La muerte lenta del lago más alto del mundo, el Titicaca

Las aguas tienen un 40% menos de oxígeno, la pesca se ha reducido y el lago se ha vuelto un lugar inhabitable para los animales.
sábado, 03 de agosto de 2019 · 00:04

EFE / Cohana 

 Un hombre recostado a pleno sol en una solitaria balsa de madera escucha el ritmo alegre que sale de su radio y deja pasar el tiempo. “El agua está entrando con todas sus basuras”, protesta. Su imagen es el retrato de lo que queda de la pesca en la bahía de Cohana, en el lago Titicaca.

El poblador habla del caudal del río Katari, que hasta hace unos años proveía en abundancia. Cada pescador podía sacar entre tres y cuatro galones repletos de mauri o karachi. Ahora sus aguas traen pañales, plásticos y baterías. El lago navegable a mayor altura del mundo, protector de civilizaciones antiguas y de un ecosistema único, muere por la contaminación.

Vista  de las aguas contaminadas con algas en   Cohana. 
Foto.EFE

Sagrado para las culturas andinas prehispánicas que habitaron sus costas durante siglos, desde Tiwanaku al imperio Inca, el lago Titicaca es la puerta por la que miles de turistas llegan a Bolivia, aunque sus leves olas arrastran una bienvenida cada vez más sucia.   Las especies han tenido que evolucionar para adaptarse a las condiciones acuáticas en altitud, es un tesoro arqueológico y natural. La rana gigante es un ejemplo de la exclusividad de su hábitat. Esta especie ha desarrollado una mayor cantidad de piel por medio de pliegues y arrugas para mejorar su respiración en esas aguas, donde hay un 40% menos de oxígeno.

Si a esta dificultad geográfica le añadimos la descomposición generada por agentes externos, obtenemos “un lugar inhabitable para los animales”, resume el biólogo Darío Achá, director de la Unidad de Calidad Ambiental de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) de La Paz.

La suciedad se ha apoderado de las aguas. 

El pesimismo del comunario induce a Achá a decir que, en pocos años, las aguas oscuras, en cuya profundidad se ha asentado una gran masa negra como la de las alcantarillas, llegarán hasta Suriqui, una pequeña isla que sirve de referencia para adentrarse a una de las zonas con más profundidad del sector boliviano del lago.

Ya “no se puede vivir en el lago”, lamenta Alfredo Machicado, pescador desde hace 45 años. El  es miembro de una asociación de catorce pescadores que, en sus mejores momentos, tuvo 60 integrantes. Trabaja en un sector donde el agua se mantiene en el umbral de contaminación y todavía es clara. Ha optado por permanecer ahí a pesar de obtener pocas capturas, porque a su edad ya le es difícil cambiar de actividad.

“La situación está mal. Las plantas, la totora y la tierra, el agua es sucia, no se puede entender”, añade Max Catari, un balsero de unos 80 años que se ha dedicado toda su vida a transportar visitas. 

 Recuerda que hace varios años había tantas ranas como piedras en los alrededores, pero la contaminación provocó que su número disminuyese y que las plantas subacuáticas muriesen.


 

 

11
133
Cargando más noticias
Cargar mas noticias