La deforestación amenaza una reserva de elefantes en Nigeria

En el bosque de OMO, a 100 kilómetros de Lagos -la ciudad más grande de África-, conviven elefantes y otros animales. El lugar fue declarado reserva de biósfera.
sábado, 06 de julio de 2019 · 00:04

AFP / Lagos, Nigeria

La jungla era tan espesa que no vio a los elefantes hasta que estaba tan cerca de ellos que podía tocarlos. Olabode Emmanuel llevaba horas buscándolos en una zona frondosa a unos 100 kilómetros  de la ciudad nigeriana de Lagos, la más grande de África.

La matriarca “empezó a agitar las orejas para crear un obstáculo entre nosotros y su familia”, cuenta el científico. “Fue extraordinario”. Como también lo es encontrarse a elefantes tan cerca de una ciudad de 20 millones de habitantes y con una contaminación récord. 

Como tienen miedo de las personas, estos elefantes de bosques pequeños y densos viven por la noche, explica Emmanuel, a la cabeza de la Forest Elephant Initiative, un organismo de preservación del bosque de Omo.

Sus 1.325 kilómetros cuadrados están protegidos desde hace casi un siglo pero actualmente están amenazados por la deforestación ilegal y la acelerada urbanización de la región.

Estos primos lejanos de los grandes elefantes de la sabana son expertos en camuflaje. Tanto que muchas personas no se creen que existan de verdad. 

“Cuando la gente oye hablar de elefantes no se lo cree”, explica Joy Adeosun, un científico que trabaja con Emmanuel.

Nigeria se quedó casi sin elefantes durante las últimas décadas. “Todos los elefantes de Nigeria se han ido”, afirman los vendedores en los mercados de Lagos donde todavía se comercia marfil. Viene de Camerún, dice uno de ellos sobre una Virgen María tallada en marfil.


En Omo, declarado “reserva de biósfera” por la Unesco, los elefantes no están solos. Hay antílopes, búfalos o chimpancés. 

La protección de la Unesco no impide que esta jungla pierda territorio a gran velocidad en un país cuya población probablemente se duplicará antes de 2050. El nivel de deforestación de Nigeria es uno de los más altos del mundo, según la FAO, la agencia de la ONU para la Agricultura y la Alimentación.

“Destruir es fácil”, afirma Emmanuel, “pero si el bosque desaparece cambia todo el ecosistema. Hay menos lluvia, las granjas son menos fértiles. Y todo el mundo acaba sufriendo”.

Un camión cargado de troncas derribadas sale de la zona. 

Prohibición y corrupción

Se ha prohibido la deforestación en aproximadamente la mitad de la superficie del bosque (650 km2), dedicada a la vida silvestre. Pero la corrupción es endémica y aún se talan  árboles. 

Ibiyinka James lo ve como algo normal. Al volante de un camión cargado de madera ilegal explica: “Hay tantos árboles aquí... Y los pájaros pueden volar hacia otro bosque”. En cuanto talan  árboles, los campesinos se instalan para plantar cultivos.  “Tengo que alimentar a mi familia. ¿Qué otra cosa puedo hacer?”, se pregunta Christopher Shadrach, un lugareño. Como cientos de nigerianos, vive en una cabaña en una de estas aldeas donde crece el enfado contra los paquidermos porque se comen  plantaciones.


La reducción del espacio obliga a los elefantes a buscar refugio. En abril de 2018, decenas de estos animales  salieron del bosque hacia la autopista, asustados, “en busca de una nueva casa”, asegura Emmanuel.

La mayoría tuvo que dar marcha atrás, pero algunos consiguieron un nuevo escondite, todavía más cerca de la ciudad.

Desde entonces se estima que queda un centenar de elefantes en el bosque de Omo. Para intentar protegerlos, la fundación nigeriana Africa Nature Investors (ANI) apuesta por el ecoturismo. “Esto podría crear nuevos empleos”, confía Filip Van Trier, un empresario belga que se crió en Nigeria. “Pero primero tenemos que poner fin a la deforestación", indica Emmanuel.

Elefantes caminan en la oscuridad en el bosque de Omo.

 Nigeria, bajo un liberalismo desenfrenado, se preocupa poco por la preservación de la vida silvestre pero mucho por los precios de los terrenos edificables.

“Los bosques son esenciales” para impedir las inundaciones de barrios enteros construidos sobre zonas pantanosas, explica Shakirudeen Odunuga, de la universidad de Lagos. Y sin ellos el calor sería insoportable.

Emmanuel lo tiene claro: si el bosque y los elefantes desaparecen los nigerianos lo lamentarán pero “será demasiado tarde”.  

 

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