La lencería se reinventa en los tiempos del #MeToo

Hay que desacomplejar a las mujeres y permitir que la lencería sea más accesible. Ya no quieren mujeres retocadas con Photoshop…, hay que cambiar el discurso.
viernes, 18 de enero de 2019 · 00:04

AFP  / París

“No hemos encontrado una alternativa al trasero para vender lencería”, afirma Sarah Stagliano, una de las nuevas diseñadoras de lencería francesa que busca la fórmula para vender ropa interior seductora en tiempos del #MeToo. 

Los tangas y sujetadores push-up pierden fuelle, la comodidad se antepone a la ultrasexualidad e incluso la propia noción de seducción se está redefiniendo en función del bienestar femenino y no del deseo masculino. Así, parte de la publicidad de la lencería empieza a cambiar, alejándose de la imagen de la “mujer objeto”. 

En este contexto, la última campaña de Aubade, marca de gama alta que reivindica desde hace 60 años la “seducción”, suscitó la polémica en diciembre debido a la imagen gigante de unas nalgas perfectas debajo de unas bragas con bordados que colgó en la fachada del centro comercial Galerías Lafayette en París. 

La concejal comunista de la capital Hélène Bidard pidio “el retiro inmediato de esta campaña sexista, con una mujer sin rostro”. Otros reivindicaron que en los países donde se prohíben estas imágenes, las mujeres son maltratadas. 

“No nos lo esperábamos, pero no nos afectó”, comentó a la AFP Martina Brown, directora general delegada de Aubade, recordando que sus famosas campañas Lecciones de seducción de hace 25 años “chocaron, pero no impidieron que las mujeres compraran los productos”. “A las mujeres les encanta ver la finura de los bordados, los encajes… Esto nos llevó a aumentar el zoom y cortar la cabeza, ¡es la única manera!”. 

Ya hace 20 años que algunos fabricantes “muestran mujeres normales y no modelos. Es decisión suya. Nosotros preferimos hacer soñar”, dijo Brown. 

Henriette H, una reciente marca de lencería conocida gracias a Instagram, desfilará el 20 de enero en París junto a Aubade y una quincena de otras firmas del sector en un pase destinado a promover el savoir faire francés. 

Su creadora, Sarah Stagliano, de 36 años, abrió una tienda en París llamada Casa abierta, donde las bragas y otras prendas con motivos seductores se prueban en cabinas colocadas en los aparadores. 

La clienta elige si corre la cortina o no. “Puede ser polémico, pero si la mujer decide exhibirse en la vitrina, es libre de hacerlo”, afirmó la creadora defendiendo que cada una tiene el derecho de tomar sus propias decisiones, incluida la de ser un “objeto sexual”.

 Una treintañera, Jazzmine, es imagen de la marca desde hace seis años.  En las fotografías, se muestra tal y como es y se opone a que se retoquen sus senos, aunque “estén un poco caídos” debido a la lactancia.  Pero los clichés sensuales prevalecen. “Para vender unas bragas, necesito un trasero porque sigue siendo el lugar donde se colocan”. 

“Si vendiera nata y enseñara un par de nalgas, sí que tendría la impresión de utilizar indebidamente la imagen de la mujer”, según Stagliano.  A la inversa, la firma familiar Simone Pérèle presenta desde hace un año sus prendas como naturalezas muertas, colocadas sobre un sofá o revelando sólo un tirante que lleva una escritora o una atleta.

 

Conozca los secretos del sujetador 3D

AFP  / París

 Diseñado en 3D, confeccionado con una precisión milimétrica y probado por mujeres de carne y hueso antes de su comercialización, el sujetador es una prenda sofisticada formada por hasta 30 piezas. 

Hacen falta entre 18 meses y 2 años y medio entre el primer esbozo y la llegada de esta prenda a la tienda y es que los nuevos modelos se retocan 40 veces en promedio. En la firma familiar de lencería de alta gama Simone Pérèle, unas 80 colaboradoras aceptan probar sus creaciones. 

Se comprometen a llevar el sujetador al menos tres días y lavarlo cada noche para poner a prueba la resistencia de los tejidos. Unas veces son necesarios dos retoques, otras, hasta 10. 

El savoir faire de este taller consiste en ajustar todas las piezas que conforman un sujetador, entre 20 y 30, entre los elementos de refuerzo, el tul, los encajes… Como la moda, el sujetador está supeditado a las tendencias del momento.  “La comodidad ha recobrado el protagonismo. El sujetador es la primera prenda que se pone una mujer y está en contacto con la piel todo el día. La seducción viene después”, comenta Alain de Todellec, presidente de la asociación francesa de promoción de la corsetería Promincor-Lingerie. 

En este contexto, el push-up, que realza el pecho, “pierde terreno, puesto que el mercado se decanta por un vestir natural”, afirma Todellec.

 

 

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