El beso de amor en público, aprendiendo de Trump y Macron

lunes, 12 de junio de 2017 · 07:02
elmundo.es/ Álvaro Hermida
La mano de ella acariciándole la barbilla, el brazo de él ciñendo su cintura; la distancia entre sus labios, inexistente; los ojos, entornados... ¿Un fragmento de un relato erótico? No, la postura en que posa en su foto más famosa la pareja del momento, el presidente de la república francesa desde el 14 de mayo, Emmanuel Macron, y su mujer, Brigitte. Y si ellos lo hacen, está claro que lo que podemos y lo que no podemos hacer en público con nuestra pareja ha cambiado también para el resto de los mortales, incluidos los 11,4 millones de parejas que existen hoy en España, según el INE.

Propio del filósofo Ortega y Gasset sería decir que nosotros, simple masa, seguimos a las élites, esas que vemos a diario en las noticias, las aborrezcamos o las idolatremos. Hasta hace poco el faro de buen gusto estaba en la pareja más poderosa del mundo, los Obama. Nadie parecía tener la menor duda de que fuera un matrimonio amante y compenetrado, sensación que transmitían con abundantes gestos de cariño (cogerse de las manos era habitual en ellos), miradas cómplices y sonrisas dedicadas. No hace falta decir que la llegada de Trump al poder nos han dejado sin la guía que teníamos con los Obama sobre el protocolo de las expresiones en público del amor.

Comentarios y análisis detallados de cada gesto de pareja entre el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su mujer, Melania, surgen cada vez que aparecen juntos públicamente. Como explica la consultora experta en habilidades de comunicación personal Teresa Baró, "Donald Trump se esfuerza por transmitir una imagen de gran poder, pero Melania socava esa imagen, por ejemplo, cada vez que rechaza su mano. En Estados Unidos son muy dados a aparecer en actos públicos con la pareja, pero siempre que con ello se refuerce la imagen de unidad. Pero el público percibe cuando las cosas van mal en casa".

Y eso es precisamente lo que transmiten Trump y su esposa en cada foto donde aparecen juntos: nada de afecto, nada de atracción entre ellos, ninguna simpatía mutua, cero complicidad. El experto en comunicación no verbal José Hermida explica, no obstante, cómo esas actitudes podrían ser premeditadas: "El público diana de Trump está orientado hacia el hombre de éxito de los 70, ese segmento del electorado que confunde cortesía con debilidad". De ahí que los constantes desprecios que el presidente dedica a su esposa -caminar delante de ella, no coger su mano cuando era preceptivo y sí fuera de lugar, rechazarla con gestos...- podrían ser percibidos por los votantes republicanos como una exhibición de poderío y masculinidad.

El contrapunto a lo anterior viene dado por el presidente francés, Emmanuel Macron, y su pareja, Brigitte. Ambos han recibido mucha atención de los focos, no solo por su posición, sino por lo inusual de su relación, dado que ella fue su profesora en el instituto y le lleva 25 años. En su foto más famosa, descrita al inicio de este texto, así como en otras, transmiten una imagen de cariño mutuo verdadero y de efervescente pasión, por la que se dejan llevar sin tener en cuenta (o eso parece) las cámaras, un paso más allá de los rituales de cariño, más familiar e inocente, de los Obama. Pero, ¿podría ser todo una pose? José Hermida cree que no: "Los gestos no se pueden fingir. A lo más que puede llegar la mente consciente es a 'no expresar nada', pero aun así estaríamos transmitiendo un mensaje. Instintivamente, los espectadores evalúan la autenticidad de la emoción. Y no suelen equivocarse. En el caso de Brigitte Macron, ella cierra los ojos. Es algo que hacemos instintivamente cuando "degustamos" un bienestar, un sabor o cualquier otra sensación placentera".

Ante estos ejemplos la pregunta es: ¿Qué podemos hacer nosotros, dónde está el límite a las muestras de cariño en público? ¿Debemos usar de guía la distancia que exhibe tradicionalmente el presidente Mariano Rajoy con su esposa Elvira Fernández -incluso en su foto más apasionada, tomada en 2016, ella mantiene los ojos abiertos y no hace ningún gesto de cariño con brazos, manos o cuerpo mientras él la besa sin acercarse demasiado- o la dosificada pero intensa pasión de Pedro Sánchez con su mujer Begoña (beso con los cuerpos pegados, el brazo de él enroscado en la cintura de ella y Begoña con los ojos cerrados y actitud corporal que transmite un sexy abandono)? Según Teresa Baró, el límite está claro: "Cuando es innecesario. Cuando la pareja se comporta como si estuviera en la privacidad de su casa. Cuando los gestos son más que una muestra de afecto y pasan a tener una componente de sensualidad".

También es importante no fingir porque, como sucede con Trump y Melania cuando intentan parecer una pareja "normal", las muestras de cariño fingidas siempre se notan, apunta José Hermida. "Todo el mundo que ve en la calle a una pareja sabe perfectamente cuál es la intensidad de la relación que mantienen o no mantienen, incluida la sexual, simplemente a través de su actitud corporal y su gestualidad", afirma el experto.

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