El “ovni comunista” que fascina en Bulgaria está casi en ruinas

Esta gigantesca construcción circular que antaño podía albergar hasta a 400 visitantes a la vez, todavía planea en su pedestal a más de 1.400 m de altitud.
miércoles, 17 de octubre de 2018 · 00:04

AFP / Buzludja, Bulgaria

El edificio comunista de Buzludja, una especie de ovni de hormigón colocado en la cumbre de una montaña, es un monumento que en Bulgaria se relaciona con un régimen denostado pero que levanta pasiones entre los turistas y expertos occidentales, que quieren salvarlo de la ruina.

Inaugurado en 1981 como un símbolo del socialismo triunfante, esta gigantesca construcción circular que antaño podía albergar hasta a 400 visitantes a la vez, todavía planea en su pedestal a más de 1.400 metros de altitud, en la cadena montañosa de los Balcanes, en el corazón del país.

Se utilizó mármol y cobre para decorar las 75.000 toneladas de hormigón, de acero y de cristal que conforman esta proeza arquitectural de unos sesenta metros de diámetro, cuya estrella roja era visible, en días despejados, en Rumania y Grecia.

Pero sus días de gloria fueron pocos. Abandonado desde la caída del régimen comunista en 1989, en la actualidad está corroído por la mala hierba, ya despojado de sus precisos ornamentos.

Una ONG para la protección inspecciona el lugar.

Durante mucho tiempo sólo lo conocían los amantes del turismo insólito, que llegaban atraídos por la particularidad del lugar y por los vestigios de los eslóganes comunistas en sus paredes.

Pero ahora, el ovni ha entrado en el radar de los especialistas internacionales de la defensa del patrimonio. “En su estilo brutalista, es un verdadero éxito arquitectónico del siglo XX. Este monumento es, por supuesto, excepcional por su dimensión y por su potencia”, subraya Laurent Levi-Strauss, exdirector adjunto del departamento de preservación del patrimonio cultural de la Unesco.

Esta construcción es patrimonio cultural de Europa.

Patrimonio cultural

Para el arquitecto británico Graham Bell, “es un edificio increíblemente impresionante, pero tan increíblemente triste a causa de su estado de deterioro”.

La ONG Europa Nostra, para quienes esos expertos efectuaron recientemente una visita al lugar en presencia de periodistas de la AFP, clasificó Buzludja entre los siete sitios culturales más amenazados de Europa.

“Forma parte del patrimonio cultural europeo, pero Europa apenas sabe de su existencia”, lamentó Bell. Para la ONG, el edificio todavía puede salvarse parcialmente con fondos europeos.

El ingeniero Mario Aymerich, del Instituto del Banco Europeo de Inversiones, dio muestras de su entusiasmo y subrayó las “soluciones innovadoras” desplegadas para la construcción de la cúpula del edificio. Una atención internacional súbita acogida favorablemente por los pocos defensores búlgaros del monumento, incluido su arquitecto, Gueorgui Stoilov.

“Está bien que Europa se interese (por el edificio), puesto que Bulgaria no lo hace”, apunta el arquitecto, de 89 años. Si bien suele estar solicitado por los locales para los reportajes de boda o para rodajes de películas, Buzludja nunca ha estado entre las prioridades de las autoridades búlgaras, sometidas desde los años 1990 a un estricto régimen de austeridad presupuestaria y poco deseosas de dedicarle medios a un edificio tan aislado como connotado.

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