Salvados de la extinción, los bisontes reinan en los Cárpatos

Diezmada por la caza y la deforestación, la especie rozó la extinción a principios del siglo XX. Apenas unos 60 ejemplares sobrevivían, todos en cautividad.
miércoles, 27 de octubre de 2021 · 05:00

AFP  /  Armenis, Rumania

Huellas de pezuñas en el barro, árboles con la corteza marcada: aunque no se dejan ver, los bisontes están allí. Estos enormes mamíferos que llegaron a desaparecer de los montes Cárpatos vuelven a los bosques de Rumania.

Bajo un suave sol otoñal, Matei Miculescu, un joven guarda forestal, se abre camino por los lindes de un camino forestal buscando indicios de la presencia de estos rumiantes, los mamíferos más grandes de Europa y que son clave en el ecosistema.

Diezmada por la caza, la deforestación y la expansión de la agricultura, la especie rozó la extinción a comienzos del siglo XX. Apenas unos 60 ejemplares sobrevivían, todos en cautividad.

Actualmente hay más de 6.000  en libertad en el continente, especialmente en la frontera entre Polonia y Bielorrusia, gracias a proyectos de reintroducción que comenzaron en los años 1950.

En Rumania, los primeros llegaron a Armenis en 2014, más de 200 años después de su desaparición en esta zona verde del sudoeste del país.

Bautizados Kiwi, Bilbo o Mildred, pesaban hasta una tonelada y nacieron en cautividad en Polonia, Alemania y Suecia.

Gracias a otras 16 introducciones y la reproducción de la especie, “alrededor de 105 bisontes viven hoy en libertad en los montes Tarcu y están bien aclimatados”, celebra Marina Druga, responsable del proyecto impulsado conjuntamente por WWF y Rewilding Europe.

Los animales  son reintroducidos en su hábitat.
Foto: AFP

Desarrollo silvestre

El programa está bien rodado. Estos enormes animales son reeducados para vivir en la naturaleza durante varias semanas antes de ser liberados.

Actualmente se mueven por un territorio de 8.000 hectáreas en una zona protegida de hasta 59.000 hectáreas, sin la intervención del hombre.

Varios de los adultos son progenitores de uno o dos pequeños: 38 bisontes en total han nacido desde 2014.

Bisontes  caminan por un sendero en el bosque.
Foto: AFP

En los Cárpatos meridionales de Rumania  las condiciones son ideales: “una región vasta con una escasa densidad humana y sin agricultura intensiva”, detalló Wanda Olech-Piasecka, de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Arquitectos y paisajistas

Pero para que esta población sea viable a largo plazo, los activistas de WWF quieren reintroducir ejemplares en otras zonas de los Cárpatos y formar una red.

Más allá de la protección de los bisontes, el proyecto de “resilvestración” (rewilding, en inglés) tiene un impacto beneficioso para la biodiversidad.

Unas 600 especies se ven favorecidas, desde microorganismos hasta grandes carnívoros.

“Los bisontes, que consumen 60 kilos de hierba por día cada uno, modifican el paisaje, cambian la arquitectura de los bosques y frenan el desarrollo de árboles invasivos, diseminan las semillas de cientos de plantas o crean senderos en los bosques que facilitan el acceso a los alimentos para animales pequeños”, explicó Druga.

Si están débiles o enfermos, pueden también ser presa de lobos o de osos, que no deben buscar su alimento cerca de las poblaciones, un fenómeno que ha aumentado en los últimos años en Rumania.

Algunas veces, las ventajas de su presencia son sorprendentes.

“Los pájaros recogen los pelos que pierden los bisontes para aislar sus nidos”, cuenta el guardabosque, mientras que “las ranas utilizan las huellas de sus pezuñas para saltar de un charco al otro”.

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