Un español diseñó el primer traje espacial, años antes que la NASA

El traje de Herrera permitía total movilidad, protegía de la radiación solar, resistía cambios de temperatura y presiones extremas y suministraba oxígeno.
martes, 14 de mayo de 2019 · 00:04

EFE / Madrid

 Después de 50 años de que el hombre pisara la Luna por primera vez, viajar al espacio ha dejado de ser extraordinario y varias veces al año vemos cómo los astronautas van o vuelven de la Estación Espacial Internacional, donde hombres y mujeres de todas las nacionalidades trabajan desde hace 20 años.

Pero en 1969, conseguir que el Apolo 11 y su tripulación llegaran a la Luna y regresaran a la Tierra sanos y salvos no fue nada fácil.

Para llegar hasta ahí hicieron falta años de trabajo y un enorme (e incomprendido) gasto público, pero, sobre todo, fue esencial el papel desempeñado por unos cuantos visionarios que siempre creyeron en un futuro todavía inimaginable.

Uno de esos hombres extraordinarios fue Emilio Herrera, aviador, ingeniero, inventor y aventurero español que diseñó un prototipo de traje espacial 30 años antes que los ingenieros de la NASA. Pese a ello,  Herrera sigue siendo un personaje muy desconocido en España.

Hace pocos meses, el Gobierno español –a iniciativa del ministro de Ciencia, Innovación y Universidades, Pedro Duque– trató de devolver “el honor y la memoria” a este ingeniero granadino a quien la dictadura de Franco retiró la medalla de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales por razones políticas. “Herrera fue un hombre excepcional, que se implicaba con fuerza y empuje en los proyectos que emprendía. Su historia me es muy cercana por mi formación y trayectoria”, destaca en declaraciones a EFE el ministro (y todavía astronauta).

“Impulsado por la figura de su padre, quien organizaba ferias y espectáculos científicos en Granada a finales del XIX (trajo los primeros globos aerostáticos de Francia, por ejemplo), Emilio se interesó desde muy joven por la ciencia”, detalla a EFE, Juan F. Cabrero Gómez, físico del Laboratorio de Instrumentación Espacial Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA).

La falta de facultades científicas en España le obligó a completar su formación por la vía militar, en la recién creada Academia de Ingenieros de Guadalajara.

Ahí trabajó con los globos aerostáticos, donde aprendió a pilotarlos, y se habituó a utilizarlos para campañas científicas como la observación de los cambios en las capas altas de la atmósfera durante un eclipse solar, en Burgos (1905).

“Durante ese tipo de pruebas se dio cuenta de que subiendo en globo se observaban cosas que no se apreciaban desde tierra pero, en ese momento, técnicamente, la única manera de hacerlo era hacerlo desde una barquilla presurizada”, relata Cabrero.

A partir de ahí, Herrera no dejó de pensar en un método que permitiera a los hombres superar la atmósfera y mantener la movilidad de manera autónoma, “pero para eso hacía falta una nave espacial adaptada al cuerpo, es decir, un traje espacial”.

Entre 1915 y 1930 se dedicó en cuerpo y alma a la investigación aeronáutica y al diseño de una “escafandra estratosférica” que le permitiera llegar a las capas más altas de la atmósfera.

Exiliado en París, tras la Guerra Civil española, fue contratado por la Agencia Espacial Francesa y después, en Suiza, por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), donde recomendado por su amigo el físico Albert Einstein trabajó como consultor para el uso pacífico de la energía nuclear.

Herrera y su mujer subsistieron gracias a los derechos de sus patentes y a los artículos de divulgación científica que escribió en numerosos periódicos y revistas, muchos de ellos dedicados al peligro de construir armas  como la bomba atómica.

Herrera falleció en Ginebra en 1967, en la década en la que la NASA desarrolló el programa Apolo que en 1969 culminaría con la llegada del módulo Eagle, que llevó a un hombre a la Luna.

Traje adelantado a la NASA

Los trajes de Armstrong, Aldrin y Collins estaban basados “parcialmente” en el diseño de la escafandra “estratonáutica” de Herrera, dice Duque, un prototipo que ya en los años 30 “resolvía el problema de movilidad”, “algo que la NASA tardaría décadas en conseguir”, añade Cabrero.

Herrera lo logró dándole forma de acordeón a las zonas de las articulaciones, una idea muy similar a la que hoy en día usa la NASA para hacer sus trajes 

 

En 1935, cuando Herrera hizo las pruebas de resistencia, su traje resolvía todos los retos del momento: permitía total movilidad, protegía de la radiación solar, resistía los cambios de temperatura y las presiones extremas, y suministraba oxígeno gracias a una botella con autonomía para más de dos horas. 

En total, el equipo completo  pesaba 127 kilos, tan solo tres kilos menos que los trajes que llevan los astronautas de la NASA desde 1982, y llevaba incorporado un casco de chapa de acero, forrado de fieltro y recubierto de aluminio pulimentado. 

Además, el casco contaba con un sistema de comunicación radiotelefónico y con un triple cristal irrompible con filtros, que protegía a la vista de la luz ultravioleta y los ultrarrojos. Tenía superposición de capas.

 

 

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