Iguazú, un paraíso escondido entre seis plantas hidroeléctricas

Más de 80 especies de mamíferos, 90 de peces y 300 de pájaros habitan la zona donde nacen las cataratas en Brasil, que conviven con las plantas de energía.
miércoles, 24 de julio de 2019 · 00:04

EFE / Capanema, Brasil 

 Desde que nace en  Curitiba, en el sur de Brasil, las aguas el río Iguazú recorren cerca de 1.300 kilómetros hasta dar origen a una de las siete nuevas maravillas del mundo, un trayecto que alberga seis plantas hidroeléctricas y que esconde vida salvaje que sobrevive a la intervención humana.

Aunque 170 kilómetros de este río forman parte del preservado Parque Nacional del Iguazú –agua grande en tupiguaraní–, la interferencia humana en su curso es alta. Pese a contar con seis hidroeléctricas, la última de ellas inaugurada el pasado mayo por el presidente de la española Iberdrola, Ignacio Galán, es el uso desordenado de sus recursos lo que más afecta la calidad del agua, que sufre sobre todo los efectos de las actividades agropecuarias y de la minería.

Foto:EFE  

Asimismo, más de 80 especies de mamíferos, 90 de peces y 300 de pájaros habitan la zona, que cuenta con un gran potencial para convertirse en un popular destino para el ecoturismo –tanto para Brasil como para Argentina– y más allá de las Cataratas de Iguazú, las cuales  reciben cerca de dos millones de visitantes al año, sólo en el lado brasileño.

Paseos en barco y senderismo son algunas de las opciones que se ofrecen a los turistas que desean subir el río más largo del estado de Paraná para descubrir qué esconden sus aguas, todavía calmas y silenciosas, que no dan una sola pista de toda la fuerza y exuberancia que ganarán cuando encuentren caídas de hasta 82 metros de altura.

Al final de su curso, estas aguas alcanzan una velocidad de casi siete metros por segundo, seis veces superior a la media de un río común, con fuerza suficiente para arrastrar una piedra de 10 toneladas. La exagerada belleza de las cascadas gigantes que se encuentran en la frontera entre Brasil y Argentina impresiona, pero la sencillez y la tranquilidad del río que les da origen también. Por eso, la empresa Macuco Safari, que ofrece distintas actividades en las cataratas desde hace 30 años, decidió el pasado febrero empezar a operar de forma permanente en la ciudad de Capanema, a unos 90 kilómetros (por el río) de Foz de Iguazú.

Foto:EFE  

“En Capanema tenemos los senderos seguidos de cascadas, como el sendero Silva Jardín, que es fantástico, con una cascada de 50 metros de extensión y ocho de altura. Son cuatro kilómetros de senderos”, explicó a EFE el gerente comercial de la empresa, Cleverson Teixeira.

Sobre los atractivos de Capanema, que incluyen un total de seis senderos y paseos en barco, destacó la Isla del Sol, que se queda en “el corazón” del parque nacional, que cuenta con una superficie total de unos 1.700 kilómetros cuadrados repletos de animales como agutíes, carpinchos, coatíes y hasta jaguares.

El experto dijo que en los primeros tres meses de funcionamiento recibieron a cerca de 2.000 visitantes interesados en el ecoturismo, que tiene por detrás también una filosofía de concientización sobre la importancia de la preservación medioambiental. “La población se está concientizando, no están tirando basura ni vertiendo residuos. Llevamos a cabo recientemente una acción ecológica que fue muy positiva”, contó.

 Teixeira sostuvo que las hidroeléctricas  no perjudican la vida salvaje local y que constituyen un atractivo turístico más. 

Una de ellas es Baixo Iguaçu, perteneciente a Neoenergia –subsidiaria de Iberdrola en Brasil–, que lleva a cabo un importante trabajo de preservación.

Su presidente,  José de Anchieta, afirmó que el estilo de construcción en el reservorio de su hidroeléctrica “no inunda” una gran área, y subrayó la preocupación por el medioambiente y por el desarrollo turístico.
 

 

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