en Pyongyang se pueden apreciar ya imágenes que contrastan tanto como la modernidad de Mirae o la que simboliza el ciclista que circula hablando con un manos libres enganchado a la oreja y la carestía que personifica la larga cola de ciudadanos que esperaban a recolectar agua potable de una fuente en la céntrica colina de Moranbong. Con todo, la principal pregunta que se hacen los economistas es si estos pequeños gestos se inspiran en el ejemplo que sentó Deng Xiaoping en China a partir de 1978 o podrían revertirse, como ocurrió en el pasado.

Para Jonathan Pollack, del think tank Instituto Brooking, "la principal diferencia con China es que en Corea del Norte no quiere cambiar el sistema, quiere que funcione", una tesis que también sostiene Rudiger. Pollack recuerda como el propio Deng Xiaoping invitó a Kim Il Sung, ya en 1982, a observar las transformaciones que estaba aplicando en la provincia de Sichuan "instándole a imitarle", algo que es evidente que no hizo. "En Corea del Norte no existe una determinación clara para avanzar en el sentido de la apertura como sí existía en China", sentencia Pollack.

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