Enfermeros se reinventan en mariachis y en otros oficios

Édgar Fernández percibe un salario de $us 10, pero como charro llega a duplicarlo. Francis Guillén fabrica gel de cabello, con el que gana al día el sueldo de un mes.
sábado, 31 de agosto de 2019 · 00:04

AFP / Caracas

En el oxidado armario de un hospital público de Caracas, Édgar Fernández mantiene un traje de mariachi que viste al menos una vez por semana. Con un sueldo casi insignificante como enfermero, las serenatas son su salvación.

Un show duplica su salario mensual, equivalente a 10 dólares, pero las presentaciones del “Charro solitario” han venido reduciéndose por la devastadora crisis, que obliga a los enfermeros a rebuscarse la vida como fabricantes de gominas, reposteros y hasta escoltas. “El salario como enfermero no sirve, trabajo de siete a siete, pero no puedo comprar nada”, dice  Édgar, que actúa en grupo o como solista con pistas grabadas.

Cuando el show se cruza con la jornada hospitalaria, debe pagarle a un colega para que lo cubra y la ganancia, no siempre en dinero, merma. “A veces me pagan (…) con harina, lentejas…, prefiero esto a irme con las manos vacías”, confía este camillero de 40 años, quien sin poder pagar un alquiler vive prácticamente en el hospital Pérez Carreño, donde tiene por cama un sucio colchón.

Con su atuendo de chapas plateadas, canta en tabernas o casas, a veces contratado por antiguos pacientes. Con sacrificio, grabó un CD con el que toca puertas en emisoras en busca del golpe de suerte que lo lance a la fama. En un bar semivacío donde sirven cerdo frito, a las afueras de Caracas, Édgar interpreta a todo pulmón una pieza de su ídolo, Vicente Fernández. Los pocos clientes tararean y le piden más canciones.
 
Para batallar con una inflación que según el FMI llegará a 1.000.000% este año, Francis Guillén fabrica fijador para el cabello, que vende en el ajetreado mercado de Catia, en la capital.

 “Si no tuviera otro oficio, no sé qué sería de mí”, asegura esta enfermera de 30 años, quien vendiendo gel gana en un día lo que percibe en un mes. 

En ocasiones su papá, también enfermero, le ayuda a mezclar los químicos en un balde en la sala de la casa. Su esposo, que renunció como bombero, apoya el emprendimiento. Ha pospuesto su renuncia –dice– por “la vocación de servir”, aunque está tentada a emigrar como lo han hecho 3,3 millones de venezolanos desde 2016, según la ONU.

Desde junio de 2018, unos 15.000 colegas (40% del total) renunciaron y muchos emigraron, según Ana Rosario Contreras, presidenta del colegio de enfermeras de Caracas, que pide sueldos en dólares para frenar la “estampida”. 

De día es escolta en una metalúrgica. También hace mudanzas, trabaja como mensajero o albañil: corpulento, Carlos Ruiz, de 42 años, afirma que hace “lo que sea para sobrevivir”.

Pero aun sacrificándose no ha podido cambiar su uniforme de enfermero desde hace cuatro años. Necesitaría 10 meses de sueldo.
 

 

Confidencial

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