Cultivo de vainilla, «oro verde» de la Amazonia ecuatoriana

Es la segunda especia más cara después del azafrán. Los pueblos amazónicos de Ecuador se han lanzado al cultivo de la vainilla como opción de sustento.
jueves, 10 de septiembre de 2020 · 00:04

EFE / Tena, Ecuador

  Con sus finos dedos, Dayanara Ashanga acaricia unas vainas marrones que custodia en cajones, cada uno con su fecha, en una habitación bajo llave. Las masajea, las enrolla en un dedo para probar su elasticidad y, luego, las devuelve al cajón en una toalla enrollada.

“Es para que no se enfríen. ¡Si se secan ya no sirven!”, proclama para justificar el cariño casi maternal que, día tras día, durante tres meses, vuelca en cada frazada. El meticuloso ritual lo realiza esta joven kichwa, de 24 años, desde que entró a trabajar en 2018 en la asociación Kallari, una cooperativa de pequeños agricultores indígenas en la Amazonia ecuatoriana dedicada originalmente al cacao y la guayusa.

La asociación, que cuenta hoy con 326 cooperativistas, fue creada hace dos décadas para potenciar la capacidad productora de las “chacras” (huertos) de la zona, y ha sido la primera en volcarse a la producción comercial de estas peculiares vainas que crecen silvestres por la Amazonia, sin que nadie reparara hasta ahora en su excepcional potencial de mercado.

Conservacionismo constructivo

Y es que conocida como el nuevo “oro verde” de la Amazonia, por ser la segunda especia más cara después del azafrán, los pueblos amazónicos de Ecuador se han lanzado al cultivo de la vainilla como opción de sustento.

“Es una orquídea endémica de la zona. Hay unas 110 variedades pero una sola se está comercializando”, explica a Efe Pablo Balarezo, coordinador del programa de Economías Resilientes en la Fundación Pachamama.

El programa busca vías de sustento para una población que emigra cada vez más a la ciudad por falta de oportunidades pero que, con las condiciones apropiadas, preferiría mantener su estilo de vida ancestral.

“No podemos dar un discurso de conservación del bosque sin ofrecer una alternativa económica a las comunidades”, abunda sobre una opción, en principio ideal, que puede poner freno a otras que acaban deforestando o contaminando.

Y recalca que “los pueblos kichwas conocían esta planta” pero, a diferencia de otras en su gastronomía y farmacia naturalista, la vainilla “nunca la han sabido elaborar o darle un uso”. Como mucho, en el último siglo, la introducían en bebidas alcohólicas para aromatizar.

El nuevo “oro verde”

La curiosidad y el interés por esta vaina verde de más de 20 centímetros surgió hace unos 10 años, cuando Bladimir Dahua, gerente de Kallari, asistía a una feria de cacao y unos clientes alemanes le preguntaron si no ofrecía también vainilla, componente esencial para el procesamiento del chocolate.

“Nosotros la comprábamos de Madagascar, pero descubrimos que existía en nuestras chacras, así que empezamos la investigación de la planta”, recuerda.

Aunque originaria de Mesoamérica, donde los aztecas ofrecían su aroma a los dioses en una bebida a base de maíz y cacao, la vainilla crece hoy en regiones tropicales y subtropicales de América, Asia y África, y el principal productor del mundo, Madagascar, exporta más de 2.500 toneladas al año.

En el continente americano, México ha sido tradicionalmente su principal productor y donde aparentemente la conocieron los primeros colonizadores europeos, llevándola a Europa para deleite de la aristocracia.

Pero la amazónica, asegura Dahua con base en pruebas realizadas en Alemania, se distingue por su riqueza en vainillina, un 36% en lugar de 20%, ese polvo marrón oscuro que se extrae al abrir la vaina semidesecada.

Sirve de aderezo en chocolates, helados, gaseosas, infinidad de postres y la industria cosmética: “Su uso es masivo y la oferta muy limitada, de ahí su alto precio”, puntualiza el gerente.

Un precio que, sin embargo, oscila dependiendo de las afectaciones del clima en las cosechas de sus principales productores, con un rango de 15 a 600 dólares en la última década.

Originaria de México aunque luego trasladada a otros confines, la especie más cultivada es la vanilla planifolia, si bien en Ecuador la que prolifera es la vanilla odorata, que crece de manera silvestre y de la que se están plantando los primeros cultivos. El objetivo: entrar en el exclusivo mercado internacional y, sobre todo, crear una “cadena de valor” que beneficie al agricultor y a las comunidades indígenas sin perjudicar el medioambiente.

La Asociación paga a sus cooperativistas 35 dólares por kilo de vainas, unas 280 en bruto que, con su procesamiento, se ven reducidas en peso a una sexta parte por lo menos.

 

 

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