Un ojo de la cara, el alto precio de un año de protestas en Chile

Unas 460 personas quedaron con los ojos mutilados por perdigones o el impacto de bombas lacrimógenas lanzadas por agentes antidisturbios en las marchas.
jueves, 15 de octubre de 2020 · 00:04

AFP/  Santiago de Chile

Nada les devolverá la visión, pero un año después del inicio de las protestas en Chile y cuando se acerca el plebiscito constitucional ganado en las calles, varios heridos oculares creen que esta pérdida “no puede ser en vano”.

Son 460 personas con sus ojos mutilados por perdigones o el impacto de bombas lacrimógenas lanzadas por los agentes antidisturbios en las manifestaciones, según el Instituto Nacional de Derechos Humanos. 

Ha sido un alto precio por pagar en busca de derechos sociales cercenados por la Constitución heredada de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), pero que “valió la pena” si Chile se embarca en la redacción de una nueva Carta Magna el próximo 25 de octubre, según explicaron a la AFP las propias víctimas en los alrededores de la céntrica Plaza Italia de Santiago.


Dos de estos heridos quedaron totalmente ciegos: el estudiante Gustavo Gatica, por perdigones, y Fabiola Campillai, una trabajadora impactada por una bomba lacrimógena al ir al trabajo.


El soldador Felipe Riquelme, de 41 años, recibió el disparo de una bomba lacrimógena en uno de sus ojos pese a la máscara de gas industrial que usaba para cubrirse. “Me asomé detrás de una palmera, vi un policía que me apuntó y eso fue lo último que vi. Sentí un golpe en mi frente y caí. Sentía un zumbido en los oídos, un dolor supergrande”, cuenta a la AFP en el lugar donde ocurrieron los hechos el 22 de noviembre en medio de violentos enfrentamientos.

El impacto le reventó el globo ocular y le fracturó el cráneo, y un año después sigue viendo en sus pesadillas al policía que le disparó.  Con un parche en el ojo que perdió la visión, dice sentir “pena, rabia y frustración” al no saber quién le disparó, pero afirma que “volvería a la calle”.


Riquelme es consciente de que una nueva Constitución, si gana la opción “Apruebo”, no le devolverá su ojo ni curará sus cicatrices, y aunque cree que “no es la solución total”, tiene esperanza en el proceso.

Sin embargo Hernán Horta, de 52 años, estima que esta consulta es “una burla, planeada por una clase política con miedo a perder el poder”. Recibió un perdigón que lo dejó casi ciego de un ojo y con el cráneo “hecho añicos”.
 

“Estaba sacando fotos y le empezaron a pegar a un niño. Cuando crucé, empecé a gritarles y de repente:  ‘pum’. Lo único que sentí fue como que se me dobló la cabeza”, describe en la misma calle donde recibió el disparo.

La fotoperiodista independiente Nicole Kramm   vivió las protestas a través de su cámara. Documentó cada día las manifestaciones hasta que el 31 de diciembre, recibió un  balín en el ojo izquierdo. “No tuve capacidad de reacción, no pude correr ni hacer nada. Me caí inmediatamente al piso y era tanto el dolor que sentía que la cabeza me iba explotar”, dice.

 

 

 


   

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