Tips para cambiar los hábitos alimenticios sin ser vegetariano

Un informe de expertos sugiere dietas equilibradas a base de vegetales, frutas, cereales y alimentos de origen animal producidos en sistemas sostenibles.
sábado, 10 de agosto de 2019 · 00:04

AFPy EFE / Ginebra

El informe de expertos de la Organización de Naciones Unidad (ONU)  sobre el cambio climático  ofrece pistas sobre cómo cambiar los hábitos de alimentación sin necesariamente convertirse en vegetariano, para luchar contra el calentamiento global.

La meta del Acuerdo de París de mantener el calentamiento global muy por debajo de dos grados no podrá lograrse sin cambios en el uso global del suelo, que llevan aparejados nuevos hábitos en el consumo de alimentos, señala el documento que será base de negociaciones sobre cambio climático.

En el documento, aprobado tras cinco días de reuniones de científicos en la 50 sesión del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, dependiente de Naciones Unidas), se destaca que “una mejor gestión del suelo puede contribuir a frenar el cambio climático, aunque no es la única solución”.

El amplio análisis contiene recomendaciones para que los gobiernos dicten políticas con el fin de cambiar el uso forestal y agrícola del suelo para así contribuir a la lucha contra el cambio climático, teniendo en cuenta que, entre otras cosas, los bosques absorben cerca de un tercio de las emisiones de dióxido de carbono (CO2).

Hábitos

“Algunos regímenes alimentarios necesitan más suelo y agua y producen mayores emisiones que otros”, resumió uno de los  copresidentes  de IPCC, Jim Skea.

 El documento sugiere dietas equilibradas a base de alimentos de origen vegetal, como aquellas basadas en cereales secundarios (otros que los principales como el arroz o el trigo), legumbres, frutas y verduras, los frutos secos y las semillas, y alimentos de origen animal producidos en sistemas resistentes, sostenibles y con bajas emisiones de gases de efecto invernadero.

Se aclara que el grupo no recomienda adoptar una dieta vegetariana (sin carne ni pescado) y menos aún vegana (sin ninguna proteína animal).

Investigaciones científicas precedentes concluyen que la producción de carne, mediante la ganadería intensiva, tiene más impacto medioambiental que la de otros alimentos.  “Es evidente que reducir la demanda de carne es una forma importante de disminuir el impacto medioambiental del sistema alimentario”, recordó  un especialista británico, Alan Dangour, en reacción a un estudio simultáneo al informe del IPCC.

El IPCC sigue la senda de recientes recomendaciones al hablar de cereales, verduras y frutos secos. En enero, un informe realizado conjuntamente por la revista médica The Lancet y la oenegé Fondation EAT aconsejaba  una “transformación radical”: reducir a la mitad el consumo mundial de carne roja y de azúcar y multiplicar por dos la frutas, verduras y frutos secos.

Según estos especialistas, la dieta diaria ideal serían 300 gramos de verduras, 200 de frutas, 200 de cereales integrales, 250 de leche entera, y solamente 14 gramos de carne roja, es decir diez veces menos que un filete tradicional. Las proteínas se obtendrían de la carne de ave, del pescado, de los huevos o de los frutos secos.

El amplio análisis contiene recomendaciones para que los gobiernos dicten políticas con el fin de cambiar el uso forestal y agrícola del suelo para así contribuir a la lucha contra el cambio climático. Se aconseja  la puesta en marcha de “políticas que reduzcan el despilfarro de comida e influyan en la elección de determinadas opciones alimentarias”, en alusión a dietas menos carnívoras y que reduzcan la población obesa o con sobrepeso, próxima a los 2.000 millones de personas. De acuerdo con el informe, se derrocha entre un 25% y un 30% de la comida que se produce en el planeta, por lo que combatir este problema puede rebajar las presiones por reducir bosques y aumentar el suelo agrícola, contribuyendo así a una reducción de las emisiones de CO2 (principal gas causante del efecto invernadero). Se sugiere  retomar prácticas agrícolas, ganaderas y silvícolas de las poblaciones indígenas tradicionales. “su experiencia puede contribuir a los desafíos que presentan el cambio climático, la seguridad alimentaria, la conservación de la biodiversidad y el combate de la desertización”.
 

 

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