Las dos Bolivias con rostro de mujer que conviven en El Alto

Hay un país popular con rasgos étnicos que mantiene su lucha de “justicia e igualdad”, y otro que considera prioritaria la “alternancia” del poder y la “libertad”.
viernes, 16 de octubre de 2020 · 00:04

EFE/ La Paz

 Cuando Elvira Machaca y Virginia Chambi se encuentran en una plazuela de El Alto, la segunda ciudad más poblada de Bolivia, predominantemente aymara, se ayudan mutuamente para atravesar las calles en sus sillas de ruedas y entablan duelos con conductores y vehículos para hacerse camino en medio del caos.

Sus típicas polleras de colores no ondean con sus adornos vivos, como las que lucen aquellas mujeres indígenas que pueden caminar. Su condición, en un país que roza el 40% de población en situación de pobreza, según la Cepal, las coloca en una situación especialmente vulnerable, más allá de su histórica exclusión indígena. El coronavirus ha ahogado la economía y, tras un año de incertidumbre política, esperan que quien sea elegido como próximo presidente no las deje de lado.

 El dilema central para los más de 7,3 millones de votantes será definir si el Movimiento al Socialismo (MAS), de Evo Morales, debe o no regresar al gobierno tras un año de la administración interina de la presidenta Jeanine Áñez. El MAS, de identidad popular e indigenista, mantiene un respaldo importante en Bolivia, con un primer lugar en las encuestas a pesar de la crisis que supuso la salida de Morales en noviembre del año pasado entre denuncias de un golpe de Estado y de fraude electoral. 

“Estamos en medio de dos Bolivias” y “las dos tienen razones”, dice  Lily Maric, una académica de ascendencia croata que trabaja en la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz y que percibe que la tónica de esta elección se ha limitado a estar a favor o contra del MAS.

Esas tensiones que la pandemia no ha podido borrar ponen en duda “la madurez” de los bolivianos que, a juicio de Sayuri Loza, hija de la primera chola aymara boliviana en llegar al Parlamento y en ser candidata a la Presidencia en 1997, salen a luz por la insistencia en “eliminar al otro” políticamente. Polarización.

Elvira no anda desde los tres años porque enfermó de poliomielitis. Su vida en Parajachi, una comunidad cerca del lago Titicaca, fue difícil porque su discapacidad le impedía salir de casa, ir a la escuela y hacer amigos.

 A los 12 años aprendió a tejer primero a rueca, luego con telares para hacer frazadas a base de lana de oveja y después la técnica de los palillos, adaptada con huesos de llama.

Virginia también teje, como su amiga Elvira, pero aprendió a la fuerza hace unos años después de salir milagrosamente viva junto a su hijo de dos años de un accidente de tránsito que se cobró la vida de su esposo. El resultado de ese accidente fue una lesión en la columna vertebral que le impide caminar, algo que le hizo “cambiar de rumbo”.

Las tensiones en el Imperio austrohúngaro antes y durante la Primera Guerra Mundial hicieron que muchos croatas “desesperados” sacaran a sus hijos y los embarcasen rumbo a América por miedo a que fueran “carne de cañón” ante la inminencia del conflicto bélico, explica Lily Maric al contar la travesía de su abuelo, Stephan Maric Gurdelic, desde Europa.

Los croatas son gente “que se ha formado en la pelea y en la lucha por sobrevivir y han construido empresas y espacios que muchas veces no se les reconoce”, señala esta mujer sobre su ascendencia europea, siempre complacida de ser boliviana.

Lily cree que en los últimos tiempos se ha evidenciado aun más que existen dos Bolivias, una popular con rasgos étnicos que mantiene su lucha de “justicia e igualdad”, y otra que considera prioritaria la “alternancia” del poder y la “libertad”. Ambas con “sus razones”. Pero sobre todo, está convencida de que existen grupos y personas a las que les “interesa esta división”, caldo de cultivo para que ciertos sectores logren hacerse con el poder y perpetuarse en él.

“Me considero un eje, un punto de transición. Tengo sangre aimara pero también creo en la Bolivia blanca de inmigrantes que nos han hecho crecer”, confiesa a Efe Sayuri Loza, hija de Remedios, la primera chola aymara en el Parlamento.

La vida de Sayuri está muy ligada a la de su madre, lleva la identidad aymara consigo sin que ello implique que haya heredado aquellas polleras tan emblemáticas que caracterizaron a las mujeres que apoyaban masivamente al partido Condepa.

“La pollera de mi madre fue maravillosa y la respeto, pero es una prenda de vestir como cualquier otra”, dice Loza, que así argumenta su ser mestizo y no mantener ese atuendo como algo permanente de su identidad.

Sayuri se resiste a entender Bolivia como una suma de contradicciones entre el campo y las ciudades, entre los indígenas y los mestizos, entre los seguidores del MAS y sus contrarios, porque cree que intentar “eliminar al otro” políticamente es algo que no se va a poder hacer y es necesario “aprender a convivir”.

 

 

 


   

8
2
Cargando más noticias
Cargar mas noticias