Egon Krenz, último líder de la RDA y vocero de la "Ostalgia"

viernes, 25 de octubre de 2019 · 10:23

AFP/

Pasó a la historia como el último líder de la República Democrática Alemana (RDA). Treinta años después de la caída del Muro de Berlín, Egon Krenz no reniega de nada y es el portavoz de los "ostálgicos" que extrañan el régimen comunista.

En buena forma a los 82 años, Egon Krenz se mantiene como un empedernido defensor de la RDA y la URSS. Sus conferencias atraen a muchos curiosos que escuchan sus anécdotas y reciben cálidos apretones de manos y guiños cómplices.

En el fondo, una sola cosa le interesa: decir su verdad sobre el 9 de noviembre de 1989 y la disolución en pocas semanas de un país que acababa de celebrar su 40 aniversario.

Presidente del consejo de Estado de la RDA del 10 de octubre al 3 de diciembre de 1989, luego de que Erich Honecker fuese expulsado del poder, Krenz asumió con la promesa de una "ofensiva política y diplomática" para reformar un país en crisis pero no pudo hacer nada.

Champán y no sangre

Lo barrieron las manifestaciones, el creciente alejamiento de una parte de la población y al final el abandono de Moscú.

Incluso, Krenz precipitó sin querer la caída del Muro, con un intento mal preparado y peor anunciado de flexibilización del derecho a viajar al extranjero que se fue de control.

Cuando los guardias fronterizos de la RDA abrieron los puestos aquella noche, "nadie del lado este fue al Muro de Berlín para demolerlo", afirma Krenz, 30 años después, y ve en ello el accionar de los alemanes occidentales.

Por otra parte, explicaba recientemente en Berlín, "nadie llamó a aquello la 'caída del Muro'", un "término ideológico inventado mucho más tarde.

Pero lo más importante, a su entender, es que "no hubo un solo disparo" aquella noche. "Corrió champán y no sangre. ¡Y es no fue obra del canciller (Helmut) Kohl, sino más bien de la RDA!", subraya, en referencia al ex líder del gobierno de la RFA.

Miembro clásico del aparato burócrata comunista, Krenz escaló todos los peldaños, desde la militancia juvenil hasta el ejército, pasando por estudios en Moscú y puestos de responsabilidad en la seguridad y la propaganda.

La consagración le llegó 1983, cuando entró en el Buró político del partido, donde rápidamente fue considerado como el heredero de Erich Honecker.

'Heredero desafortunado'

Cuando finalmente reemplazó a su mentor, prometió reformas al estilo de la Perestroika llevada adelante en la URSS por Mijaíl Gorbachov. Pero no logró la confianza de los alemanes del Este.

La población no olvidaba que algunos meses antes, en junio de 1989, aún celebraba una "restauración del orden" tras la terrible represión en la plaza Tiananmen por parte del régimen chino.

En las manifestaciones en RDA, fue caricaturizado en las pancartas como el lobo disfrazado de abuelita de "Caperucita roja": "Abuelita, ¿por qué tienen los dientes tan largos?".

Ahora es visto por los historiadores como el "príncipe heredero desafortunado", según palabras de Stefan Bollinger, politólogo en la Universidad Libre de Berlín.

"Llegó al poder demasiado tarde y era demasiado incoherente para tener una influencia real en el curso de la Historia", afirma Bollinger.

En 1997, fue juzgado por la muerte de cuatro personas que murieron, entre 1984 y 1989, intentando cruzar al oeste. Fue condenado a seis años y medio de prisión, pena de la cual purgó finalmente cuatro años. Una "justicia de vencedores" y una "persecución política", denunció.

Desde que recuperó la libertad se instaló a orillas del mar Báltico, en la pequeña ciudad de Dierhagen, de donde sale con gusto para defender la RDA y Rusia.

"No había solo opositores. También había millones de personas que disfrutaron el hecho de vivir en la RDA", recordaba en marzo de 2017 en una entrevista a la agencia DPA.

"Se hace como si la historia de la República Federal Alemana fuese un éxito total y la de la RDA un fracaso. Pero no era todo blanco o negro", insistía.

 

 

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