Jugar al ajedrez para olvidar la guerra en Sudán del Sur

martes, 26 de marzo de 2019 · 09:57

AFP /

Las jugadas se encadenan en un patio trasero de Juba, la capital de Sudán del Sur, bajo la luz del atardecer. Ante un pequeño grupo de espectadores Angelo Legge sortea sin esfuerzo la defensa siciliana de Deng Costa.

Se distraen por los gritos de hombres que miran un partido de fútbol cerca de allí. Vuelven a concentrarse. Deng Costa, de 28 años, está decepcionado. Angelo Legge, de 36 años y mirada vivaracha, ha ganado la partida. Su adversario se aleja suspirando.

Es un domingo como otro cualquiera. El club de ajedrez de Munuki (distrito de Juba), nacido en un país en guerra, obtuvo en 2018 su primera medalla de oro en un concurso internacional de ajedrez.

Angelo Legge asegura que sus compañeros le llaman "Angelo el Grande". Aprendió a jugar cuando estudiaba ingeniería en la ciudad sudanesa de Jartum durante la guerra de independencia del Sur.

Una independencia que Sudán del Sur logró en 2011. Fue una tregua corta porque a finales de 2013 se sumió en una guerra civil.

En su primer torneo en Sudán del Sur, en 2014, Angelo Legge terminó en tercer puesto. Para él, el ajedrez es ante todo una forma de olvidar una guerra que le impide ganarse la vida como ingeniero.

"Cuando estoy frustrado juego al ajedrez, encuentro soluciones", cuenta. "Es una forma de pasar el tiempo, y también de despejar la mente y visualizar lo que será mi próxima jugada en la vida".

Medalla de oro

Después de más de cinco años de una guerra marcada por atrocidades étnicas y millones de desplazados, el club de ajedrez es uno de los pocos lugares de encuentro pacífico entre miembros de distintas comunidades.

"La mayoría de las etnias y tribus juegan aquí al ajedrez", afirma Angelo Legge. "Nos hemos convertido en una cofradía y nos respetamos".

Deng Costa, su rival, estudia ciencias aplicadas en la Universidad de Juba y sueña con participar en las Olimpiadas de Ajedrez, una competición internacional bianual entre equipos nacionales.

"El ajedrez junta a la gente, por eso me gusta", explica Deng Costa, quien aprendió a jugar de adolescente.

La asociación sursudanesa de ajedrez fue cofundada en 2009 por Jada Albert Modi, consultor del ayuntamiento de Juba.

Ajedrecistas se enfrentan en el club Munuki, en Juba, Sudán del Sur. / AFP

Es miembro de la Federación Internacional de Ajedrez (conocida como FIDE por sus siglas en francés) desde 2016. Ese año, en las Olimpiadas de Bakú en las que participaban 45 países, los sursudaneses quedaron segundos en su categoría. En 2018 fueron primeros.

"Era la primera medalla de oro para Sudán del Sur, en cualquier disciplina deportiva", asegura Modi.

Y eso que Sudán del Sur ocupa el puesto 126 sobre 185 en la clasificación mundial de la FIDE. El país africano mejor posicionado es Egipto, como 47º.

Gran Maestro

Modi ignora a qué se debe la popularidad del ajedrez en Sudán del Sur pero asegura que durante la guerra de independencia "los oficiales y los soldados jugaban al ajedrez cuando no combatían". "Muchos de nuestros dirigentes gubernamentales juegan".

Jada Albert Modi se alegra de que en el club Muniki desaparezcan las barreras sociales. Médicos y embajadores juegan con estudiantes.

"Existe realmente una gran diversidad de gente", dice. Cuando Juba fue escenario de combates en 2013 y 2016 -añade- "cuidábamos unos de otros".

"Creo que el deporte junta (...) y en Sudán del Sur necesitamos que la gente aprenda a conocerse. No a través del espectro tribal o étnico, sino de nuestras capacidades, aficiones e intereses mutuos".

Modi sueña con introducir el ajedrez en los colegios, sobre todo para que las niñas aprendan. Y, quién sabe, a lo mejor un día Sudán del Sur contará con un Gran Maestro Internacional, el título más alto para un ajedrecista.

Para progresar los sursudaneses deben participar en más competiciones, en particular en el extranjero, pero "la mayoría de nuestros jugadores no pueden permitírselo financieramente", lamenta Modi.

Después de más de cinco años de guerra, un acuerdo de paz firmado en septiembre permitió poner fin a los combates en buena parte del territorio y especialmente en Juba, donde Angelo Legge sueña con un futuro estable.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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