Camino al Illimani, el achachila que alimenta a La Paz

Es un macizo montañoso que ofrece valles, cascadas y nidos de cóndores.
lunes, 29 de julio de 2019 · 00:04

Madeleyne Aguilar A. /La Paz

Para los comunarios, su  nombre  significa “esencia del  agua”. Hay varias versiones, pero  todos concuerdan en que es sagrado, siempre lo fue. Es un achachila que se deteriora porque se deshiela y lo contaminan.

 “Atrae miradas desde la ciudad de La Paz. Las avenidas, las calles y los lugares sagrados están direccionados a él porque es el achachila, que comunica el cielo con la tierra. No sólo son gigantes cerros o montañas, son seres”, afirma Diego Cajías, guía turístico de Illimani Treks.

Los aymaras consideran a las grandes montañas sus “achachilas”, que significa abuelos y a las pequeñas,  “apachitas”, sus abuelas, explica la historiadora e intérprete Sayuri Loza.
 
Las sendas  antiguas revelan que desde hace muchos años la gente se dirigió al Illimani. “Lo veían  como una catedral natural, peregrinaban”, señala Cajías.

 No es sólo un nevado,  es un conjunto de montañas, un macizo ubicado estratégicamente en el extremo de la Cordillera Real. Los grandes achachilas están ligados a un elemento: al norte, el Huayna Potosí a la tierra; al sur, el Sajama al viento; al oeste, el Illampu con el fuego; y al este, el Illimani al agua.

Caminantes  recorren la cima del  macizo Illimani.
Foto Gatol

  Al encuentro del Illimani

El camino  hacia el nevado toma tres días y sólo emprenderlo  ya transmite energía. Es un lugar ideal para meditar con el sonido de agua y el   viento, bajo la mirada vigilante de los  cóndores.  

 En la cara del Illimani que se ve desde la ciudad de La Paz hay al menos 100 comunidades dedicadas a la agricultura. “Cada jueves en la noche salen más de 200 camiones con  alimentos para La  Paz y El Alto”, relata Nicolás Cussy, originario de la comunidad de Atahuallani, al sudoeste del nevado.

Él fue dirigente de su comunidad y solicita que se mejoren los caminos e infraestructura para beneficiar la agricultura.  Además advierte que “algunas comunidades, no todas, son afectadas por  cooperativas mineras, como Cerro Negro y    Urania”. 

Según una investigación de la UMSA -que evaluó   la región en 2007- las cooperativas contaminan el agua  con arsénico y cadmio.  Esas deficiencias hacen que los habitantes dejen la agricultura  para dedicarse a la minería. 

Otro gran problema para la región es el calentamiento global que provoca el deshielo.

“El Illimani es como una persona más en la comunidad, pero su deshielo está  casi en un 40%. Es como si estuviera envejeciendo la montaña. Estamos muy preocupados”, comenta  el comunario Faustino Mamani Condori.

Avanzar  desde Pinilla a Campo Base toma dos horas y media  de caminata. Las mulas ayudan con la carga. Entonces se ven los páramos, lugares donde se almacena el agua, que se alimentan de ríos desde los  glaciares.

“En países como Colombia está prohibida la minería en territorio donde hay páramos.  En Bolivia no estamos controlando”, explica  el guía.

Árboles  de altura sobreviven al frío de la cordillera.
Foto:Cortesia de Diego Cajías

 Es un lugar frío, a 4.500 metros de altitud. Es ahí donde se instala el campamento  para dormir.

En el segundo día, se ascienden    1.000 metros más. A los 5.500 es fácil observar  los   nidos de cóndores.  Desde este punto los  guías originarios del Illimani serán el grupo de apoyo que  llevará  a los turistas a la cima. 

Tras horas  escalando se  llega   al límite entre la roca y la nieve. En esa base fría,   se almuerza y se recorren  algunos senderos,  hasta las 16:00. Es cuando se debe  dormir porque a medianoche se inicia  la caminata nocturna.  

En este último tramo  se camina por seis horas, a oscuras  y amarrados unos con otros a los equipos. Debe ser de noche porque durante el día, el reflejo del sol enceguece. Aquí todo  depende de los guías.

Al amanecer, se llega  a la punta del pico sur -a 6.492 metros sobre el nivel del mar-  es el más accesible de los tres que conforman el Illimani. Se siente como la cima del mundo. Los valles y las ciudades, La Paz y El Alto, por un lado y los Yungas, por  el otro.

 Los 40 minutos que uno puede quedarse en lo alto  valen el esfuerzo de toda la escalada. 

 

Rutas con cascadas y más  queñuas

 Desde 2010, Diego Cajías,  con su empresa Illimani Treks, ha habilitado seis nuevas rutas. “Más que sólo llegar a la punta, quisimos diversificar,  conocer el entorno”, relata.

Sus recorridos incluyen cascadas, haciendas  presidenciales, ruinas tiwanacotas  y  ríos. Inspirado por lo mucho que brinda el Illimani a la comunidad, Cajías  se ha proyectado en el ecoturismo. 

“Por un trabajo de universidad, conocí al Illimani en  2005. Fue amor a primera vista”, comenta.

Pretende  reforestar los nevados con un tipo de árboles “que aguantan la  altura”: polylepis, conocidos como queñuas. 

 “A mí él me  aconseja, es mi guía espiritual. Un día cuando caminaba solo, le pregunté al Illimani qué necesitaba. Entonces lo vi: las queñuas”, asegura. 

 

 

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