Machu Picchu reabre tras casi 8 meses cerrada por la Covid

La reapertura del complejo brinda esperanza a las personas y negocios de Cusco y sus alrededores, ya que ellos dependen del turismo para subsistir.
lunes, 2 de noviembre de 2020 · 00:04

AFP y EFE / Cusco

La ciudadela inca de Machu Picchu reabrió ayer en el marco de una paulatina reducción de contagios de Covid-19 en Perú, tras estar casi ocho meses cerrada, un duro golpe para miles de personas que viven del turismo.

 Bajo la niebla, los responsables de la ciudadela, declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco desde 1983, hacían ayer los últimos ajustes para la ceremonia de reapertura, prevista al anochecer. 

El primer tren con turistas  llegó hacia las siete de la mañana  a Machu Picchu Pueblo, la aldea más próxima a la mítica ciudadela, tras un viaje de una hora y media bordeando el río Urubamba desde la antigua aldea inca de Ollantaytambo. 

Escondida entre los montes de los Andes, la majestuosa ciudadela de piedra recibirá hoy a sus primeros visitantes, algunos de los cuales ya se encuentran en el cercano pueblo, tras permanecer cerrada desde el 16 de marzo por la pandemia. 

Con la reapertura renacen las esperanzas en Cusco, la antigua capital del Imperio inca, y en los pueblos del Valle Sagrado de los Incas, que son paso obligado hacia Machu Picchu y enfrentan una aguda crisis económica como secuela de la pandemia, pues el 70% de su gente vivía del turismo.  

Tras un confinamiento obligatorio de más de 100 días, levantado el 1 de julio, muchos hoteles, restaurantes y otros negocios de la zona se fueron a la quiebra y miles de trabajadores quedaron sin empleo. “Antes de que llegara la pandemia había 80 hoteles y hotelitos en Ollantaytambo, pero han quebrado por lo menos la mitad de ellos”, dijo Joaquín Randall, presidente de la Asociación de Hoteles y Restaurantes de este pueblo, situado a 32 kilómetros de la ciudadela. 

Funcionario  toma la temperatura a  uno de los visitantes.

“Los hoteles formales, que pagan impuestos y que están al día con el Estado, han podido acceder a créditos del Gobierno, pero no los numerosos alojamientos informales”, agregó Randall, dueño del hotel El Albergue (tres estrellas) y del restaurante El Chuncho. 

En Ollantaytambo todos los viajeros deben abordar un tren para seguir a Machu Picchu, porque más adelante se acaba el camino. 

“Vivimos de los turistas” 

Machu Picchu (Montaña Vieja en quechua) es la joya del turismo peruano y fue elegida en 2007 como una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno en una encuesta mundial en internet.  

En Cusco y en el Valle Sagrado existía una variada oferta turística, desde hoteles cinco estrellas hasta sencillas habitaciones para mochileros, pero ahora la mayoría permanecen cerrados. 

La primera cadena de hoteles de lujo en reanudar sus operaciones fue Belmond, un día después de que Perú reabriera sus fronteras, el 5 de octubre, pero los turistas todavía no llegan.   

La empresa opera cuatro hoteles en esta zona, incluido el único situado frente a la entrada de la ciudadela, cuyas habitaciones solían estar reservadas con uno o dos años de anticipación, según sus responsables. “Tomamos la decisión de reiniciar operaciones porque quisimos dar un mensaje de seguridad al país y a la comunidad internacional”, dijo Arturo Schwarz, gerente de los dos hoteles Belmond de Cusco. 

Otras cadenas hoteleras internacionales y peruanas reabrieron el fin de semana en Cusco, el Valle Sagrado y en Machu Picchu Pueblo, antes llamado Aguas Calientes. 

La reapertura eleva las esperanzas de miles de personas que vendían artesanías, transportaban turistas o se ganaban la vida en otros oficios ligados al turismo.  

El taxista Eberth Hancco, que hace unas semanas pudo volver a recoger pasajeros en el aeropuerto de Cusco, contó que en abril debió marcharse a la finca de sus padres en Paucartambo con su esposa y su hija de ocho años. “La situación ha estado muy mala, porque Cusco vive de turistas”, indicó. 

Vista  de la ciudadela inca de Machu Picchu.

Ayer,  la compañía PeruRail reanudó sus trenes turísticos entre Cusco y Aguas Calientes. Su competidor IncaRail lo hará hoy.

 El tren partió al 50 % de su capacidad, parte de su protocolo de seguridad frente a la Covid-19, que también incluye que todos los pasajeros lleven mascarilla y protector facial, y entreguen una declaración jurada de que no presentan síntomas de la enfermedad antes de abordar el vagón.

A la entrada a la estación también se toma a cada viajero la temperatura y se le desinfecta rigurosamente todo su equipaje.

En este tren viajaba el ministro de Cultura de Perú  Alejandro Neyra, que esta tarde participará en el acto oficial de reapertura de Machu Picchu, donde la joya arquitectónica de los incas se iluminará de manera especial al anochecer.

“Nuestra tarea es todavía brindar todas las condiciones de seguridad que permitan a los visitantes sentir confianza de que pueden ir a un lugar seguro”, afirmó Neyra en declaraciones a la prensa extranjera realizadas en el andén de la estación.

Escondida entre la vegetación

La mítica ciudadela construida en el siglo XV, que recibió un millón y medio de visitantes en 2019, colocó a Perú en el mapa del turismo mundial a mediados del siglo pasado. 

Los conquistadores españoles que sometieron al Imperio inca en el siglo XVI nunca supieron que existía Machu Picchu, construida en la cima de una montaña cubierta de vegetación que no es visible desde el llano. Por eso se le llama la “ciudad perdida de los incas”. 

La ciudadela fue “descubierta” por el explorador estadounidense Hiram Bingham en julio de 1911, aunque algunos lugareños conocían su existencia. 

Desde que abrió al turismo en 1948, sólo había cerrado antes únicamente dos meses en 2010, cuando un aluvión destruyó la vía férrea desde Cusco. 

Según los nuevos protocolos, sólo podrán ingresar 675 turistas por día, una tercera parte que antes de la pandemia. 

Además, sólo estará permitido el ingreso de 75 personas por hora, en grupos de ocho personas como máximo, incluido el guía, quienes durante todo su recorrido deberán mantener una distancia de al menos dos  metros entre ellos y de no menos de 20 metros entre otros grupos.

 

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