Rusia, un país puntero en zapatillas de ballet

lunes, 2 de marzo de 2020 · 00:22

AFP / Moscú

El artesano Serguéi Murza pasa los dedos sobre el satén rosado de una zapatilla de ballet que acaba de fabricar. Después la somete a la prueba final: debe alcanzar sola el equilibrio sobre su punta.

Nacida en medio del caos del final de la Unión Soviética, la empresa familiar rusa Grishko se ha convertido en uno de los principales fabricantes mundiales de equipos de danza, sobre todo de las llamadas puntas de ballet clásico. 

Este producto “made in Rusia” es una excepción en un país más conocido por sus exportaciones de armas e hidrocarburos que por la artesanía.

Frente a competidores como el británico Freed o el estadounidense Gaynor Minden, la marca se beneficia del aura de los rusos en danza clásica. 

“Rusia tiene el nivel más alto de ballet clásico”, afirma Nikolai Grishko, de 71 años, quien fundó la compañía en 1988. Desde entonces la marca se ha diversificado, con ropa y calzado para todo tipo de baile.

Grishko equipa a bailarines, teatros y escuelas del país, pero casi el 80% de la producción está destinada a la exportación, sobre todo a Estados Unidos (donde la marca se llama Nikolay) y Japón, pero también a Europa, Corea del Sur o América Latina. 

Instalado hoy en el terreno de una antigua fábrica moscovita llamada La hoz y el martillo, el grupo nació en años caóticos, cuando la URSS se liberalizaba con la política de la perestroika (reconstrucción) de su último dirigente, Mijaíl Gorbachov.

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