Brasil: startup borra fronteras y entrega paquetes en las favelas

Favela Xpress nació con el objetivo de abastecer “una demanda reprimida por el bloqueo de códigos postales que delimita el área por riesgo”, destaca su fundador.
viernes, 17 de diciembre de 2021 · 05:00

AFP  /  Sao Paulo

Con gritos a viva voz, golpes de palma o toques de campana, los repartidores de la pionera Favela Brasil Xpress entregan paquetes en Paraisópolis, una comunidad popular del sur de Sao Paulo que las compañías tradicionales rechazan servir por temor a la inseguridad.

Empleado  de Favela Xpress entrega un paquete en Paraisópolis.
Foto: AFP

Este barrio vulnerable de unos 100 mil habitantes, el segundo más poblado de la mayor metrópolis de América Latina, estaba vedado del mapa de los servicios de entrega hasta que el emprendimiento se propuso “romper los muros invisibles que separan a las comunidades del tejido urbano”, dice  Givanildo Pereira, el joven fundador de 21 años.

Favela Xpress comenzó en abril, aprovechando el mapa creado por una red de “presidentes de calle”, destinada durante la pandemia a monitorear la distribución de comida y otras donaciones a las familias.

Su objetivo: abastecer “una demanda reprimida por el bloqueo de códigos postales que delimita el área por riesgo” en el caso de otras empresas, destaca su fundador.

“Con las entregas llevamos dignidad a las personas que como miembros de la sociedad tienen derecho a recibir paquetes en su casa sin prejuicios”, sostiene.

Pereira, que vive desde niño en el barrio, incluyó en el proyecto a los propios habitantes con el fin de ofrecerles un empleo y a la vez contar con su conocimiento de la cultura y el entramado del barrio.

Expansión en Brasil

Favela Xpress busca “generar oportunidades de trabajo e ingresos a los desempleados”, señala Pereira.

Es el caso de Imael Silva Maia, de 28 años, que organiza envíos desde el centro de distribución adonde llegan los paquetes con electrodomésticos, juguetes... de otras empresas, ubicado en uno de los accesos del barrio.

“Soy tatuador y con la pandemia cayó mucho el trabajo. Aquí hago un poco de todo, separo paquetes y cuando hay envíos  también salgo a hacer entregas”, cuenta.

La apuesta da resultado: la empresa factura alrededor de 200 mil reales al mes (unos 36.000 dólares) con 1.800 entregas diarias en promedio y cuenta con unos 300 colaboradores, entre empleados directos y repartidores independientes.

También se expandió a otras seis comunidades, incluida Rocinha, la más populosa de Brasil con casi 26.000 domicilios en Rio de Janeiro, y grandes firmas del comercio minorista, como Lojas Americanas, Via Varejo y Dafiti, se asociaron a la iniciativa. 

Recientemente se convirtió además en la primera empresa creada en una comunidad brasileña en lanzarse a buscar inversores con un modelo de equity crowdfunding, o inversión participativa, para acelerar su crecimiento.

En concreto, se abrió a la participación del público dispuesto a desembolsar desde 10 reales (casi dos dólares), a cambio de un porcentaje de sus ingresos trimestrales. 

El potencial de negocios es grande entre los 13.000 asentamientos informales en Brasil, que mueven 168.000 millones de reales (unos $us 30.500 millones) al año.

Bolsa de valores

La apertura de Favela Xpress a inversores fue equiparada por sus promotores a una oferta inicial de acciones (IPO), como en una bolsa de valores.

Incluso la plataforma DIVIhub donde se aloja la oferta hizo antes del “estreno” un análisis del negocio y su viabilidad.

Pero la Comisión de Valores Mobiliarios (CVM) todavía debe finalizar el proceso “para desarrollar un mercado secundario público y organizado, una especie de bolsa de las favelas donde quienes compraron valores puedan venderlos”, explica Ricardo Wendel, director ejecutivo de DIVIhub.

Unos 18 proyectos en análisis podrían integrar ese mercado, detalla. Entre ellos G10 Bank, una institución financiera enfocada en el desarrollo de las comunidades.   

Aun lejos, Pereira se ilusiona con que la startup se transforme en el primer “unicornio” de la favela, título que reciben las firmas valoradas en  1.000 millones de dólares.

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