Israelíes celebran el Año Nuevo confinados y con pesimismo

Desde el viernes por la tarde, las calles del país están vacías, la población encerrada en casa. Algunos celebraron días antes en reuniones con familiares.
domingo, 20 de septiembre de 2020 · 00:04

EFE / Jerusalén

 Los israelíes dieron ayer la bienvenida al Rosh Hashaná, Año Nuevo judío,  confinados por un nuevo cierre con restricciones de movimiento, limitaciones de aforo en sinagogas y un pesimismo generalizado por la crisis del coronavirus.

Como todas las festividades judías -que comienzan al caer el sol-, el año hebreo 5.781 arrancó el viernes al atardecer, pocas horas después de que Israel iniciara un segundo confinamiento nacional de al menos tres semanas para frenar su imparable segunda ola de Covid-19, con tasas de contagio de las más altas del mundo.

Desde el viernes por la tarde, las calles del país están vacías, la población encerrada en casa y sólo comercios esenciales pueden abrir. La ciudadanía no puede ir más allá de un kilómetro de sus casas y se prohíbe visitar a otras personas en sus domicilios, lo que hace que esta festividad se celebre en tono menor y con poco ánimo.

Un  Shaná Tová  descafeinado
 
Shaná tová (Feliz año, en hebreo) es la felicitación propia de la celebración -que se prolonga hasta hoy por la tarde-, pero esta vez los israelíes se tienen que conformar con trasladar sus mejores deseos a amigos, parientes o allegados por teléfono.

El año nuevo suele arrancar con una cena festiva en la que tanto religiosos como seculares se reúnen con sus familiares, pero el confinamiento impidió ayer los grandes encuentros. Ante esta situación, hubo familias que se adelantaron: cenaron juntas el jueves por la noche o comieron ayer por la mañana, antes del cierre.

Otros, pese a las restricciones, se juntaron con amigos de su misma área para no pasar solos esta fecha señalada. Este es el caso de Elad Shpindel, estudiante de arquitectura en Jerusalén, que no pudo cenar con sus padres, residentes en la ciudad de Rehovot.

Durante el cierre del pasado abril ya no pudo visitar a su familia por la festividad de Pésaj (Pascua), pero consideró entonces que era el precio a pagar para contener la pandemia.

El control de la Policía es en la mayor parte del día.

 Sin embargo, igual que gran parte de la opinión pública, ve este segundo confinamiento “innecesario”, fruto de un Gobierno sin rumbo “que no sabe qué hacer y no tiene un plan para luchar” contra la fuerte segunda ola vigente desde finales de mayo.

“Recurrieron al cierre porque no sabían qué hacer” y era “lo más sencillo, pero no parece una solución”, declara Shpindel a EFE. La mañana de ayer, en una protesta en la playa de Tel Aviv, unas 200 personas se manifestaron contra el cierre, que consideran ilógico.

Las normas de este confinamiento están repletas de excepciones: entre otras, se permiten las manifestaciones (manteniendo distancia social y separándose en grupos de un máximo de 20 personas), se puede hacer deporte sin restricciones de distancia e ir a trabajar si se respetan las limitaciones de aforo en puestos laborales.

Una de las preocupaciones entre los religiosos de Israel -sobre todo entre los sectores ultraortodoxos judíos- era que se les vetara rezar en las sinagogas por Rosh Hashaná y las dos festividades que le seguirán, Yom Kipur (Día del Perdón) y Sucot (los Tabernáculos).

Aún así, el rezo se permite con aforo limitado, separaciones entre fieles y normas higiénicas. En el interior de las sinagogas puede haber un máximo de entre 10 y 25 asistentes, con plásticos de separación y dos asientos vacíos entre cada fiel. En el exterior, el máximo es de 20 personas, sin pantallas de plástico y dejando un asiento vacío entre fieles.

El uso  del barbijo es indispensable y obligatorio en Israel.

Entre los productos más vendidos por Rosh Hashaná están las manzanas y la miel, que encarnan el deseo de tener un “dulce” año nuevo, pero se trata de un periodo amargo para muchos.

El turismo, que creció mucho estos años, quedó reducido a cero. Bares y restaurantes -que durante el cierre están clausurados y sólo pueden servir a domicilio- también recibieron un duro golpe, y la mayoría de pequeños negocios y empresas están en situación precaria. Ante ello, el Ejecutivo de Benjamín Netanyahu -deslegitimado por su gestión de la pandemia- intentará reducir la alta cifra de infecciones con este confinamiento para recuperar cierta normalidad. Israel registra unos 177 mil contagios y casi 1.200 fallecidos desde el inicio de la pandemia. El jueves superó de nuevo los 5.000 casos diarios.
 

 

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