Campesinos, los perdedores del conflicto armado en Colombia

El fotoperiodista expone 500 instantáneas tomadas en distintos lugares en más de un cuarto de siglo de una guerra que dejó 261.619 muertos en ese país.
miércoles, 28 de agosto de 2019 · 00:04

EFE / Bogotá

Jesús Abad Colorado ha recorrido como nadie Colombia para documentar con su cámara fotográfica el conflicto armado y el dolor de sus víctimas, en su mayoría campesinos, con muchos de los cuales se reencuentra porque está convencido de que son los perdedores de esta violencia.

“He visto a lo largo de muchos años que los muertos siempre los han puesto sobre todo los campesinos de Colombia que son los grandes perdedores de la guerra porque ellos pusieron los hijos de todos los ejércitos, pusieron la tierra que fue despojada, pusieron sus vidas”, precisó.

El drama de esos millones de colombianos víctimas de la violencia entre guerrilleros, paramilitares y fuerza pública está recogido en El Testigo, una antología fotográfica compuesta por más de 500 instantáneas tomadas por Colorado en distintos lugares del país en más de un cuarto de siglo como fotoperiodista y que se convirtió en una “voz de la conciencia” nacional.

La muestra, que desde octubre pasado ocupa cuatro salas del Claustro de San Francisco, frente a la Casa de Nariño, sede del Gobierno colombiano, ha recibido ya más de 700 mil visitas, incluso de autoridades extranjeras, y ayer  se inauguró en el Museo La Tertulia de Cali.

“Yo no utilizo la fotografía para generar odio o sed de venganza, todo lo contrario, esta exposición se ha convertido en un hito en la historia de Colombia”, afirma el autor.

La exposición complementa el documental El Testigo, Caín y Abel, dirigido por la británica Kate Horne y producido por Caracol Televisión que desde junio  está disponible en Netflix.

Esta producción cuenta no solo la guerra entre hermanos del conflicto armado colombiano que ha dejado 261.619 muertos, el 82% de ellos civiles, visto por el lente de Colorado, sino también su historia de vida, siempre al lado de las víctimas, a las que retrata con la dignidad que la violencia no pudo quitarles y con el cuidado de guardar su nombre para que no sean una estadística, un número más.

Por ese vínculo que crea con los protagonistas de sus historias suele volver sobre sus pasos y visitar a aquellos que conoció en momentos de dolor para saber qué ha sido de sus vidas, retratarlos de nuevo y decirles que no están solos. “Tengo que hablar de los que sobreviven (...) de esos que muchas veces vi doblegados por el dolor y por la guerra”, dice al explicar por qué regresa a lugares como el pueblo de Bojayá, en el departamento del Chocó, donde al menos 74 personas murieron el 2 de mayo de 2002 al caer una bomba de las FARC en la iglesia donde se habían refugiado de un combate de esa guerrilla con paramilitares.

La paz a medias

Su compromiso con las víctimas hace que no pierda la fe en que Colombia encuentre la verdadera paz a la que creyó llegar con el acuerdo firmado por el Gobierno y las FARC en noviembre de 2016 pero que navega en un mar de tormentas por el “odio” que a su juicio siembran  “la clase política y muchos sectores de la iglesia”.

El autor está convencido de que “Colombia es hoy un país mucho mejor que hace diez, quince o veinte años”, pero la firma de la paz con las FARC no ha impedido que centenares de líderes sociales, cerca de 700 en casi tres años, según algunos cálculos, hayan caído bajo las balas asesinas. Un hombre de 51 años rompió en llanto al ver las fotos de la exposición  y se le acercó para agradecerle por mostrar a Colombia y al mundo “que todavía este conflicto sigue (...) que todos sepan que hay unos líderes que nos toca huir del territorio por defenderlo”. 

“Me tocó salir del pueblo, estuve en San Sebastián de Mariquita, en el Tolima, pero de allá también me tocó salir, tengo destruida la familia”, dijo el  hombre, padre de dos niñas.

En carne propia

  • Víctima El propio autor,  ha sufrido  la violencia política que le arrebató a sus abuelos y a un tío y hace años tiene dos primos desaparecidos.  “Si este país no se reconcilia no es por las víctimas, no es por los campesinos, no es por la gente afro e indígena que han sido de los grandes perdedores de la guerra, sino por la clase política que divide a los colombianos para seguir dominando”, señala.
  • División “La guerra no solo deja muertos y desplazados, desbarata familias”, dice. 
     

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